martes, 18 de octubre de 2011

¿Freddie Mercury reencarnado?


Nunca he ocultado mi pasión por el grupo Queen, ni por Freddie Mercury. Los que me conocen saben que ellos son los compositores principales de la banda sonora de mi vida. Los momentos importantes de mi vida suenan con la mágica y maravillosa voz de Freddie. Una voz tan peculiar y personal que, aunque desde su fallecimiento en 1991 los restantes miembros del grupo han buscado un nuevo vocalista, la verdad es que nadie se le acercaba si quiera. Aunque el grupo hizo una gira con Paul Rodgers, no era lo mismo.
Pero esta mañana, cuando ponía al día mi página de facebook he visto un video que había subido uno de mis amigos. Era una versión de la canción Bohemian Rhapsody, interpretada por un chico canadiense llamado Marc Martel. Mi amigo decía que este chico había conseguido lo que parecía imposible. Yo, que suelo ser muy escéptica en todo lo que a Freddie se refiere, he pinchado el enlace, más que nada por el amigo que me lo recomendaba, y... ¡¡¡me he llevado la mayor de las sorpresas!!!
Pero mejor que lo juzguéis vosotros mismos. El primer video es el de Marc y el segundo es la canción original. Os aconsejo cerrar los ojos...




El chico ya se ha convertido en la sensación en la red de redes. Muchos lo consideran un imitador más, otros un digno sucesor e incluso hay quien piensa que es Freddie recidivo por su parecido físico además del de su voz.
La cuestión es si los miembros vivos de la banda lo "ficharán" para una gira. En mi modesta opinión creo que deberían contratarlo (aunque el chico tiene su propia banda, Downhere). Sería un éxito, sería lo más parecido a volver a escuchar a Freddie.

¿que os parece a vosotros? ¿supera la prueba?

domingo, 16 de octubre de 2011

Bon Jovi



Hoy me he levantado con ganas de buena música. Y he pensado que a este salón le hacía falta un poco de rock. Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que yo estuve en el concierto que Bon Jovi dio en el estadio Olímpico, en Barcelona, el 27 de julio, he decidido hacerlos protagonistas de esta entrada.

Bon Jovi se formó en 1983 en New Jersey por John Bon Jovi, Ritchie Sambora, Tico Torres y David Bryan. Aunque su lanzamiento defintivo fue en 1986 con el álbum Slippery when wet que incluía canciones como Livin'on a prayer, Bad medecine o You give love a bad name. Fue en ese año cuando yo los descubrí. Tenía 19 añitos y John Bon Jovi me parecía el tío más guapo de la tierra. Ahora tengo algunos años más, pero que queréis que os diga, él sigue siendo uno de los músicos más atractivos, el pelo mucho más corto que antaño (una leyenda urbana afirma que se lo quemó en una barbacoa de Bruce Springsteen y que por eso se corto su fabulosa melena rubia), pero sigue siendo muy atractivo. 
Y que decir del concierto. ¡¡¡Fue alucinante!!! Casi tres horas de buen rock, un repaso a sus canciones más emblemáticas, un show alucinante y un público entregado. 
Pero como lo importante es su música, os dejo con mi canción favorita. It's my life. Porque sólo tenemos una vida y tenemos que aprovecharla al máximo, porque nadie tiene derecho a vivirla por ti. Y por supuesto, nadie morirá por ti cuando llegue tu momento. 



En otras entradas programaré más canciones suyas... ¡¡Larga vida al rock&roll!!!

viernes, 14 de octubre de 2011

La cajita de música.


Cada día pasaba por esa calle. A la salida del colegio. Aunque le suponía caminar un poco más. Pero tenía que pasar por el bulevar, tenía que detenerse frente al escaparate de esa tienda. Y allí, en primer plano estaba lo que tanto deseaba. La preciosa caja de música. El regalo que siempre deseaba, pero que nunca recibía. Brillaba, iluminando todo el escaparate. Blanca, con pequeños arabescos dorados. Y esa música, que a pesar del grosor del cristal que la apartaba de ella, podía escuchar con toda claridad. Una música mágica e hipnótica. Sin saber muy bien porqué tuvo el impulso de cogerla. Miró a través del cristal y no vio al vendedor. Se decidió, abrió la puerta, emocionada por poder tener lo que tanto deseaba. La música parecía guiarla en su camino. La puerta se cerró con un golpe seco, pero eso no importaba, sólo deseaba tener la caja en sus manos. De puntillas, se aferró al estante, rozando la caja. Cuando por fin pudo alcanzarla, sintió como si una poderosa fuerza tirara de ella hacia el interior de la caja. Sintió como cayera por un túnel oscuro, perdiendo el conocimiento. Al despertarse, volvía a escuchar la melodía que tanto le gustaba. Pensó que todo había sido un sueño. Abrió los ojos. Un grito escapó de su garganta cuando descubrió que estaba rodeaba de espejos y en ellos reflejada la imagen de una pequeña bailarina, bailando sin parar la mágica melodía. 



lunes, 10 de octubre de 2011

50 años desayunando en Tiffany's.




Esta semana pasada se cumplian 50 años del estreno de la película "Desayuno con diamantes", una de las películas míticas en la historia del cine y la película que realmente encumbró a Audrey Hepburn.
La película está basada en una novela de Truman Capote (Breakfast at Tiffany's) y fue dirigida por Blake Edwards.
He de confesar que es una de mis películas favoritas. Y siempre que la veo me hace llorar... Tiene uno de los finales más bellos y románticos de la historia del cine...


Pero si algo ha hecho inolvidable esta película es la canción "Moon River" interpretada por la propia actriz. Audrey no tenía nociones de canto (por eso la voz de las canciones de My fair lady es de July Andrews), pero la canción tuvo un éxito extraordinario.


Sé que no es del todo cierto eso de que "todo tiempo pasado fue mejor..." pero no me negaréis que ya no se hacen palículas así... de esas que pasados 50 años siguen emocionando como el día de su estreno.

viernes, 7 de octubre de 2011

El escaparate.



Clara odiaba ver la vida tras el cristal. Llevaba más tiempo en ese escaparate del que podía recordar. ¡Y lo odiaba!. Había visto pasar las estaciones, el sol, la lluvia y las primeras nieves; y aquellas caritas sonrientes y excitadas pegadas al cristal... ¡¡¡Quería salir de allí!!!. Quería saber que había más allá del bulevar. Quería que alguna de aquellas caritas la eligiera a ella... Pero no, siempre eran las otras muñecas. Aquellas que eran todo encajes y sedas, y tirabuzones de negro pelo. Preciosas y estúpidas. Recordó a Madeleine, su última compañera en aquel escaparate. Recordó con una punzada de envidia su vestido blanco de organdí, sus zapatitos negros de charol y sus rizos negros. ¡Lo orgullosa que se sentía de su pelo!. Decía que era natural, y seguro que tenía razón. Siempre estaba sonriendo y coqueteando con los soldaditos del regimiento de lanceros del otro lado del escaparate. Ya hacía tiempo que se había marchado. También los lanceros, todos orgullosos, marchaban cantando felices, dispuestos a la lucha y a hacer felices a unos gemelos con cara de traviesos que sonreían de felicidad. Madame Sophie la cuidaba primorosamente, le quitaba el polvo todas las mañanas con un plumerito que le hacía cosquillas en la nariz y la hacía estornudar. También le arreglaba su vestidito de algodón floreado y le peinaba su pelo rojizo. Ella lo odiaba, pero Madame Sophie le decía que le quedaba muy bien. Que hacía juego con sus ojos verdes y sus mejillas cuajadas de pecas. También le decía que algún día entraría por la puerta una niña que reconocería su auténtico valor y que ese día ella sentiría mucho despedirse de su pequeña Clara. Pero eso nunca llegaba y Clara se sentía muy infeliz. Y por las noches era peor. Cuando se cerraba la tienda y Madame Sophie cerraba los porticones del escaparate, todos los juguetes cobraban vida. Y ella se sentía muy sola desde que Madeleine se había marchado. Vale que era una tonta, presumida y coqueta, pero era lo más parecido a una amiga que había tenido. Y la echaba de menos. También a los lanceros... Ahora aquello estaba muy tranquilo. Sólo quedaban un oso de peluche enorme y muy reservado, una bailarina dentro de una cajita de música, y casi nunca salía de su caja; un mono de hojalata que cuando se le daba cuerda tocaba un tambor, pero que no era demasiado locuaz. Perdida en estas cavilaciones no reparó en que algo se acercaba a ella. Escuchó un taconazo, un saludo marcial y frente a ella esta un joven y apuesto dragón con su uniforme de gala impecable y sus botas tan lustradas que parecían de espejo. Y la estaba saludando a ella. Clara no podía dar crédito a lo que veían sus ojos. El joven se presentó, hacía gala de una educación exquisita. Le explicó que su regimiento acababa de llegar, que se sentía algo perdido y que le había llamado la atención la tristeza y melancolía de sus bellos ojos. Clara se ruborizó como nunca antes lo había hecho, y una sonrisa se dibujó en su carita de porcelana. Aceptó cuando el joven la invitó a dar un paseo a la luz del rayo de luna que se filtraba a través de una rendija del porticón. La muñeca se sentía como en un sueño. El joven le había ofrecido su brazo, como todo un caballero, y ella creía que no podría ser más feliz. Al pasar junto a la caja de música, esta se abrió y de fondo sonó un vals. El joven soldado se paró y cogiéndola de la cintura, empezaron a bailar a la luz de la luna. Bailaron toda la noche. Clara se sentía etérea, flotando entre los brazos del dragón. Casi estaba amaneciendo cuando el joven la besó. Y los primeros rayos de sol los sorprendieron uno junto a otro, con las manos unidas. Aquel fue su último día en el escaparate. Cuando Madame Sophie llegó a la juguetería y vio sus manos unidas supo que sería una crueldad separarlos. Los retiró del escaparate y los situó en la trastienda, en una casita de muñecas que su padre le había construido cuando era una niña. Juntos y felices para siempre.

viernes, 2 de septiembre de 2011

¿Adónde vamos a parar?



Damas y caballeros, por una vez quiero que nos pongamos serios en este blog y mantener esa seriedad el resto de la entrada. Y esto no es coña, hablo en serio. Y sé que cuesta creer que un payaso pueda hacerlo, pero hay un momento en que se sabe dejar de ser jilipollas para dar lugar a la razón.

Como podría decirse que vivo apartado del mundo en general, hace muy poco tiempo me enteré de la desaparición de Candela. No leo diarios ni aún por Internet, así que figuraos. No obstante, como sé que sería estúpido escribir por aquí sin antes haber leído nada...

Candela Rodríguez, once años, Hurlingham, provincia de Buenos Aires. El lunes 21 desapareció por la tarde, cuando iba a reunirse con un grupo de amigos (en otro sitio leí que se encaminaba a la Iglesia). Fue vista por última vez en una intersección, y desde entonces nada más constó sobre ella hasta nueve días más tarde, cuando se la encontró muerta por asfixia. La muerte se dio, según la autopsia, entre las ocho de la noche del lunes veintinueve y las ocho de la mañana del martes treinta.

Durante nueve días un país entero estuvo conmocionado (un país menos uno), atendiendo a la información que se daba sobre los avances en la investigación sobre el paradero de Candela. Se investigó mucho y a fondo, sobre todo las posibles implicaciones criminales que el hecho podía tener. El padre de la niña era miembro de una banda criminal que se dedicaba a la piratería de asfalto, la madre tenía también sus asuntos con algunas relaciones extramatrimoniales con un delincuente... cosas que ahora no vienen a cuento.

Voy a ser muy sincero. Y si alguien se ofende, lo siento, pero es la verdad. ¿Qué cojones hace la policía? La investigación, desde un primer momento, siempre, siempre, siempre y siempre estuvo mal llevada, fue estúpida e inconexa, desorganizada y muy jilipollas. Les pagan por ocupar espacio, sin lugar a dudas. ¿Por qué digo esto? Porque se cree (ni son capaces de saberlo) que el lugar en donde estuvo retenida la niña de once años estaba a quince cuadras del lugar donde vivía. Y durante nueve días, setecientos pelotudos estuvieron rastrillando todo el país en busca de una niña que estaba en frente de sus narices. Definitivamente, nuestra policía es la leche, yo quiero ser policía cuando crezca.

Pero no venía a tratar este tema, en modo alguno... Venía a tratar un tema mucho más controversial que quizá algunos apoyen y otros no.

Hay personas que están viendo el dolor de la madre de esta niña al tener que reconocer su cuerpo. Al tener que enterrar a su hija. Al tener que afrontar la pérdida de una niña que aún no había pisado la flor de la juventud. Estamos hablando de un hecho gravísimo. Estamos hablando de algo que no tiene lugar en nuestras vidas, y ese algo es aniquilación y barbarie.

Franz Kafka pensaba que, cuando el ser humano perdiera el anhelo por la verdad, también iba a perder la humanidad, y el siglo XX iba a ser víctima de una sociedad deshumanizada y sin sentido. Creo que el siglo XX ha hablado por sí mismo; ahora bien, lo que es el siglo XXI... El ser humano ha dejado de ser humano. En su seno se ha extinguido el fuego eterno de la humanidad, aquello que nos diferencia de las fieras. El frío y gélido ventarrón del odio ha extinguido todo lo que en nosotros podía considerarse humano. En efecto, porque si todo el bien que nace en el mundo tiene su génesis y su raíz en el amor, el principio activo de la maldad en los hombres es el odio, que engendra que el hombre pierda aquello que lo hace ser hombre.

Y escuchamos hablar de progreso, de mejoras, de superhombres, de felicidad y de vida... estupideces. Mundanales estupideces. Podemos mejorar y progresar y tener políticas sociales y lo que quiera el ministro de no sé dónde o la fiscal de no sé quién. Pero lo que hemos perdido ha sido la humanidad, y eso no se remedia con políticas estatales.

La tarea del detective, al menos como la veo yo, es precisamente llevar esa verdad, por medio de la razón, en forma visible, a donde antes ha abundado la mentira y el odio. Porque si el odio ha apagado la única llama que nos hacía diferenciarnos de las serpientes, que matan por placer, entonces también vivimos en las tinieblas. El detective intenta abrir las tinieblas para llevar verdad, y a veces se hace difícil.

He entrado a mi Facebook (Dios mío, he leído un periódico virtual y he entrado a Facebook, definitivamente esto va en serio), y me he quedado pasmado al leer algunas cosas de este estilo en las publicaciones de algunos amigos.

¡Queremos que se haga justicia! ¡Pena de muerte y retorno de los militares! ¡Justicia para que Candela descanse en paz! ¡Que los hijos de puta que la mataron paguen con su vida!¡A su madre le arruinaron la vida! ¡Queremos justicia!


¿Ven lo que decía? Hemos perdido la humanidad. Nos intentamos regir por la ley talional, ojo por ojo y diente por diente. Y los que estén a favor me dirán: "Tú no estás en el lugar de esa madre". Y yo respondo: "Sé cómo está esa madre". Porque yo también tengo una madre, y ella también ha sufrido horrores por pocas cosas que nos han ocurrido a mí y a mi hermana, y sé que, en relación directamente proporcional, tendría el corazón destrozado si esto nos ocurriera a mí o a mí hermana. Pero esa es sólo una expresión que no encierra todo el sufrimiento que un ser humano puede padecer. Lo sé. Y entiendo demasiado bien cómo se está sintiendo la madre de esta niña, la conduelo y me estremezco por el horror que está viviendo.

Pero ¿estamos tontos? Queremos justicia, y yo también la quiero, pero el ir a matar a alguien que ha matado en nombre de la inocencia no es hacer justicia. Es demostrar, una y otra vez, como siempre lo hacemos, que el ser humano se ha convertido en una fiera miserable y estúpida que hace lo que el instinto le diga. ¿De verdad creen que asesinando a estos se soluciona el problema? Principiemos por el hecho de que ni siquiera sabemos quiénes son "estos". Así que, si queremos hacer justicia, primero necesitamos un objeto sobre el cual hacer justicia.

Pero en modo alguno la pena de muerte será la solución. Si admitimos la pena de muerte estaríamos declarando que hemos dejado de ser seres humanos, porque podemos aniquilar a otro ser humano, culpable de su crimen, vale, pero ser humano al fin, y alegar que él antes ha hecho lo mismo sobre una inocente para hacerlo. Es constituirnos en señores y jueces de la vida. Es tomar en nuestras manos poderes que no nos corresponden, así como no le correspondió a ellos, en un primero momento, tomar la vida de Candela en las suyas. Porque el acto de matar es matar, no tiene matices ni medias tintas, y no se atenúa sólo con decir: "Es que estamos ajusticiando al que ha cometido la misma acción". La mentalidad de: "Si él lo ha hecho, ¿por qué nosotros no podemos hacérselo a él?" es increíblemente medieval y carente de todo sentido común. Porque el sencillo acto de asesinar, o de pedir que la sangre del asesinado caiga sobre vuestras cabezas, es lo que os hace ser tan fieras como lo fue él en el momento de decidir asesinar.

Y si nos creemos lo suficientemente poderosos para tomar en nuestras manos las fuerzas de la vida y de la muerte... ¿Podéis devolver la vida? Entonces no os apresuréis a dispensar la muerte, porque ni aún el más sabio conoce cuál es el fin de todos los caminos. Porque si nuestra condena es aquello mismo que condenamos, ¿en qué justificamos nuestro accionar? La única diferencia sería que nosotros matamos a un culpable, y él mató a alguien que no merecía morir. Y no recuerdo en dónde lo leí, aunque estaba relacionado con algún estudio musulmán que hice hace unas semanas, pero está escrito... la vida es, para aquel malvado, mayor castigo que la muerte misma.

Que no se crea que considero que los asesinos no merezcan ser encontrados y enjaulados. En modo alguno. Sé que el sistema judicial y penal es una porquería, en la que se puede entrar y salir como si nada, y allí sí reconozco que deberíamos cambiar las cosas. Pero baste una sentencia duradera, un juicio inapelable, y pienso que es suficiente. Si el asesino no vuelve a ver la luz del día en lo que le queda de vida, le estará bien empleado. Pero matarlo sería aumentar un círculo de muerte. No sería hacer justicia, sería aniquilar más vidas, culpables o inocentes, pero vidas al fin y al cabo, extendiendo el círculo de muerte, horror y odio que se ha apoderado de nosotros. Si matamos a alguien más... viviremos en una sociedad más depravada y perfumada con la sangre de los hombres.

Por otra parte, aquel que piense que la pena de muerte es la solución y la forma de que los criminales dejen de delinquir... Veamos si en Estados Unidos hay un mayor o menor índice de criminalidad, luego hablemos.

Y ya puestos... Creo yo, al menos eso se me ha dado a entender, que todas las personas que en Facebook han dicho que el retorno de los militares al poder es la solución (y se incluyen aquí todas las personas que lo dicen en la vida cotidiana), también son las mismas personas que apoyan la causa de Abuelas y Madre de Plaza de Mayo o que todos los veinticuatro de marzo hacen memoria de los desaparecidos. A buen entendedor, pocas palabras.

Os dije que era un tema serio. Veo si después de esta introducción al mes de septiembre podemos tratar temáticas más amenas.


lunes, 29 de agosto de 2011

Poema dedicado a Holmes y Watson - Autor anónimo





No hay nada elemental, solo la muerte,

merece algún respeto:
la vida es tal recurso de la suerte,
que un fracaso es un reto.

Así que, amigo mío, no lamente
descubrir el secreto:
el tiempo aquí no sirve, sea valiente,
que yo soy su amuleto.

Y no se quede ahí mirando todo,
buscando explicaciones:
se respira mejor desde aquí fuera.

No hay nada elemental ni hay otro modo
para estas vacaciones:


vámonos, Holmes, el infinito espera.


Buscando en la Wikipedia me terminé encontrando con esta delicia. Es una poesía de un autor que ha preferido permanecer anónimo, pero aún sin saber su nombre... me ha parecido bien publicarlo por aquí.

Lo que se dice en la Wiki es:

Emilio Pascual, director de Cátedra, poco antes de cerrar la edición de las obras completas de Sherlock Holmes, recibió un poema anónimo. Se sospecha que el autor puede ser un conocido autor modernista, sin embargo, se desea respetar el deseo del escritor (y de sus herederos) de permanecer incógnito y se acepta con agrado infinito su particular homenaje a Holmes y Watson.


Les hablo como un holmesiano que estará con Sherlock al pie del cañón por muchos años más. Este poema sabe llegar a la sensibilidad de todo admirador de Sherlock. Gracias al autor que tomó la pluma con semejante inspiración, de verdad, mil gracias.

"Elemental, mi querido Watson... nos han robado la tienda".