sábado, 24 de julio de 2010

Desnuda tu corazón

Lo que sigue a continuación es un pequeño texto que hice ya algún tiempo y que está basado en El caballero de la armadura oxidada, pero referido a encontrar lo que todo escritor en face de prueba necesita para hacer click y entrar en otro nivel. Como creo supondráis correctamente (qué hacéis que no lo habéis supuesto ya), me estoy refiriendo a la voz propia.
Siento que a veces casi nadie logra encontrar su voz propia porque estamos llenos de voces, llenos de estereotipos, llenos de estilos y llenos de cosas que no ayudan en nada a encontrarla. A veces ponemos una armadura de clave a nuestros corazón, porque quizás formamos una imagen mental de lo que queremos escribir, de cómo queremos que se vea, de quién lo leerá y con qué otro autor lo relacionará, y (por supuesto) siempre está metido el hecho de intentar asemejarnos a esa imagen que teníamos nosotros de nosotros mismos. Esto es poner una armadura y una traba enorme al yo escritor, con lo que el corazón, que es el primero que escribe y crea, se ve atosigado y dormido, hasta que después te das cuenta de que no has dejado salir todo lo que había dentro.
Hay tiempos y tiempos para todo en el camino de escribir, o al menos eso creo. Este año estoy siendo autodidacto, como me enseñó a decir un amigo mío, y es mucho más libre, suelto y desestructurado. Creo que era hora de, al carecer de guías o profesores, de comenzar a desmontar ese armatoste que se forma en ocasiones y que fuese el corazón quien dictara cómo debía escribir.
No me mal entiendan, todos los cuentos que he escrito, así como las pocas poesías y todo lo demás que he hecho, estaban y seguirán estando escritos con el corazón, pero siempre he sentido que la forma de escribir algunas cosas, la redacción y todo lo que decía estaba muy sacado de otros autores y de otras personas. Como que estaba muy influenciado por las cosas que leía. Es bueno estarlo, pero también es bueno tener una forma propia que te identifique y te dé un sello personal.
Creo que lo he logrado, porque desde que escribí esto luego escribo con mucha más naturalidad, sin tanto pensamiento y con más soltura y elegancia (sí, suena raro, pero es bastante cierto).
Sin más dilación, considerándose esta oración como más dilación, aquí va el texto.



-Desnuda tu corazón de una vez -oí decir a mi lado-. Ya es hora de dejar de lado la fría máscara que te has puesto sobre él -volví a oír-. Es momento de que te quites esa máscara fría e imperturbable, hecha de vaya a saber qué material duro y frío como la piedra, frágil como la arcilla, impermeable como el barro cocido. Es hora de que desnudes de una vez por todas ese corazón que te has empeñado en ocultar con tanto esmero de todas las miradas humanas. Es hora...
-Pero resulta difícil quitarse la máscara -repuse a la defensiva, buscando una última salida para evitar tener que sacarme el rostro.
-Es que no sólo debes quitarte una máscara -me respondió la voz que sentía a mi lado; pero la voz no estaba a mi lado, sino que venía de un lugar que no alcanzaba a identificar-. Tienes que quitarte todo un disfraz.
-¿Un disfraz? -exclamé.
-Sí, un disfraz de metal, un disfraz muy viejo que hace mucho tienes puesto.
-¿Para qué debería quitarme el disfraz y la máscara? ¿No tengo un buen aspecto con ellos puestos?
-Más apuesto es tu corazón, desnudo y libre de toda prisión, suelto, holgado, sin ninguna costura que lo oprima, lo apriete y lo sofoque. Tu corazón tiene mucho para decir, muchas cosas para contar, una infinidad de sorpresas por develarnos a ti y a nosotros.
-¿A mí?
-Por favor, déjame terminar cuando te hable, porque si no es muy confuso seguir el monólogo que hago para que entiendas. Tu corazón está tan oculto tras esa máscara fría e imperturbable, tan oprimido bajo ese disfraz, que lo sofocas demasiado y el corazón no puede hablar. En principio, el corazón habla siempre con uno mismo en los primeros tiempos, y luego el corazón comenzará a contarnos las cosas que tú quieras decirnos, porque tú y tu corazón comenzarán a ser amigos por fin. Tu verdadero rostro es el verdadero rostro de tu corazón; no lo ocultes, porque yo sé que tienes un corazón hermoso.
-¿Debo escuchar mi corazón? -pregunto asombrado.
-En efecto, debes escuchar muy atenta y diligentemente tu corazón, porque si no lo haces, no sabrás jamás quién eres ni qué quieres. Nunca podrás hablar con libertad sobre lo que quieras hablar, porque tu corazón no estará libre para decir lo que tenga que decir. Nunca encontrarás la forma de decir todo lo que quieres decir, porque tu corazón tiene que limitarse a las costuras que tú mismo has puesto sobre él.
-¿Qué quiere decir eso?
-Que tú y tu corazón están muy separados. La distancia que hay entre él y tú, físicamente hablando, es casi nula, pues el disfraz y la máscara no miden más de unos cuantos milímetros; pero la distancia, espiritualmente hablando, que hay entre él y tú es abismal, insondable. Hace tanto tiempo que no escuchas a tu corazón, que ya ni siquiera sabes qué voz tenía.
-No es posible -digo mientras me tomo las sienes en esa oscuridad que me envuelve-. ¡No recuerdo cuándo fue la última vez que lo escuché!
-No lo recuerdas porque eso fue hace mucho tiempo, hace más tiempo del que eres capaz de imaginar. Cien o doscientos años creo que han pasado. Te pusiste ese traje ridículo que no tiene ninguna utilidad, y te cubriste con ese rostro artificial y feo que no tiene ninguna expresión, y desde entonces no has escuchado a tu corazón, sino que has preferido escuchar a los que había a tu alrededor. Tu imagen, el disfraz y la máscara, la elegiste porque querías agradar a los que hay a tu alrededor, y por eso acallaste a tu corazón, sofocándole e impidiéndole ser él mismo, es decir, ser tú mismo.
-Pero... ¿podré sacarme todo esto que tengo encima?
-Sí, podrás, porque aún estás a tiempo de volver a escuchar tu corazón, y por eso me oyes.
-TE oigo porque has hablado -repliqué.
-Me oyes porque quieres oír. ¿Sabes acaso quién soy yo?
-La verdad es que me lo pregunto desde hace un buen rato -respondo, quedándome un minuto en silencio-, pero no lo he sabido adivinar.
-Yo soy quien jamás dejó de hablarte, o de intentar hablarte, sofocado por tu disfraz y tu máscara.
-¿Tú eres mi...?
-... yo soy tu corazón -corrobora la voz que estaba a mi lado.
-¿Y por qué puedo escucharte ahora?
-Porque has aprendido a hacer preguntas y no a dar respuestas.
-¿Cómo?
-Si tú no lo sabes, mucho menos lo sabré yo; lo cierto es que haces preguntas, y hacer preguntas es signo de querer escuchar, y si quieres escuchar, debes escucharme a mí. Tú ahora puedes escucharme porque has descubierto el valor de las preguntas, o porque era el momento de comenzar a escucharme. Nunca dejé de hablarte, de golpear a tu cerebro, de insistir día y noche para que me oyeras y me respondieras; pero tú has permanecido durante años indiferente a mi pequeña voz, acallada por este sucio y viejo disfraz. En cambio yo soy y seré siempre joven, porque lo de dentro nunca caduca, lo de dentro siempre permanece con un calor vital que va más allá de toda otra vida. El corazón, tu corazón, te está hablando, porque es necesario que dejes a un lado la imagen que has hecho de ti, y que ahora me comiences a escuchar como soy, como de verdad eres tú mismo.
-¿Todo esto es verdad?
-Todo es verdad. Yo siempre seré joven, y siempre te hablaré; por medio de mí conocerás el mundo y te conocerás también a ti. Tú y yo somos amigos, o lo fuimos en un tiempo que hace tiempo olvidé, porque tú lo olvidaste. Pero siempre se puede empezar de nuevo, siempre es momento de recomenzar el camino. Yo soy tu corazón, acallado durante mucho tiempo, pero ahora necesito que volvamos a ser uno. Tu verdadero rostro soy yo, y tu verdadera voz es mi voz. Ahora nosotros dos debemos ser uno solo para lograr unidad y equilibrio, y luego podremos comenzar con el pie derecho, podrás ser libre para hablar, porque sabrás qué has de decir. Ahora quítate esa máscara y ese disfraz. Deja caer los muros que has puesto entre tú y yo, y abrasémonos como dos viejos amigos que vuelven a encontrarse tras mucho tiempo de viaje.
Y así lo hice. Despojé me de toda prenda, de toda ropa y de toda máscara que cubriera mi rostro, y encontré mi corazón en lo más profundo de mi ser. Era cálido, delicado y muy hermoso, pero nunca había tenido tiempo de verlo, y nunca me había dado cuenta de que era mejor quedarme con esa belleza, una belleza propia y particular, que sucumbir a crearme una imagen de belleza artificial que el mundo consideraba necesaria. Pensé en ese momento que muchas otras gentes en el mundo habían hecho lo mismo que yo, y sufrí por ver en el mundo a tanta gente que había olvidado su corazón; lo peor de todo era, no obstante, que su corazón, como el mío, no se había perdido en la calle o en otro lugar, sino que se había extraviado en el fondo de ellos mismos, y que allí es mucho más difícil buscar, porque allí se entra haciendo silencio.
Hay muy poca gente que sepa hacer silencio para escucharse a sí mismas. La gente tiende a decir que se escucha a sí misma, pero en realidad escucha, como hacía yo, la voz de su mente, no la voz de su corazón. Sólo cuando se callan esas voces, sólo entonces comprendemos que nuestro corazón permanece en silencio, y allí entendemos que algo no anda bien. Toqué mi corazón con suavidad, temiendo dañarlo después de tanto tiempo sin haberlo visto, y un calor especial recorrió mi mano, mi brazo hasta llegar a mi pecho.
En un momento el corazón que antes había apreciado tanto y que había tocado por unos instantes había desaparecido. Tuve miedo de haber perdido, sin percatarme de ello, mi corazón otra vez. Desesperado elevé mi voz, pero esta me sonó extraña, distinta, con una musicalidad que antes no tenía.
-¿Dónde estás, corazón?
-En el lugar de donde nunca debía haber salido -me respondió, y la voz no estaba a mi lado, sino dentro de my pecho, en el lugar de mi corazón-. En donde siempre debí haber permanecido, allí estoy ahora.
-Y ahora yo entiendo con el corazón más cosas, y entre ellas, entiendo que hasta ahora no entendía absolutamente nada.
-Ya has comenzado a entender -me dijo mi corazón con gozo y alegría.
-Y me gusta la voz que tengo contigo, ahora me suena más completa y hermosa.
-A mí también me gusta.
Miré los despojos de mi falso rostro y de mi disfraz en el suelo, tirados, enrollados y desechos de cualquier forma. Sufrí al percatarme de que durante años habías llevado yo esos harapos encima.
-No sufras -me dijo mi corazón desde dentro, con una voz tranquila y suave-, porque ahora no vale la pena llorar por lo que no fue; hoy es momento de reír como hace mucho que no ríes. -Mi risa brotó desde dentro, desde mi verdadero corazón, como hacía un centenar de años que no lo hacía-. ¿Lo ves? Ahora ríes con sinceridad y alegría, cuando antes sólo podías reír de cosas sin sentido. Sé que estás triste por haber llevado esos harapos, pero piensa que no es hora de entristecerse, sino de celebrar que ya no los llevas más en tu corazón, que ahora has hallado tu voz, que ahora tu corazón está en el lugar en donde debe estar.

Fin.


Si a alguien le ha servido para volver al inicio de todo, entonces me sentiré contento por haber hecho algo que ayude también a otras personas. Y sí, se puede decir que tomo la idea de El caballero de la armadura oxidada, así que es una especie de interpretación personal del concepto de armadura, referido a la armadura que a veces nos ponemos los escritores en face de prueba.

¡Elen síla lumenn omentielmpo!

jueves, 22 de julio de 2010

El día en que se publicaron tres entradas en el salón del estudio: Reflexines sobre los exámenes




  1. El estudio pormenorizado de la Historia revela una sola cosa: El ser humano es una de las criaturas más tontas que han pisado la faz de la tierra.
  2. Rindiendo Música te das cuenta de que los profesores no tienen en claro el concepto de "incertidumbre".
  3. En la Música no hay ninguna certeza; nadie puede saber de dónde exactamente viene el término "barroco", porque tiene distintos orígenes. Que nadie venga a decirme que ha descubierto cuál es el verdadero y no traiga ninguna prueba de ello que sea más consistente que "es la que más me gusta a mí".
  4. Hombre, le he enseñado a esta amiga voluntaria que me graba los apuntes a leer una partitura, le he explicado todos los signos musicales y ahora es capaz de leerme hasta las armaduras de clave (que no salían en la carpeta de esta alumna). ¿Por qué diantres tengo que rendir esto si ya me lo sé?
  5. En Química. "A ver... ¿Por qué creés vos que machacamos tanto con reactivo limitante y en exceso y el rendimiento teórico y rendimiento real?". "Hombre, ¿qué pregunta es esta? ¡Esto no estaba en el manual!". "Porque si trabajo en un laboratorio necesito tener en cuenta el costo económico de los reactivos para limitarme a usar lo necesario y no desperdiciar cosas muy difíciles de obtener?".
  6. Con relación a lo anterior: He descubierto que el dinero no sólo mueve la Historia, sino que también mueve la Química.


Ahora una serie de diálogos con respecto a la preparación de los exámenes...

Mi profesor de Química y yo en revisión de tabla periódica...

... —¿recordás cómo se denominan los lantánidos y actínidos en la tabla periódica?
—Sí, tierras ráridas.


En Lengua y Literatura...

—... entonces tenemos dos tipos de construcciones: las endocéntricas y las exocéntricas. Las exorreicas...
—... ¿profesora, en qué momento pasamos a Geografía física?


En Matemáticas...

—... ahora bien, suponiendo que he logrado sacar de dónde viene el 1/4 agregada a la función polinómica para obtener la canónica, y si tenés fé en lo que yo te diga...
—... profesora —repongo en un tono de voz cansado que en la grabación suena muy bien—, yo tengo fé en usted, como Palito Ortega, yo creo en el amor...


En Historia...

—Cielos, ¡tengo que estudiar diez casetes de Historia! A ver, qué hay por aquí... Hum... ya empezamos mal, mi querida S... Mirá que no grabarme el programa al principio. Bueno, me lo grabó al final. —Escucho los diez casetes de Historia—. Ala turca, que este año se viene duro el repasadón final... A ver qué dice el programa.

Conclusión: S... me grabó todo el libro, y lo que pedía el programa eran menos de noventa páginas de un libro que tenía trescientas sesenta. Conclusión nº 2: He ampliado mi conocimiento y ya sé para otra vuelta.

En Química, mientras estudiamos molaridad y unidades de concentración químicas...

—... decimos que la molaridad es la relación entre un mol de un compuesto sobre mil mililitros de solución. La molalidad, a diferencia de todas las demás relaciones físicas y químicas, se caracteriza por relacionar cantidad de soluto con cantidad de solvente... Entonces siempre vamos a escribir 0,5M, que se dice "molar", que no viene de muela. Moralidad...
—... y ética es lo que les falta a los políticos...


Entre S... y yo tratando de enseñarle a S... lo suficiente como para que me leyera las partituras que había en la carpeta prestada...

—No puede ser —digo rendido.
—¿Qué pasa, Nico?
—Que por lo que vos me estás diciendo, es imposible que esta chica le haya errado en todas las equivalencias con las figuras rítmicas.
—¿Por qué?
—Porque es lo mismo que decir que esta chica se convirtió en Escolta Nacional de la Bandera sin saber sumar.
Nos sumimos en un profundo silencio para pensar claramente todo. Se me ocurre una idea brillante y miro (por favor, hay que entender ese "miro" en sentido figurado, pero en sí, dirijo mi rostro hacia donde sé que se encuentra la voluntaria), y pregunto.
—Por casualidad... ¿no hay un puntito a la derecha de las figuras rítmicas que me estás leyendo?
—Sí, pero no te lo decía porque creía que era un punto y ya.


A esto siguieron unos cinco minutos de risa histérica por parte de ambos. Luego S... añadió.

—Pará, hay algo que no entiendo: ¿Si vos me estás enseñando a mí esto, por qué tenés que rendir Música?
—¡Hey!... Es cierto. Si yo te enseño esto, por qué tengo que rendir Música?


En Matemática, racionalizando...
—... resolviendo la diferencia de cuadrados nos quedaría 42 - Raís de dos a la dos. ¿Cuánto dá cuatro al cuadrado?
—Ocho...
—Bien, el índice y el exponente de la raíz se suprimen y queda un dos solito... Ocho menos dos es igual a seis, que queda como denomina... ¿Cuatro elevado al cuadrado es ocho?
—Error de cálculo.


En Química...

—¿Qué tal el fin de semana, Nicolás?
—Como el Óxido fosfórico al que se le han añadido tres moléculas de agua. ¿Y el suyo, profesora?
—Igual, pero como nombrar a una cadena saturada de hidrocarbonos acíclicos.


Eso es demostración de ser sutiles a la hora de decir malas palabras para referirse a los fin de semana de perro.

En Química, estudiando reactivo limitante y en exceso...

—Para lograr entender con un ejemplo más cotidiana (y más acorde a esta hora de la mañana) los reactivos limitantes y en exceso, supongamos que tenemos seis fetas de jamón y diez revanadas de pan para hacer sandwiches. Para cada sandwich necesitamos una feta de jamón y dos revanadas de pan. ¿Cuál es el reactivo en exceso?
—La feta de jamón que me como yo cuando nadie me mira, obvviamente.

Esa misma noche, en mi casa, a las tres de la madrugada, me despierto con un hambre atroz y recuerdo el jamón...

—¿Mamá, tenemos jamón?


Estas son las reflexiones, diálogos y conclusiones de este periodo educativo de mi vida que va desde marzo hasta esta mañana, así que si hay alguna laguna... bueno, si hay alguna laguna conformaros con lo que tenéis, que hay material de sobra para reírse aquí un buen rato. ¡Qué hacéis que no os estáis riendo a carcajadas! Voy a tener que contratar a ciertos matones de cierta escritora de este blog para que comience a presionar para que se rían de mis chistes y situaciones cómicas. ¡Quiero escuchar mil carcajadas!

Vamos, la mía es una forma muy particular de estudiar, y me quieren hacer cambiar tanta diversión alegría y risas por ir a una clase fría, con una docente malhumorada y un grado más dispuesto a la joda insana que al aprendizaje formal y didáctico. Vale, como que lo del Ácido ortofosfórico no es demasiado formal, pero sí es sutil.

Como cierto apéndice, añado que este vídeo, este y este me ayudaron a estudiar Lengua (los dos primeros) e Historia (el último).
Es que es increíble, es verdaderamente increíble lo que se puede tomar para reír y lo pedagógico que a veces puede llegar a resultar.

Así, damas y caballeros, damos por cerrado por completo el ciclo de seis primeras materias de quinto año. Soy Sir Nícolas Vásquez de Aragón, desde ARgentina para El salón del Estudio. Muchas gracias.

P.S. Hombre, el último párrafo es una verdadera ida de olla.

El día en que se publicaron tres entradas en el salón del estudio: Tras el retorno más pequeño de la historia...



... me voy de vacaciones. ¡Tengo ganas de gastar bromas!

En realidad hay parte de verdad en lo que digo anteriormente. Después de un intenso periodo de trabajo y estudio, de las tres semanas más desgastantes de mi vida y de los cuatro días más pesadillescos, lo único que quiero hacer es descansar. Como es lógico, preparar entradas formales en el salón requiere tiempo, esfuerzo y concentración. Recopilación de datos, búsqueda de material, puesta a prueba de los ejercicios, pensar y seguir pensando. Ahora mismo mi cerebro me está pidiendo a gritos descansar y relajarme.

El problema es que si me relajo demasiado, luego me resulta complicado volver a arrancar, con lo que considero más prudente no desconectarme por completo del mundo entero, sino comenzar a darle al cerebro material para que trabaje, pero como si fuera un motorcito ronroneando, sin acelerarse. Como ya mencionaba en la primera entrada que escribí, quiero leer y escribir estos días, entre otras cosas.

Tengo nuevas ideas que quiero poner en práctica en el salón del estudio. Tengo unas cosas pendientes por publicar. Tengo la intención de hacer una ampliación. También la de cambiar el rostro del salón del estudio. TEngo ganas de poder sentarme un rato al teclado y escribir sobre cualquier tema: algo que me mantenga ofcupado y requiera cierto pensamiento, pero que no sature por completo ni que desgaste demasiado.

Necesito reponer fuerzas, damas y caballeros. Allá los del hemisferio norte, además, estáis en plenas vacaciones de verano, de seguro padecéis el calor y no dan ganas de sentarse a pensar demasiado. Es por eso que, por segunda vez en el salón del estudio, se abre oficialmente un periodo de vacaciones que duraría tres o cuatro semanas como mucho. A finales de agosto, si mis fcálculos son correctos, deberíamos retornar a las actividades principales del salón, volviendo a las secciones regulares y que requieren mayor grado de preparación.

Iniciamos una etapa Stan by en la que nos dedicamos a reír, a razonar y a divertirnos con cosas sencillas y que nos ayuden a mantenernos despiertos, pero descansando. Desde ahora en más, y salvo que surja un suceso extraordinario que requiera lo contrario (léase caso en la sociedad del misterio, problema de matemáticas verdaderamente interesante), se comenzarán a publicar entradas más centradas en dispersión que en concentración. Quizás traigamos materia reflexiva o datos de interés que nos ayuden a salir del sopor, pero creo que habrá un auge de Escritura aficionado.

Por el momento, baste decir que estamos de vacaciones. Sobre la marcha iremos improvisando, como las mejores vacaciones. Nunca me ha gustado planificar mucho una salida, siempre es mejor estar dispuesto a conocer lo que las vacaciones quieran presentarte.

¡Felices vacaciones, amigos del salón del estudio!


¡Elen síla lumenn omentielmpo!


P.S. ¿Ahora entendéis porqué era necesario hacer dos entradas distintas? Una anuncia el retorno, y otra... anuncia una especie de partida a medias.
P.P.S. Y dí, estamos vestidos de fiesta para celebrar las vacaciones, así que adelante... ¡El salón del estudio tirará el salón por las ventanas!

El día en que se publicaron tres entradas en el salón: El retorno



Damas, caballeros...
... para los que nunca dejaron de esperar con ansiedad la vuelta de la actividad a la salita del saber, o para los que, como Fantasmas y los más allegados, sabían que estaba de exámenes y por eso la actividad por aquí había mermado, os doy la bienvenida. Bueno, en realidad vosotros sois quienes debéis darme la bienvenida a mí, así que no sé qué hacéis que seguís ahí como si yo fuese un fantasma... Ah, claro, es que tenía activado el modo invisible. Vamos, ahora sí, no tenéis excusa, ¿en dónde está mi fiesta de bienvenida?

Hoy mismo, damas y caballeros, he concluido el periodo de exámenes de este cuatrimestre. Quienes me conozcan bien o quienes lean con atención mis comentarios aquí y en otros lares, sabrán que rindo libre todas las materias, así que he rendido seis materias completitas y ahora me quedan nueve por hacer entre diciembre y febrero del año entrante. Pero no quiero centrarme en el futuro, sino que quiero hablar del presente.

En todas las asignaturas me ha ido bastante bien, así que se puede decir que por ese lado estos meses de estudio (y las tres semanas más agotadoras de mi vida) han rendido sus frutos. Además, he aprendido una gran cantidad de cosas nuevas, sé más de lo que sabía antes, pero sólo ahora comienzo a reconocer lo poco que sé, y eso es uno de los primeros pasos para comenzar a saber que el ser humano no sabe absolutamente nada. Como podráis apreciar en la frase anterior, estoy más chalado que cuando me fui, así que podemos decir que el periodo de exámenes nos ha dejado algo aún mejor: ¡estoy para el psiquiátrico!

A diferencia de lo que hice en febrero pasado, cuando terminé cuarto año, no me siento suficientemente inspirado como para hacer un discurso de los míos con respecto a la finalización de un periodo de crisis personal tan desgastante como estos... Mi amigo Fantasmas, quien según he leído en unos comentarios de por ahí se ha ido a vacacionar y tuvo la suerte de terminar los exámenes hace casi un mes, podrá corroborar lo que les digo. Vamos, todo el que haya atravesado por los exámenes podrá corroborarlo.

Ahora mismo me siento como Bilbo. Si retrocedemos a ese magnnífico primer capítulo de El Señor de los Anillos en el que Bilbo se remonta a cincuenta años atrás, recordaremos que en un punto de su discurso dice: "En ese tiempo sólo pude decir 'mucha gracia', pues estaba muy acatarrado. Ahora os digo más correctamente"... Y bueno, la cita continúa, pero quiero hacer centro en esto último. Como Bilbo en ese regreso triunfal de su viaje por todo Eriador de la Tierra Media, yo me siento demasiado cansado como para hacer un gran discurso en el que ponga en la mesa todas las cosas que debería poner. En realidad es que siento que no hay nada que decir por el momento. Esas cosas (el saber qué hay que decir y cuándo hay que decirlas) son espontáneas, nacen de la nada y si buscan ser inducidas, entonces son falsas y terminan por vaciarse de todo lo que podrían traer.

Sí diré un par de cosas.

No hay mejor cosa que descansar sanamente tras haber hecho un gran esfuerzo en el trabajo. Ese descanso, el que otorga el saber que las cosas se han concretado como debían concretarse, y los cierres se han cerrado como debían cerrarse, es el mejor de los descansos y reposos. Por supuesto, aparte de ese alivio de haber hecho todo bien, desearía echarme en la cama un rato.

El firefox se ha ensañado conmigo, damas y caballeros. Al parecer cuando lo abro...
... hem... vale, el problema es que ni siquiera sé qué es lo que ocurre cuando lo abro, ¿entendéis la dificultad de exponeros mi problema? Sí, sé que se está tildando, pero no sé porqué se tilda. Probaré a pasarle el antivirus y a corregir todos los errores de registro que encuentre en el camino, a ver qué ocurre.
Por el momento, sabed que estoy escribiendo desde el IE, que puedo hacer entradas y he encontrado un método para comentar en las mismas. Me pondré a trabajar ahora mismo.

Mi cerebro es una cosa tonta. Cuando estoy ocupado con cosas realmente importante me vienen ideas geniales a la cabeza (estas ideas están escritas, como es lógico, pero a mí me gusta desarrollarlas en caliente), así que ahora quiero tirarme mis tres semanitas de vacaciones escribiendo y poniendo al día un montón de cosas. Tengo ideas para un par de composiciones nuevas (ya estoy pensando en un primer concierto para piano y orquesta). Tengo un par de aventuras de Adan Evans y unos cuentos en homenaje a Borges. Tengo proyectos inconclusos y promesas sin terminar que debo adelantar lo máximo posible. Tengo un par de ideas para unas novelas, aunque dudo mucho el poder realizarlas correctamente. Esperemos a ver qué ocurre también en estos ámbitos.

Fuera de eso, no hay muchas actividades pendientes por hacer en lo que me queda de vacaciones. Por cierto, ¿os habéis percatado de que estoy desfazado? Las vacaciones de julio (recesos de invierno en el hemisferio sur) las tomo en agosto, y las vacaciones de enero y febrero las hago entre febrero y marzo. Eso sí, desearía una vez tener todo normal, a ver si puedo establecer contacto con algún terrícola.

El futuro del salón del estudio... me temo que...
... ¡a que os habéis espantado! El futuro inmediato del salón, como creo conveniente, será tratado en una entrada publicada a la par que esta, pero al ser algo referido al salón exclusivamente la pongo en otra entrada para dejar bien claras las cosas. Después del retorno creo que vendrá una época bastante tranquilita por aquí, pero tendremos, espero, un auge de publicación.

Para cerrar esta entrada (que tenía como principal objetivo hablar del retorno y tocar algunos puntos por encima) creo conveniente añadir una reflexión general. Amo la libertad. Amo el alivio. Amo vivir en paz. Es que la libertad no se compara con nada, es algo indescriptible y magnífico. Ahora entiendo a todos los pueblos oprimidos que han luchado siempre por la independencia y la libertad.
Tabmién podría decir que amo las sábanas y dormir en una camita, pero eso no quedaría muy poético, ¿no?

Como hace mucho que no nos vemos, y como han ocurrido muchas cosas desde entonces, aprovecho para:
a- Felicitar el Día de la Independencia de mi querido país. Resumiré en una sola frase lo que podría hacer en una entrada sobre lo que hizo Cristina Kirchner: Es una vergüenza que la Presidente de la Nación Argentina no haya ido al Te Deum del nueve de julio.
b- ¡Me puse muy contento cuando Argentina perdió ante Alemania! Vamos, ni me molesté en ver el partido, pero cuando me enteré, comencé a hacer sonar el himno de la UE y el de Alemania. Me sentí tan feliz cuando comprendí que el mundo por aquí volvería a la normalidad. Vamos, sí, soy argentino, pero en primer lugar, a mí me trae al fresco lo que hagan once personas y una pelota de cuero (y no me importa en lo más mínimo que lleven o no los colores de la Bandera), y en segundo lugar... ¿por qué diantres habría de sentirme identificado con los once antes mencionados? Además confieso que me parece una vergüenza que se reconozca a Diego Maradona como argentino y que este país busque ser reconocido por él, teniendo a figuras de la talla de Favaloro, Borges, Cortázar, Lubones, Daniel Barenboint, Marta Argerovich, García Ferré, entre muchos otros que me dejo en el tintero. Lo dicho, es una vergüenza.
c- ¡Felicitaciones por haber ganado la Copa del Mundo, España! A pesar de que no me guste el fútnol, de que pase de él con mucho gusto y de que no entienda una j, me encanta España (vamos, que mi sangre es andaluza y siempre tendré una imagen preciosa de la lejana madre patria). Se podría decir que quería que ganara España antes que Argentina, así que se puede considerar que soy un caso singular del patriotismo XD

En la entrada siguiente hablaremos del destino próximo del salón del estudio.

¡Elen síla lumenn omentielmpo!

¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!


P.S. Eso sí, tengo que ver la forma de encontrar las temporadas que me faltan por ver de Lost, así que sí se añade una cosa más en estas vacaciones.

jueves, 24 de junio de 2010

Soledad




Sólo se sintió solo, y sin embargo, había entrado a un ascensor repleto.


Sir Nícolas Vásquez de Aragón.

Libertad




Nunca fue tan libre como cuando cerraron la puerta de la celda.


Sir Nícolas Vásquez de Aragón.

lunes, 21 de junio de 2010

Ipocrecía política III: Manuel, morí un día más tarde para que nos quede bien el fin de semana largo

(lo han hecho, se han choreado la h y encima le han dicho al pobre Belgrano que muera un día más tarde)




Hubo una razón particular para que yo no quisiera hablar de política en este blog; la susodicha razón se resume en que, una vez iniciado en el noble arte de la crítica política, no iba a poder dejar de escribir sobre esto. En sí, resulta de utilidad en ciertas ocasiones. Vamos a lo que nos compete, porque tengo deberes pendientes y un pilón de apuntes por estudiar.

Ayer fue veinte de junio. Ayer fue el día del padre por estos lares. Ayer también fue el aniversario de Los cuentos del hada Jengibre. Pero ayer, como día especial para el país donde "había" minas de plata, fue el día de la Bandera, homenaje al fallecimiento de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús. ¿Por qué escribí el nombre completo? En principio, porque me gusta el nombre; en segundo lugar, porque es uno de los próceres más grandes, renombrados y extraordinarios de toda la historia argentina.

Manuel Belgrano nació el tres de junio de 1770 en la provincia de Buenos Aires, en el Virreinato del Río de la Plata. Hijo de una santiagueña y de un italiano. Estudió en Francia Derecho e intervino firmemente en la lucha por la independencia de el país argentino. Escribió muchos puntos que servirían como base a la declaración de independencia del Paraguay, y otros puntos que Juan Bautista Alberti usaría para la redacción de la Constitución Nacional Argentina en el 1853. Bocal de la Primera Junta, instituida tras el derrocamiento del Virrey Cisneros. Militar, a pesar de no tener ningún conocimiento sobre el ejército; comandó el Ejército del Norte, intervino en el Éxodo de Jujuy, lideró las Batallas de Tucumán y Salta, comandó las Campañas al Alto Perú, y entregó el Ejército del Norte en manos de José de San Martín. Hoy en los colegios se lo recuerda sólo como el creador de la Bandera Nacional, cuando en realidad fue uno de los que entregó su vida, su tiempo y su fuerza en la lucha para la independencia del pueblo. Sus estudios estuvieron marcados, en Europa, por la tendencia liberal e iluminista que se vivía en Francia hacia el 1789. Fervoroso creyente de la Iglesia Católica, obteniendo un permiso especial del Sumo Pontífice para poder acceder a textos prohibidos por la Santa Cede. Durante toda su vida, hasta el momento de su muerte, sostuvo en alto una bandera de libertad y justicia, de paz y de amor, de orden y de honor, de fe y esperanzan en Dios.

Murió solo, abandonado a las garras de la hidroprecía. En la extrema pobreza, en la absoluta soledad, en el olvido y en un profundo clima de agitación pollítica, a los cincuenta años, en la ciudad de Buenos Aires, moría Manuel Belgrano el veinte de junio de 1820. Cuando murió él, y esto lo agrega un servidor, murió en el país naciente una de las mentes más lúcidas y claras de la revolución de mayo, de la independencia argentina. Cuando murió, sólo un periódico se hizo eco de tan trágica muerte. Al morir, pobre como moría, pagó con su reloj de oro al médico que estuvo a su lado hasta la muerte. Cuando el médico negó recibir la paga, Belgrano tomó su mano con las pocas fuerzas de la que era capaz y le puso el reloj en ella. Ese reloj fue robado por alguien que no tenía nada mejor que hacer hace tres años. Hoy nadie recuerda ya el robo. Hoy nadie ya recuerda a Belgrano como un hombre de carne y hueso, sólo como un retrato en los libros de Historia. Porque Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús fue un hombre de carne y hueso que tuvo que hacer frente a la corrupción, a la hipocrecía, a la opresión y a un país que pugnaba por ser libre. Morenista hasta la muerte, apoyó incondicionalmente, junto con su primo, Juan José Castelli, a Mariano Moreno, y los tres fueron puntos referenciales para la independencia del país. Los tres murieron. Solos, abandonados, olvidados. Dos de ellos silenciados. Silenciados por una maldita sombra del ser humano, una maldita sombra que cubre los corazones de aquellos que querían evitar la libertad del pueblo. Aquellos que, por dinero, ambición, poder o avaricia, entregaron sus corazones a la pérfida tarea de extinguir las luces que iluminaban el camino hacia la libertad.

Fueron héroes, damas y caballeros, pero no lo fueron por haber estado en batallas, sino por hacer de sus vidas una eterna lucha entre la libertad y la esclavitud, entre lo correcto y lo corrupto, entre lo honesto y lo turbio. Fueron héroes no por haber luchado con armas y fuciles, sino por haber arriesgado sus vidas —y haber perdido sus vidas— por no quedarse callados ante las injusticias y gritar "¡queremos libertad!". Ellos son los verdaderos argentinos que dieron ejemplo con su vida. Ellos tuvieron el coraje para plantarse y gritar ante la injusticia, aún sabiendo que sus vidas peligraban grandemente. Belgrano fue un héroe. No sabía agarrar una escopeta y tenía el conocimiento militar de lo que yo conozco de fútbol, pero él era, es y será siempre un argentino como la gente. Él, ellos, son los verdaderos héroes, lo hacedores de la patria, los luchadores por un sueño que no se ha hecho realidad. Ellos son el ejemplo de el "no". "no" a la injusticia. "No" al soborno. "No" a la ganancia fácil. "No" a la corrupción. "No" a las manipulaciones oscuras. Ellos son el ejemplo del "sí". "Sí" a lo claro y transparente. "Sí" al respeto y al orden. "Sí" a la solidaridad y a la prudencia. "Sí" al bienestar social y a la ayuda mutua. "Sí" a una sociedad libre de toda cadena o atadura. Ellos, no Cristina Kichner, no Menem, no de la Rúa, no Duahlde, no Videla, no Isabel de Perón, no otros son los verdaderos argentinos.

Centrémosnos.

Ciento noventa años después de la muerte de uno de los pocos argentinos de la historia, ciento noventa años después de la muerte de una luz en el camino de la independencia, de una persona sublime y que debe ser recordada, un hombre de verdad argentino, viene una ramera de poca monta con el título de presidente de la nación (lo siento, pero no me veo en facultades de ponerlo con mayúscula). Esta ramera de poca monta se pone a pensar en el año del bicentenario: "A ver... el veinte de junio me cae domingo... se me corta el chorro para generar turismo... plata... ¡¡¡plata.... plata.... plata!!!... no... no... ¡perder plata es un pecado! ... ... ¡plata... no toquen mi plata... la plata del pueblo... de "mi" Estado... de "mi" pueblo... """MI""" plaaaataaaa! No, lo cambiemos al lunes veintiuno, así todos contentos y hay fin de semana largo... turismo... plata... ropa... cirujías estéticas... zapatos.... Pará. ¿Qué vas a hacer si te preguntan porqué lo hacés así? Simple, mando una excusa del estilo: 'En los días de la patria es mejor que los trabajadores argentinos, que luchan todo el año por una patria mejor, descansen en sus casas'. ¡Soy una genio!".

He ahí el razonamiento de nuestra querida Cristina Kichner. Sí, la insulto, pero lo cierto es que no puedo tenerle ningún respeto a una persona así. Sí puedo sentir lástima por una persona con un corazón tan muerto, pero no me voy a amilanar porque ella tenga un título y yo sólo sea un joven. La presidente, amigos del salón (por cierto, ya estoy pensando en hacer un salón literario al estilo de Generación del 37 para hacer rebeliones a través de cuentos y esas cosas), está intentando encubrir un motivo meramente económico usando como pantalla el descanso y el bienestar.


  1. Manuel Belgrano murió el veinte de junio. No me jodan. Si el veinte de junio murió Belgrano, hay que recordarlo el veinte de junio. Si el veinte de junio cae domingo... Bueno, no sé si hay que mover el descanso. El domingo, por sí mismo, es un día para descansar.
  2. Se establece por constitución que los feriados no son móviles. Veinticinco de mayo, veinte de junio y diecisiete de agosto, al menos, no deben moverse de lugar. Claro, la presidente siempre puede decretar que el veinticuatro de mayo sea feriado, total... decreto va... decreto viene...
  3. Es una actitud chiquilina intentar sostener esta farza pretendiendo el descanso de los trabajadores. Los trabajadores de la Municipalidad de Córdoba, de Salta, de Buenos Aires y de todas las provincias en general (la Municipalidad es como le decimos aquí al Ayuntamiento) se pasan media mañana tomando café, mate, pan criollo y sopa en sobrecitos. Por el mediodía tienen el almuerzo. A la tarde trabajan dos horas y a otra cosa mariposa. Sí, porque los trabajadores hacen taaaanto trabajo.
  4. El círculo cierra cuando sabemos que Kichner tiene un hotel de súper-mega-dúper-ultra-pluscuan-lujoso en el sur que le da dividendos millonarios al año. Cristina, dejá de joder y abrí el juego, porque en serio, queda muy mal que la careta se te desmonte de ese modo.


Y así estamos. Manuel Belgrano dió absolutamente todo por la libertad, y en su lecho de muerte, sumido en la extrema pobreza, no tuvo reparo en darle un reloj de oro, su única y última poseción, a su médico. El reloj fue robado hace tres años. Cristina Kichner no entiende la noción de pobreza total. Cristina Kichner no tiene autoridad para hablar de los pobres y de su defensa si se cambia de zapatos cada seis minutos y cada vez que va a la Casa de Tucumán hace poner una alfombra de pétalos importados de nosédónde. Belgrano murió por sus ideales y entregó su vida por la libertad de su pueblo; esta mujer es capaz de tomarse el primer vuelo a cualquier parte del mundo (del universo también entra) si el país comienza a desmoronarse. De hecho, esta mujer sólo moriría por defender un zapato.

Belgrano murió un veinte de junio y dejó todos sus asuntos limpios —he aquí el testamento de Belgrano para que vean a qué me refiero— y esta mujer no sabe lo que es la transparencia de una transacción porque el poder la ha enceguecido, como a todo el mundo.

Belgrano murió un veinte de junio y fue el creador de la Bandera Argentina. Belgrano murió ayer, hace ciento noventa años, no hoy. Pero ayer Cristina Kichner viajó al pasado y le dijo: "Morí un día más tarde, por conveniencia, ¿vbiste?".

Es una falta de respeto, señoras y señores. Una falta a la memoria de un hombre (y qué hombre) y de su muerte (y qué muerte).

Descanse en paz, señor, o intente hacerlo, porque su sueño no ha muerto, porque "podrán matar al hombre, pero los ideales no morirán".

Y aquí debería poner un vídeo, pero todas las voces que cantan la Aurora me suenan falsas, sin emoción verdadera, sin fervor ni respeto. Así que pongo la letra, que sí expresa el honor a la Bandera y a su creador.


Alta se eleva
un águila guerrera.
Audaz se eleva
en vuelo triunfal.

Azul un ala,
del color del cielo;
azul un ala,
del color del mar.

Así en la alta aurora iradeal,
punta de flecha, el áureo rostro imita.
Y forma estela, al purpurado cuello.
El ala es paño, el águila es bandera.

Es la Bandera, de la patria mía;
del sol nacida, que me ha dado Dios.
Es la Bandera, de la patria mía;
del sol nacida, que me ha dado Dios.
Es la Bandera, de la patria mía;
del Sol nacida, que me ha dado Dios.