viernes, 26 de marzo de 2010

2018

Damas, caballeros, amigos del salón del estudio...
... vengo a ustedes con un nuevo cuento de mi invención. Hace ya algún tiempo que lo tengo, pero no sabría decir desde cuándo. Hace ya algún tiempo que lo quiero publicar por aquí, pero lo cierto es que también estoy preocupado por cómo enfoco el tema.
Es un cuento de ciencia ficción. He notado que es un género interesante, cautivador y que puede dar mucho cuando se lo trabaja bien. Hay muchos planes nuevos para el salón del estudio, pero quisiera comenzar por ir poniéndolos en papel a los que tengo ahora antes de comenzar nuevos proyectos; lo que sí puedo decir es que tendremos un par de entradas de literatura o teoría literaria para aclarar conceptos. Estas últimas tendrán un formato más abierto y libre que las de costumbre, pero espero que puedan funcionar. En esas entradas veremos, entre otras cosas no menos interesantes, las características y propiedades de un buen cuento de ciencia ficción y pondremos algunos ejemplos prácticos.
Por el momento, los dejo con la pequeña y modesta creación.


2018



Día tras día, mes tras mes, era siempre lo mismo. En una ciudad, gris, como cualquier otra ciudad, asomó la tenue y clara luz solar. El disco dorado que, en los últimos años, se había ennegrecido, comenzó a asomar por el horizonte de una gris ciudad.
Una alarma chilló estrepitosamente. Era un sonido hueco y apagado, un llamado rutinario y costumbrista, una alerta demasiado desalentadora. Era una llamada artificial y vana, carente de toda belleza, que alertaba a toda la ciudad.
Gente gris salía de las casas, en silenciosa procesión. La muchedumbre se movía en una dirección, hacia un mismo sitio, con una misma meta, siguiendo el mismo rumbo, con un mismo propósito. Era una masa gris; ya no se podía decir que fuera un conjunto de individuos grises. Cual cardumen de peces, se dirigieron rápidamente hacia el lugar que la señal sonora indicaba. Algunos, los menos, lloraban. Otros, la gran mayoría, sólo se resignaban a atender la cruel verdad con indiferencia.
La masa gris se movía. Parecía que hubieran concertado los pasos que daban, la ropa que vestían, las expresiones que hacían, las cosas que decían. Ya no eran un conjunto, eran una sola cosa, una sola masa capaz de ser doblegada y vuelta hacia el lugar que se quisiese.
Niños, hombres, mujeres, ancianos. Marchaban, marchaban, marchaban. Tan bien iban… parecía que sus pasos estaban dirigidos por una banda militar. Sucios, andrajosos, con las ropas roídas.
La alarma chilló otra vez. El aparatoso sonido apresuró a los que se hallaban en la tétrica marcha. A lo lejos, el sol se alzaba en el cielo de Londres.
—¡Ayuda! —gritó una voz—. ¡Ayuda! —volvió a suplicar—. ¡Ayuda! —pidió por tercera vez—.
La voz era aguda y estridente, plañidera y suplicante. No fueron pocos los que la oyeron, pero nadie, a pesar de ello, se detuvo para ayudar.
El grito de auxilio sonó otra vez; nadie se molestó en, siquiera, bajar la mirada al suelo. Una niña, de poco más de ocho años, había caído, dándose un fuerte golpe en el costado. Sujetaba entre sus manos una cacerola, y, a pesar del dolor, no la soltaba ni aflojaba sus manos. Volvió a gritar; todos seguían como si nada. La niña comenzó a llorar de dolor y de impotencia. No podía levantarse con facilidad, no tenía ninguna escapatoria. El sol se elevó más en el cielo, y la niña comenzó a toser fuertemente.
—¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Ayuda! —gritó a todo pulmón, pero lo único que consiguió fue toser más fuerte—. ¡Ayuda! ¡Por favor, ayuda! —Volvió a toser y a jadear—. ¡Ayuda! —El grito fue desgarrador, inhumano, necesitado, suplicante, impotente, triste, quejumbroso. Nadie se detuvo, nadie se inmutó. La niña volvió a toser estridentemente, esta vez con una potencia atronadora y para nada habitual.
Las lágrimas bañaban su rostro, convulsionado por la fuerte tos y el espanto de quedarse allí hasta que alguien, en un hipotético e improbable caso, quisiera ayudarla. Su tos se hizo más ronca, más seca, más áspera. Finalmente, terminó esputando flemas y saliva. Sus fosas nasales estaban irritadas por el Ozono. Sólo volvió a gritar una vez más; luego, no se la volvió a oír.
Un grupo de gente pasó por el lugar en donde se hallaba extendida, pero no se atrevió a bajar la mirada hacia el suelo; siguieron su camino y la pequeña calló.

La procesión había continuado, y ahora se encontraba cerca del lugar de donde provenía el bullicioso chillido. Cuando todos estuvieron congregados alrededor, la alarma cesó. Habían llegado a un recinto rectangular, que ocupaba el espacio de una manzana, y que tenía grandes portones de aluminio. Una voz metálica habló:
—En tres minutos y treinta y tres segundos se abrirán las compuertas. Las reglas siguen siendo las mismas. Recuerden: no pueden llevarse más de dos contenedores por cabeza, no se puede alegar pertenencia a una manada ni tenencia de crías. La próxima reunión será dentro de treinta y tres días, treinta y tres minutos y treinta y tres segundos.
La voz metálica calló. La muchedumbre, la masa gris, comenzó a esperar el tiempo restante para entrar al recinto. Finalmente el marcador llegó a cero. Como si hubiera estado todo perfectamente preparado, las compuertas se abrieron de forma automática y sincronizada. La masa gris soltó un suspiro de alivio, todos al mismo tiempo, todos con el mismo tono, todos como todos. En una perfecta y ordenada fila, comenzaron a avanzar hacia el interior del recinto. Después de atravesar los primeros portones, se encontraban con una puerta más pequeña. Un grupo de tres hombres se detuvieron en frente de la delicada puerta, esperando, aguardando, esperando. De pronto, una voz fría e inhumana habló:
—Nombre. Apellido. Trabajo. Domicilio. Estado civil.
Uno de los tres hombres se adelantó y dijo:
— Marshal McLuhan. Arquitecto. Fenchurch Street, 35. Soltero.
Un Segundo individuo se acercó y respondió a la fría voz:
—Robert Windar. Contable. Little Winging. Casado, dos hijos.
Desde el lugar de donde había salido la voz, se oyó un potente chirrido que dejó aturdidos a los tres hombres. Luego, el sonido se hizo más tenue y la voz metálica volvió a hablar:
—Manada, dos crías. ¿Dónde están?
—En nuestro hogar —contestó el hombre, con una voz temblorosa y nada firme.
—¿Cómo, si están en su madriguera, encontrarán sus crías…?
—…Yo pensaba que —interrumpió el hombre—… yo pensaba que yo podría….
—¡Usted pensaba! ¡Oh, usted pensaba! —La fría voz sonaba como si se estuviera riendo del mejor chiste que le hubieran contado en su vida—. ¡Que usted pensaba! Usted —dijo volviendo al tono áspero y despectivo— no piensa, no siente, no nada. ¿Entendido? Si su manada quiere venir a recibir su ración, debe venir a buscarla ella misma.
—Pe-pe-p-ero mis hijos son de-demasiado pe-pequeños… No saben ni siquiera gatear.
—Eso no es mi culpa —replicó la voz—, es culpa de su raza que, a diferencia de otros animales, tarda más tiempo en desarrollarse.
El segundo hombre quedó en silencio, sin saber qué decir. Luego el tercero se adelantó para dar los datos que la voz le había pedido, u ordenado.
—Richard McCarty. Abogado. West End. Soltero.
Desde los altavoces llegó un sonido de metales entrechocando, de botones que se oprimían con una precisión de metralla, de clavecillas, estática y algunos pitidos. Después de un momento, la voz resonó por los altavoces:
—Acceso aceptado. Al entrar se les dará la segunda cacerola, con doble capacidad de la que ustedes traen. Rápidos, ordenados y precisos.
La puerta se abrió, deslizándose a un lado, y permitió el paso de los tres grises hombres. Entraron a un recinto de altos techos, de atmósfera húmeda, y de menor temperatura. A los lados había grandes fuentes y piscinas llenas de agua, el material más valioso y delicado del mundo. Los tres hombres se acercaron a las fuentes de agua cristalina con sumo orden, llenaron las cacerolas que habían llevado (con capacidad de un litro y medio), y luego llenaron las que les habían dado al entrar en aquel recinto. Luego, sin alterar el orden sistemático de la organización, y cargando con el tremendo peso de los cuatro litros y medio de agua, salieron de la estancia por medio de un pasaje posterior, destinado a ese uso. Antes de atravesar la puerta que los dejaría en el exterior, fueron sometidos a un último escaneo rápido con un censor. Luego de que la luz violeta les recorriera cinco veces el cuerpo, en sentido vertical, de arriba hacia abajo, una nueva voz metálica les habló.
—El próximo llamado será dentro de treinta y tres días, veinticinco minutos, cuarenta y un segundos. No antes, no después.
Los hombres salieron, finalmente, a las oscuras y grises calles. De inmediato, la temperatura pareció aumentar increíblemente, el olor a Ozono se hizo patente, la respiración y la visibilidad se dificultó más.
Todos los que salían, volvían a sus casas. Siguiendo su propio camino, su propio sendero, su propia calle, cual hormigas dispuestas a regresar. Volvían a sus casas cargados con el enorme peso del agua, intentando no derramar ni una preciosa gota, con cuidado, con cuidado.
Volvían a casa, cual hormigas después de recolectar.
Volvían a casa, con el cuidado puesto en las cacerolas, en el agua.
Ni una gota, ni una gota.

Sir Nícolas Vásquez de Aragón.




Como todos los cuentos de ciencia ficción filosófica que he leído, trato de plasmar una opinión personal sobre el futuro del agua, producto de la poca racionalización y la ambición humana. También dejo caer una crítica social hacia el desenfreno por las máquinas y las nuevas tecnologías, pero eso es un detalle subordinado a la crítica principal.
Como siempre, amigos de por aquí, la última palabra es vuestra y estáis en vuestro pleno derecho a opinar y compartir vuestras impresiones sobre el cuento. Sugerencias, críticas constructivas, opiniones, todas serán bienvenida. Recordad que aquí estáis libres de decir cuanto quieráis a vuestro antojo, y que hay libertad de expresión para decir cuáles son vuestras opiniones sin ninguna clase de retención. El verdadero objetivo de una crítica constructiva es lograr una ayuda mutua. El escritor se beneficia si la crítica constructiva está hecha con sinceridad y respeto, porque aprende, madura y comprende a los lectores. Y el lector se beneficia, descubriendo que dentro tiene muchas cosas para aportar y muchas buenas ideas.

¡Elen síla lumenn'omentielvo!

11 comentarios:

Los Fantasmas del Paraíso dijo...

Perdona que haya tardado en pasarme, entre las visitas a casa de los abuelos y que hoy he estado con un catarrazo de esos de un día pero que te dejan sin fuerzas para levantarte de la cama... xD

El cuento me ha encantado. Hay un detalle que pienso que es magnífico, y es que desde el principio consigues crear un gran sentimiento de curiosidad por lo que viene después, consigues captar la atención genial.

Lo cierto es que está muy bien pensado, y lo desarrollas muy bien. Si tuviera que decir algo negativo, sería que pienso que el título sería mejor si se refiriese a un año posterior, creo que se conseguiría más verosimilitud. Pero sólo es el título; el cuento es magnífico.

Como curiosidad, es la segunda vez en mi vida que veo la palabra "cardumen". La primera fue el curso pasado, cuando en la asignatura de lengua y literatura gallega leímos un libro que se llamaba así (bueno, en gallego, "cardume"), y también como referencia a la sociedad. xD Si no, habría tenido que suponer el significado.

Nicolás dijo...

Bienvenido otra vez por aquí, amigo Fantasmas. Nah, no hay problema por la tardanza... la salud es lo primero. Espero que ya estés mucho mejor, odio esos catarros de primavera.

¡Gracias por tu valoración! Vuestras opiniones son importantes y tomadas muy en cuenta (hablando de esto, tengo que comenzar a corregir los cuentos anteriores :P) pues ayudan a crecer y a madurar mucho como escritor. Me alegra saber que te gustara.

En efecto, trato de que dé curiosidad por saber qué ocurre. Me cuesta mucho salir del género expositivo y dejar de explicar las cosas, así que me esfuerzo más en tratar de crear algo de suspenso. Regla de oro de la literatura. Edgar Poe decía que un cuento tiene que ser una mecanismo preciso y sistemático, como un reloj suizo, en el que el lector se vea atrapado y envuelto. Si el cuento no ha dado intriga, curiosidad o ganas de seguir leyendo, es que el cuento ha fracasado. Así que esa valoración me hace ver que lo he conseguido.

La idea me vino cuando estudiaba Físico-química ambiental y hablábamos del agua (a propósito, ¿alguien más ha estudiado como tres libros sobre el mismo tema en la misma asignatura? No, en serio, la verdad es que me intriga, porque los tres libros venían a decir lo mismo, y aún así la maestra me dijo que debía leerlos a todos). Entonces pensé: "Bueeeno, porqué no".

Das en un buen punto que no quería mencionar para no hacer alarma general. Es un título precario y provisorio. En realidad nunca le pude poner un buen título, pero sí sé que el encabezamiento del borrador tenía el año 2018. Recuerdo que lo puse porque en uno de los apuntes (y luego, cual revelación profética, vi en un documental) que el agua es un recurso demasiado escaso. Según la cifra estimativa, y según los científicos más optimistas, si el consumo de agua sigue como hasta ahora, lo más probable es que hacia el dosmil quince ya no dispongamos del recurso como lo estamos haciendo hoy. Así que pensé: "¿Y tres años más tarde, qué sería capaz de hacer la gente por conseguir un poco?". Planteo no sólo una dominación terminal de las máquinas, sino, también, una nueva evolución en el Ser Humano ante las condiciones adversas que le permita vivir con tres litros de agua durante más de un mes. La evolución de una sociedad cada vez más egocéntrica y unipersonal que no atiende siquiera a los instintos de ayuda mutua.
No obstante, tomo en cuenta lo del título y lo pensaré seriamente. Como ya he dicho, nada cae en saco roto.

Curioso. Recuerdo que la primera vez que lo oí fue en clase de Lengua del cuarto de primaria, cuando veíamos sustantivos concretos colectivos. Así... "arboleda, pinacoteca, manada, jauría, piara, discoteca". Entre esas estába la palabra "cardumen" y luego la vi en un contexto social como la alusión a un grupo de masa uniforme y promedio y me dije "vale, si lo podemos usar, lo usamos". XD Tengo entendido que así a vuelo de pájaro significa "conjunto de peces".

¡Gracias por la valoración!

P.S. En realidad digo que el título es provisorio porque, cuando intenté ponerle título, no quería dar muchas indicios de lo que iban a buscar las personas, porque entonces perdía todo el grado de suspenso y curiosidad del principio. Había pensado en "Gota a gota", pero era demasiado obvio. Así que se admiten sugerencias con total libertad y apertura.

jengibre dijo...

Hola Nicolás.

Perdón por la tardanza. He estado un poco pachuchita.

Y me alegro que hayas publicado este cuento. Ya sabes que me gusta mucho. Creo que se te da muy bien la ciencia ficción.

Sobre el título. Yo le habría puesto 2012 que es cuando tooooodo el mundo dice que se acabará el mundo. Porque según el calendario maya el 23 de diciembre de 2012 será el apocalipsis...


Besitos de jengibre.

Nicolás dijo...

¡Bienvenida, Jengibre!

Tú tranquila, que no hay problemas por eso. Como le dije a Fantasmas arriba, lo principal es la salud y cuidarse mucho. Así que no hay ningún drama. Por cierto, me alegra ver que está mucho mejor.

Me alegra, a sí mismo, que te guste el cuento y que pienses que se me dá bien el género. Me gusta, atrapa y es interesante para explorar. Tengo otro allá en la retaguardia. Quizá, si estoy de ánimo para ejercer de beteador de mi propio cuento, lo publique la semana entrante, todo depende. Estoy pasando por momentos en que tengo mil borradores de ideas y cuentos a medio acabar en el escritorio y en la página principal de Mis Documentos. En sí me gusta esto, pero la verdad es que quiero terminar algo XD Me contento con saber que algún día, si es que tengo alguien que los pueda ver y organizar, se podrá publicar en obra póstuma "Cuentos inconclusos de Adan Evans".

Tomo nota del título. Sí, había leído algo de que el Calendario Maya anuncia que el 2012 es la fecha señalada para la Segunda Venida de Cristo y la Batalla del Armagedón. Pero como dice Elías: "Ni aún el Hijo del Hombre sabrá cuándo llegará el fin de los tiempos". Aún así, es un buen punto y le confiere más dramatismo a la historia. Además el número es interesante... tanto silbólica como numéricamente. ¡Gracias por la contribución a la idea del título!

¡Feliz Jueves Santo!

Key dijo...

Qué miedo. Con el mal rollo que me ha dado siempre el tema de que el agua se va a terminar.
Un cuento interesante, me recuerda un poco a uno de Philip K. Dick mitad humorístico mitad súper-siniestro que leí una vez. Lo único que yo añadiría es una explicación sobre quiénes son esas máquinas y cómo se lo han montado para llegar al poder (siempre he pensado que la inteligencia artificial acabará con nosotros, pero como soy informática no puedo decirlo en alto jajaja).

Nicolás dijo...

Lamento la tardanza en comentar a tu comentario, Key; pero lo cierto es que he pasado un Viernes Santo bastante atareado y no he tenido tiempo para revisar los blogs y el ordenador.

Eso pretendía: dar un poco de miedo, hacer algo literario, concientizar sobre el peligro que corremos y divertirme mientras escribía (al final es la meta que siempre persigo). Me agrada oír que el cuento ha parecido interesante, es una señal de que no es tedioso ni trillado.

No he leído nada de Philip K. Dick, aunque ya tengo doble referencia a causa de ti y de Jengibre. Tendré que buscarme algo para entretenerme un rato y ver qué tal anda la cosa con ese autor.

No, no lo digas por el megáfono, que así puede que te escuchen mejor XD
¡Por fin alguien que pide explicaciones!

Mis primeras críticas a mis primeros cuentos fueron, precisamente, que explicaba demasiado las cosas. Soy muy del texto expositivo, con lo que es perfectamente normal que me dedique a explicar. He tratado de mejorar o cambiar ese aspecto en la gran mayoría de mis cuentos, hasta reducir las explicaciones y limitarlas a los policiales y algunos otros. Al final me he dicho: "Bueno, dejo las explicaciones a los policiales, allí es una regla de oro el que haya una explicación lógica y causal. Como ya me han dicho mil y un veces eso de 'hay que dejar algunas cosas sueltas y a la imaginación del lector', supongo que por algo será y que debo dejar de explicar". Pero ahora sé que no estoy sólo!
Me gusta... me gusta... Has hecho una genial aportación y me apunto tu sugerencia e impresión particular, que, como no me cansaré de repetir, guarda riqueza y tiene mucho valor para el crecimiento.

Sobre una posible explicación...
... lo que creo, o lo que se me ocurre para explicar el fenómeno, sería el suponer que en algún momento de la historia, los hombres fueron más allá de lo que podían hacer. Crearon una inteligencia artificial altamente compleja y desarrollada, que, por algún medio, comenzó a crecer y en aumentar su complejidad hasta superar la inteligencia humana. No hay que olvidar que nunca una máquina puede ser más lista que un ser humano, pues el humano fue quien la creó. No descarto, sin embargo, la teoría de que las máquinas comiencen a crecer y desarrollarse en base a la interconexión y algún proceso medio raro y fantasioso —es ciencia, sí, pero también sigue siendo ficción— por el cual alcancen una inteligencia superior, una facultad de razonamiento y un instinto asesino de destrucción a la raza humana. Podrían llegar a considerarnos excelentes esclavos y por eso nos mantendría vivos con las pocas reservas de agua (derrochada fielmente por nosotros mismos) hasta que se terminara por completo y llegáramos a la aniquilación.
Al final, con la ficción y un poco de imaginación, todo se vuelve posible. Por esto mismo yo tampoco me fío mucho de las máquinas.

Como ya dije, eso fue un detalle subordinado a la idea principal, pero que embellecía mucho y quería poner; por tanto, no pensé en el momento un posible supuesto de qué habría ocurrido para que... Lo de arriba es lo que pensaría en un primer momento y que considero más factible, así que le seguiré dando vueltas para encontrar alguna posible explicación.

Ya para poner a prueba la mente y echarla a maquinar un poco, ¿se os ocurre alguna explicación para el punto que ha señalado Key? Tú también puedes participar. Sería un buen ejercicio y también daría entretenimiento por un rato.
[Nota: Se admiten también teorías disparatadas y/o absurdas, así también ejjercitamos la vena absurda que todos llevamos dentro].

¡Gracias por contribuir y dejar aquí tus reflexiones!

Adivín Serafín dijo...

Desolador. Un sentimiento que se da algunas veces en la ciencia ficción y que en este cuento los has logrado. La repetición de palabras y de números siempre con treses, hacen que se avance cansinamente. La niña rompe el rutinario fluír de la gente, dando una nota clara de poca humanidad tan típica en un futuro poco claro. La voz funcionaria que atormenta a los buscadores de agua y el final que deja claro que todo se va a repetir en treinta y tres días, treinta y tres minutos y treinta y tres segundos. Me ha gustado.

Blogsaludos

Nicolás dijo...

Hola, Adivín, muchas gracias por pasarte por aquí y dejar tu reflexión. Ante todo una sentida disculpa por la leve tardanza en mi respuesta, pero he estado algo ocupado durante la Semana Santa y luego he estado inmerso en el mundo infinito de la ficción y la literatura.
"Desolador"; la palabra que lo define todo a la perfección.
Debo estar algo espeso, porque no termino de entender si el detalles de la repetición de palabras y de los treses y del avance cansino es positivo o no.
Eso es, el detalle de la niña refleja que los hombres han perdido ya toda la humanidad, que están viviendo en una sociedad de fieras.

Como ya he dicho antes: "Muchísimas gracias por tu valoración, Adivín". Resume bien aspectos fundamentales y es atinado en muchos puntos.

Blogsaludos.

Adivín Serafín dijo...

El adjetivo cansino es un elogio en esta historia.

Blogsaludos

Key dijo...

¡Uy, dejé esto pendiente y lo olvidé! Las explicaciones si son largas a mí también me aburren, pero a veces un par de frases no vienen mal... sobre la explicación de cómo llegaría la humanidad a ese punto con las máquinas, lo veo más o menos igual que tú: en algún momento los ingenieros y demás científicos se pasarán con la programación de las máquinas, llegará un punto en el que dichas máquinas tengan inteligencia suficiente como para ser autónomas y no depender para nada de los humanos, y entonces estaremos metidos en un lío de los gordos. Con un poco de suerte estaré equivocada. Y si no, al menos espero no ser yo la que meta la pata y lleve al planeta al fin del mundo jajajaja

p.d. Estoy haciendo un curso de Inteligencia Artificial. Veremos si me convierto o si el curso consigue que la IA me dé más miedo todavía.

Nicolás dijo...

¡Rápido, Key, si te ponen un apunte que diga ¿qué hacer en caso de que se descubra una máquina secreta en mi cobertizo?" o "¿cómo actuar ante las presiones del Gobierno basadas en la peligrosidad de mis investigaciones?" o "¿qué hacer si una máquina te dice en medio de la noche 'tengo ganas de dominar al mundo'?", sal huyendo de allí!


Vale, la oración me ha quedado larguísima. Pero en sí, esa es la idea general que te doy sobre el curso de Inteligencia Artificial.

Lo que ocurre es que la naturaleza del hombre tiende a abarcar, o intentar abarcar, más de lo que puede conseguir en determinado momento. Por momentos la soberbia y la falta de ética nos hace olvidar que las máquinas son subordinadas o ayudantes para conseguir una mejor comprensión del mundo, y he allí el grave fallo. El primero es que les concedemos un valor superior al suyo propio; y el segundo, que no sabemos en donde hay que decir "basta". El afán de conocer no es negativo, ni mucho menos; lo que es negativo es la falta de escrúpulos al tratar de alcanzar ese conocimiento.

Las vamos a pasar canutas, eso está claro... Pero bueno, si te enseñan a programar un robot que sea capaz de hacer quehaceres domésticos... ¡no lo dudes y llévate los planos a casa!

Y creo que en literatura el hecho que mencionas de explicar algo brevemente, que no sea muy sobrecargado, es conocido como "dejar algo a la imaginación del lector". Hay excepciones, por supuesto. El policial y el relato existencialista filosófico tenderá a explicar largamente, y es necesario para tener un género puro. Como dije, tomo nota de las sugerencias...

¡Elen síla lumenn'omentielvo!