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martes, 26 de julio de 2011

Fragmento




Cuando le propusieron a Johan Sebastian Mastropiero que compusiera la música para una opereta sobre la huída de los aristócratas rusos en la revolución de mil novescientos diecisiete, Johan Sebastian pidió consejo a su venerado maestro, el profesor Wolfgang Gangwolf. Este le dijo: "Muchacho, se han compuesto hermosas partituras para operetas; aún en un género menor como la opereta, se puede notar la calidad de un compositor, te aconsejo que rechaces el ofrecimiento. Más aún, no debes aceptar si es que todavía te queda un poco de amor propio". "Si es así", respondió Mastropiero, "puedo aceptar perfectamente". Por otra parte, el padre de Mastropiero, que se oponía a la carrera artística de Johan Sebastian, por la misma época le envió una carta en la que le decía: "Hijo mío, te pido que abandones la música. Es posible que sean mis prejuicios los que me impiden ver, pero por desgracia no me impiden oír". En este punto Johan Sebastian se vio obligado a optar entre su familia y la música y eligió la música, para desgracia de ambas. Terminó de componer la opereta y para evitar más conflictos con su familia se dispuso a firmarla con un seudónimo: Johan Severo Mastropiano. Enterado el padre, le mandó otra carta en la que le decía: "Hijo mío, si usas ese seudónimo todos sabrán, no sólo que soy el padre del compositor, sino también que soy el padre de un imbécil". Johan Sebastian reconoció que esta vez su padre tenía razón y se cambió el seudónimo: firmó la opereta como Klaus Müller. Esto solucionó los problemas con su familia, pero le acarreó demandas penales de treinta y siete familias de apellido Müller.


Y esta es la introducción (cito textualmente) al cuadro primero del segundo acto de la opereta que compuso Johan Sebastian Mastropiero titulada "El zar y un puñado de aristócratas rusos huyen de la persecusión de los revolucionarios en un precario trineo, desafiando el viento, la nieve y el asecho de los lobos". Cuyo resumen del argumento es este: "Adiós, mi estepa".

Por favor, que alguien les dé ya un premio.





¡Viva Johan Sebastian Mastropiero!


viernes, 26 de noviembre de 2010

Oda a la alegría



Retrasar este momento sería ir demasiado lejos. Todos sabíamos que algún día tendría que publicar por completo este hermoso poema, así que muchos no se sorprenderán de verlo por aquí... Damas, caballeros y amigos del salón, en efecto, quiero compartir con todos vosotros uno de los más bellos poemas que se han escrito en la historia de la humanidés.

No creo que sea novedad decir que este poema, muchos años después de ser escrito y publicado por Friedrich von Schiller (poeta alemán), fue utilizado por Ludwig van Beethoven (compositor alemán) en el quinto movimiento de la novena sinfonía (opus 123). Creo que no hace falta que cuente aquí la hermosa y emotiva anécdota que tuvo el día en que el compositor estrenó la novena sinfonía (dejad que reserve ese material para cuando no tenga nada que publicar).

Creo que, al menos en los tiempos que corren, la humanidad debería leer de tanto en tanto este poema (también debería leer el Principito y la Biblia, pero no entraré en detalles). Hace un tiempo, en la entrada sobre las dificultades de una persona ciega al caminar por la calle y que nadie se ponga a mirar el bastón para evitar no lo sé ¿una caída desventurada?, dije que creía muy poco en el futuro de los seres humanos. Fantasmas y Andrea me dijeron que no exagerara, y lo cierto es que tuve que reconocer que es cierto, no debo exagerar tanto en ocasiones. Pero hoy no quiero exagerar. Hace poco me enteré del bombardeo de Corea del Norte a una isla de Corea del Sur. Me enteré de la muerte de dos personas. Me enteré de las planificaciones de armas nucleares. Punto y final, señores. ¿Queremos experiencias? En mil novescientos cuarenta y cuatro, por si a alguien se le olvidó, Estados Unidos lanzó una bomba atómica que destruyó Iroshima y Nagasaki, sin mencionar que dejó con graves enfermeedades a todos los habitantes de la zona afectada. ¿Queremos volver a intentarlo para descubrir si nos hemos vuelto resistentes a las explosiones atómicas? Albert Einstein tiene la respuesta. El pobre hombre, salido de Alemania por tener un origen judío, alerta al Gobierno de los Estados Unidos que los alemanes están preparando una bomba atómica, para que EUA tomara las medidas preventivas necesarias. Tengo entendido que después de eso, Albert Einstein citó: "En esta vida hay sólo dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. No estoy muy seguro de la primera". Es horrible. Lo diré con crudeza y espero que impacte lo que tenga que impactar: "Yo, Nicolás, pienso que no hay criatura más rematadamente estúpida y cruel sobre la faz de la tierra que el ser humano". Damas, caballeros, los Estados Unidos de América (para que después se pregunten porqué desprecio tanto a esa nación), después del Olocausto Judío (mil novescientos cuarenta y tres), decide lanzar la bomba atómica a Iroshima (bomba que habían estado construyendo desde hacía unos cuatro años) para... ¿cómo era?... para dejar bien en claro que ellos no estaban jugando.

Ejemplos de estupidez hemos visto en muchos más casos. George W. Bush. Videla, con su ya memorable declaración de guerra a Inglaterra (hecho que, está de más decir, por cierto, acabó con la vida de todos los jóvenes de entre dieciocho y veintidós años de la Argentina). Y paro aquí porque sería ir demasiado lejos.

¿Mi punto?

Dejemos de joder. No me gusta la economía, y sin embargo la tolero como buenamente puedo. No me gusta la geografía, y sin embargo la tolero como buenamente puedo. No me gusta tener que deberme al riguroso y estricto sentido incoherente universal que puebla todo el mundo sin excepción, pero tengo que someterme a esa estúpidez forma de consevir la vida. Pero jamás, nunca en la vida, dejaré que me quiten el sentido común. Ya no hablamos de derechos humanos, ni de derecho a la vida, ni derecho de tercera generación, ni de respeto humano, ni de sentido de amor al prójimo, que bien podríamos hablar, sólo digo que no mencionaré ninguna de esas cosas para que nos entendamos todos mejor. Esto es sentido común. No toleraré jamás que se desate una estúpida guerra y que mueran personas que no tienen nada que ver con el conflicto. Si tú estás disgustado con tu vecino, si el presidente de Tetratolandia está molesto con el ministro de Triangulandia porque tienen divergencias económicas en tanto a modelo económico, y si quieren matarse a puñaladas para ver quién puede más, adelante, nadie se los impide (aunque yo no se los aconsejo, a decir verdad). Pero dejemos de lado al resto del mundo, ¿queréis?

Ahora sí, más cristianamente hablando...
... ¿con qué derecho puede un ser humano quitarle la vida a otro ser humano? ¿No, en serio, con cuál? Hablamos, damas y caballeros, no de un juguete o de un bloque de mármol, sino de vidas humannas, vidas que tienen valor en sí misma. ¿Cuán capacitado para dirigir un país está una persona que no respeta siquiera la vida de los semejantes? Basta ya. Si quieren tirar media vidas debatiendo en un recinto cerrado y caluroso, nadie se los impondrá (total, hay gustos para todos), pero por el amor de Dios, por las entrañas de misericordia de Jesucristo, dejad de dispensar muerte a vuestro paso. Es triste. Señores, tirar la vida porque sí es triste.

Recordemos por un momento, aunque más no sea, que somos hermanos, y dejemos a un lado todas nuestras diferencias para pensar un poquito más antes de tomar este tipo de desiciones.


En suma, si tomáramos conciencia de lo que nuestras desiciones pueden hacer sobre el resto del mundo, intentaríamos pensar antes de obrar como nos venga en gana. Lo dije hace un tiempo, lo vuelvo a repetir. Estamos al borde de un colapso social. Una crisis social como nunca antes se ha visto en la historia de la humanidad. Más grande que el nacimiento de la burguesía y el del proletariado, más grande que la crisis del treinta, más grande que las dictaduras de los sesenta y los setenta. Mucho más grande, y muchísimo más global, más insostenible y más tectónico (dícese de generar un movimiento císmico a nivel social). Una crisis que no afectará sólo a una nación o a un Estado, sino que afectará a todo el mundo y no dejará títere con cabeza. Latinoamérica no está a la vanguardia de nada, y la ilusoria unión entre los países latinoamericanos es una junta de neocomunistas y dictadores (pura cháchara, vamos). Los demás países del mundo... a decir verdad, creo que, por lo menos Estados Unidos resuma un neoliberalismo que arrasará con todo. ¿Conclusión? O dejamos de tocar el globo con bombardeos al estilo "juguemos a la batalla naval en grande", o afrontemos el hecho de que el colapso social se adelantará, y quizás no estemos en condiciones de afrontar guerras y crisis sociales al mismo tiempo. El mundo en sí, a pesar de lo que aparenta en una engañosa y calma superficie, se está convirtiendo en un tornado de caos y descontrol que no puede desembocar en un lugar placentero. Cuidado.

Recordemos que somos hermanos, que no somos bestias que se devoran entre sí, y tratemos de hacer algo mejor en busca del ideal utópico que yace en la alegría.

Cuando todo queda dicho, comienza a elevarse la poesía...
... ACLARACIÓN: Incluyo dos versiones de la poesía. Una es más corta y es la traducción poetizada del alemán al español (digamos que no es la versión completa, pero tiene una proliferación encantadora de vocabulario poético que no te deja indiferente. Luego tenemos la versión extendida, que, aún siendo más larga, no termina de ser todo el poema entero en español, sino sólo la versión traducida de los fragmentos que eligió Beethoven para el quinto movimiento de la novena sinfonía. El texto completo en alemán, por si alguien habla esa lengua, está aquí (es decir, en la página de Wikipedia).


Alegría, Luz Divina,
del Elíseo dulce lar,
inflamados alleguemos
Diosa, a tu celeste altar.
Une otra vez tu hechizo
a quienes separó el rigor.
Fraterniza el orbe entero
de tus alas al calor.


A quien el azar ha dado
la verdadera amistad,
quien consorte dulce halla,
ha sin par felicidad.
En la redondez terrena
suya un alma invocar!
A quien no le fuera dado
sumiríase en pesar!


En el seno de Natura
alegría liba el ser,
su florida vía sigue
males, bienes, por doquier.
Besos, vides, fiel amigo
hasta el morir nos dio;
el deleite, a los gusanos;
y al querube, un gran Dios.

Cual los soles en su vía
magna, juntos! oh! marchad!
y como héroes disfrutad
dicha, triunfos y felicidad!

Abrazaos, oh! millones!
Beso de la Humanidad!
Brinda celestial bondad
Padre a tu séquito sin par
Os postráis, oh! juntos
Ante el Creador Eterno
Busca en el azur, y reina
Sobre el plano etéreo.


La versión sin favor al verso (más literal).


¡Alegría, hermosa chispa de los dioses

hija del Elíseo!
¡Ebrios de ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
Tu hechizo vuelve a unir
lo que el mundo había separado,
todos los hombres se vuelven hermanos
allí donde se posa tu ala suave.



Quien haya alcanzado la fortuna
de poseer la amistad de un amigo, quien
haya conquistado a una mujer deleitable
una su júbilo al nuestro.
Sí, quien pueda llamar suya aunque
sólo sea a un alma sobre la faz de la Tierra.
Y quien no pueda hacerlo,
que se aleje llorando de esta hermandad.



Todos los seres beben la alegría
en el seno de la naturaleza,
todos, los buenos y los malos,
siguen su camino de rosas.
Nos dio ósculos y pámpanos
y un fiel amigo hasta la muerte.
Al gusano se le concedió placer
y al querubín estar ante Dios.



Gozosos, como los astros que recorren
los grandiosos espacios celestes,
transitad, hermanos,
por vuestro camino, alegremente,
como el héroe hacia la victoria.



¡Alegría, hermosa chispa de los dioses
hija del Elíseo!
¡Ebrios de ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
Tu hechizo vuelve a unir
lo que el mundo había separado,
todos los hombres se vuelven hermanos
allí donde se posa tu ala suave.



¡Abrazaos, criaturas innumerables!
¡Que ese beso alcance al mundo entero!
¡Hermanos!, sobre la bóveda estrellada
tiene que vivir un Padre amoroso.



¿No vislumbras, oh mundo, a tu Creador?
Búscalo sobre la bóveda estrellada.
Allí, sobre las estrellas, debe vivir.



¡Alegría, hermosa chispa de los dioses,
hija del Elíseo!
¡Ebrios de ardor penetramos,
diosa celeste, en tu santuario!
¡Abrazaos, criaturas innumerables!
¡Que ese beso alcance al mundo entero!
¿Os prostráis, criaturas innumerables?
¿No vislumbras, oh mundo, a tu Creador?
¡Búscalo sobre la bóveda estrellada!
Hermanos, sobre la bóveda estrellada
tiene que vivir un Padre amoroso.



¡Alegría, hija del Elíseo!
Tu hechizo vuelve a unir
lo que el mundo había separado
todos los hombres se vuelven hermanos
allí donde se posa tu ala suave.



¡Abrazaos, criaturas innumerables!
¡Que ese beso alcance al mundo entero!
¡Hermanos!, sobre la bóveda estrellada
tiene que vivir un Padre amoroso.



¡Alegría, hermosa chispa de los dioses,
hija del Elíseo!
¡Alegría, hermosa chispa de los dioses!


Para que no olvidemos que somos hermanos. Para no olvidar.


domingo, 12 de septiembre de 2010

Podríamos llamarle "tercera temporada"


Damas y caballeros...
... como ya anunciaba más abajo, el salón del estudio volvería a abrir sus puertas al conocimiento formal en principios de septiembre. El caso de la La Sociedad del Misterio me ha mantenido un tanto alejado del blog, pero ya estamos de vuelta y tengo algunos lindos enigmas para compartir con todos vosotros. Pero antes de esos enigmas, creo yo, convendría arrancar esta, si lo deseáis, tercera temporada de matemáticas en el salón del estudio, como siempre lo hemos hecho. Recordaréis que la tercera entrada del blog estuvo dedicada a hablar de matemáticas, y desde entonces, hasta el mes de diciembre de dos mil nueve, se publicaron regular e irregularmente (todo hay que decirlo) problemas de matemáticas y entradas alusivas a ello. En diciembre todo el blog respiró de matemáticas hasta abril de este año, y desde entonces se publicaron un par de problemas hasta junio, mes en que el blog entró, por así decirle, en una especie de stand by (exámenes y pereza general).

Hace poco han terminado mis vacaciones (¡quiero más!) lo que indica que es menester comenzar a darle vida a este blog con las matemáticas. Agradezco aquí a Jengibre, porque con sus anuncios y sus divertidísimas entradas sobre Cruz y Raya me ha hecho comenzar septiembre con una sonrisa y una carcajada, y lo que empieza bien... generalmente termina bien.

Pero las matemáticas en cuanto a problemas y curiosidades no son lo único que predominan en este blog, damas y caballeros. Referidas a las matemáticas se han publicado ya otras entradas. He allí la tercera entrada del salón, que habla de las matemáticas en cuanto ciencia para descubrir y pensar. También puede citarse la poesía de diciembre pasado, en la que me despido de las matemáticas por un tiempo. Se podría decir que la introducción y reapertura de abril es una entrada alusiva al papel que cumple la lógica lateral en nuestras vidas y a su importancia. En suma, todos los momentos resaltables de este blog con respecto al inicio o fin de las temporadas de matemáticas han estado revestidos o coronados con la entrada especial. Incluso creo recordar publicar una en cuanto a la educación y al enseñar al pensar.

Creo que, como comenzamos temporada (o arrancamos luego de un paroncito), convendría hacer lo propio. Pero esta vez no seré yo quien divague, sino el señor Paenza, personaje que tiene peso en este blog y en gran parte de mi vida. Se reproducirá a continuación el prólogo de su libro Matemáticas... ¿estás ahí? VOL2, en el que el señor Paenza explica los motivos por los que escribe el libro, aclara que las matemáticas no es la calculadora y que el matemático no es el "elegido" (lo mismo que dije yo en abril), y que las matemáticas, bien enseñadas, son seductoras... atractivas y llenas de una magia especial. Habla sobre la enseñanza de la matemática como herramienta para alcanzar un pensamiento crítico y racional. Habla de la matemática como instrumento para la perfección de la ciencia y la mejora en la sociedad. El problema de que la matemática esté recubierta del mito "me llevé matemática a febrero" es generado por los difusores de la matemática, con lo que es necesario que a través de la divulgación científica (ya sea por libros, revistas especializadas, periódicos y, en cierta y retorcida medida, este blog, así como todos los que dediquen aunque más no sea un párrafo a la matemática) es el medio por el cual se contrarreste esta imagen impositiva.

Pero vamos a la cita. Después de eso, al trabajo. Seguir escribiendo yo sería quitarle importancia a las palabras de un genio como Adrián Paenza. Sólo añadiré una cosita: La última anécdota de este prólogo yo ya la he contado (de una forma mucho más resumida) en el problema de la Eminencia (el primer problema de este blog), pero he decidido ponerla aquí para que aquel que no quiera llegar hasta allá (se llama vagancia XD) pueda tenerla más a mano. Enseña una gran lección: "Hasta el más grande debe permitirse decir 'no entiendo'". Y este es un tema que ya he tocado mucho por aquí, aunque nunca está de más repetirlo: Somos seres humanos falibles y nada perfectos. El razonador ideal o utópoico que nos presenta Arthur Conan Doyle difícilmente pueda plasmarse en la realidad. El reconocer que somos falibles, que no siempre lo lograremos al primer intento, que tenemos la posibilidad de caer siempre, y que siempre podremos levantarnos tras esas caídas, es lo que nos hace ser seres humanos. Más aún, estoy arriesgado a pensar que la verdadera sabiduría, como proponía en cierta medida Sócrates, está en reconocernos ignorantes de todo lo que creemos saber. Reconocer que no somos máquinas perfectas de razonamiento y que somos capaces de poder errar (de equivocarnos, de no entender, de no comprender), no es un signo de debilidad o estupidez. Todo lo contrario. Es lo más sano que podemos llegar a hacer, es un signo de valentía, de deseo de superarse a sí mismo, de vencer nuestras propias limitaciones, y es evidencia de una inteligencia natural. Como escribí en una ocasión, más sensato es aquel que sabiendo que no sabe pregunta para saber (he aquí el inmenso valor que tiene reconocer la ignorancia), que aquel que, aún sabiendo que no sabe, deja pasar el tiempo y no se esfuerza para saber.

Con ustedes, el señor Adrián Paenza.


Prólogo

La inequitativa distribución de la riqueza marca una desigualdad
ciertamente criminal. Unos (pocos) tienen (tenemos)
mucho; otros (muchos) tienen poco. Muchos más tienen casi
nada. La sociedad ha sido, hasta aquí, más bien indiferente a las
desigualdades de todo tipo. Se las describe, sí, pero en general
el dolor termina en hacer una suerte de catarsis que parece
“exculpadora”. Bueno, no es así. O no debería serlo. Hasta aquí,
ninguna novedad.
La riqueza no sólo se mide en dinero o en poder adquisitivo,
también se mide en conocimiento, o mejor dicho, debería
empezar por ahí. El acceso a la riqueza intelectual es un derecho
humano, sólo que casi siempre está supeditado al fárrago
de lo urgente (nadie puede pretender acceder al conocimiento
si antes no tiene salud, ni trabajo, ni techo, ni comida en su
plato). Así, todos tenemos un compromiso moral: pelear para que
la educación sea pública, gratuita y obligatoria en los niveles
primario y secundario. Los niños y jóvenes tienen que ir a estudiar,
y no a trabajar.
Con la matemática sucede algo parecido. Es una herramienta
poderosa que enseña a pensar. Cuando está bien contada es
seductora, atractiva, dinámica. Ayuda a tomar decisiones educadas
o, al menos, más educadas. Presenta facetas fascinantes que aparecen escondidas y reducidas a un grupo muy pequeño que las disfruta. Y es hora de hacer algo, de pelear contra el preconcepto de que la matemática es aburrida, o de que es sólo para elegidos.
Por eso escribí Matemática… ¿Estás ahí? Porque quiero que le demos una segunda chance. Porque quiero que la sociedad advierta que le estamos escamoteando algo y que no hay derecho a que eso suceda. Hasta aquí, quienes comunicamos la matemática hemos fracasado, no sólo en la Argentina sino en casi todo el mundo.
Ha llegado la hora de modificar el mensaje. Obviamente, no soy el primero ni seré el último, pero quisiera ayudar a abrir el juego, como lo hice durante más de cuarenta años con alumnos de todas las edades. La matemática presenta problemas y enseña a disfrutar de cómo resolverlos, así como también enseña a disfrutar de no poder resolverlos, pero de haberlos “pensado”,porque entrena para el futuro, para tener más y mejores herramientas, porque ayuda a recorrer caminos impensados y a hacernos inexorablemente mejores.
Necesitamos, entonces, brindar a todos esa oportunidad.
Créanme que se la merecen.

Enseñar a pensar

El mundo académico se nutre de la circulación libre de
información. Cada uno aporta (literalmente) un granito de arena, y así se hace cada ladrillo. A veces viene un Newton, un Einstein, un Bohr, un Mendel, y trae él solo treinta ladrillos, pero en general es así: granito a granito.
ANÓNIMO
Miguel Herrera fue un gran matemático argentino, director de muchas tesis doctorales, en la Argentina y también en el exterior.
Lamentablemente, falleció muy joven. Herrera se graduó en Buenos Aires y vivió muchos años en Francia y los Estados Unidos, para luego retornar al país, donde permaneció hasta su muerte. Quiero aprovechar para contar una anécdota que viví con él y que me sirvió para toda la vida.
Luego de graduarme como licenciado (a fines de 1969), estuve por unos años fuera de la facultad trabajando exclusivamente como periodista. Una noche, en Alemania, más precisamente en Sindelfingen, donde estaba concentrado el seleccionado argentino de fútbol, comenté con algunos amigos que al regresar al país intentaría volver a la facultad para saldar una deuda que tenía (conmigo): quería doctorarme. Quería volver a estudiar para completar una tarea que, sin la tesis, quedaría inconclusa. Era un gran desafío, pero valía la pena intentarlo.
Dejé por un tiempo mi carrera como periodista y me dediqué de lleno a la investigación y a la docencia en matemática.
Luego de un concurso, obtuve un cargo como ayudante de primera con dedicación exclusiva, y elegí como tutor de tesis al doctor toral a Ángel Larotonda, quien había sido mi director de tesis de licenciatura. “Pucho” (así le decíamos a Larotonda) tenía muchísimos alumnos que buscaban doctorarse. Entre tantos,
recuerdo los nombres de Miguel Ángel López, Ricardo Noriega, Patricia Fauring, Flora Gutiérrez, Néstor Búcari, Eduardo Antín, Gustavo Corach y Bibiana Russo.
Doctorarse no era fácil. Requería (y requiere) no sólo aprobar un grupo de materias sino, además, escribir un trabajo original y someterlo al referato de un grupo de matemáticos para su evaluación. La tarea del tutor es esencial en ese proyecto, no sólo por la guía que representa, sino porque lo habitual es que sea él (o ella) quien sugiera al aspirante el problema a investigar y, eventualmente, resolver.
La situación que se generó con Pucho es que éramos muchos, y era muy difícil que tuviera tantos problemas para resolver, y que pudiera compartirlos con tantos aspirantes. Recuerdo ahora que cada uno necesitaba un problema para sí. Es decir que cada uno debía trabajar con su problema. La especialidad era Topología Diferencial. Cursábamos materias juntos, estudiábamos juntos, pero los problemas no aparecían.
Algo nos motivó a tres de los estudiantes (Búcari, Antín y yo) a querer cambiar de tutor. No se trataba de ofender a Larotonda,
sino de buscar un camino por otro lado. Noriega ya había optado por trabajar con el increíble Luis Santaló y nosotros, empujados y estimulados por lo que había hecho Ricardo, decidimos cambiar también. Pero ¿a quién recurrir? ¿Quién tendría problemas para compartir? ¿Y en qué áreas? Porque, más allá de que alguien quiera y posea problemas para sus estudiantes, también importa el tema: no todos son igualmente atractivos, y cada uno tenía sus inclinaciones particulares, sus propios gustos.
Sin embargo, estábamos dispuestos a empezar de cero, si lográbamos que alguien nos sedujera.
Así fue como apareció en nuestras vidas Miguel Herrera, quien recién había vuelto al país después de pasar algunos años
como investigador en Francia. Reconocido internacionalmente por su trabajo en Análisis Complejo, sus contribuciones habían sido altamente festejadas en su área. Miguel había formado parte del grupo de matemáticos argentinos que emigraron luego del golpe militar que encabezó Juan Carlos Onganía en 1966, y se fue inmediatamente después de la noche infame de “los bastones largos”. Sin embargo, volvió al país en otro momento terrible, porque coincidía con otro golpe militar, esta vez el más feroz de nuestra historia, que sometió a la Argentina al peor holocausto del que se tenga memoria.
Pero vuelvo a Herrera: su retorno era una oportunidad para nosotros. Recién había llegado y todavía no tenía alumnos. Lo fuimos a ver a su flamante oficina y le explicamos nuestra situación.
Miguel nos escuchó con atención y, típico en él, dijo: “¿Y por qué no se van al exterior? ¿Por qué se quieren quedar acá con todo lo que está pasando? Yo puedo recomendarlos a distintas universidades, tanto en Francia como en los Estados Unidos.
Creo que les conviene irse”.
Me parece que fui yo el que le dijo: “Miguel, nosotros estamos acá y no nos vamos a ir del país en este momento. Queremos preguntarte si tenés problemas que quieras compartir con nosotros, para poder doctorarnos en el futuro. Sabemos muy poco del tema en el que sos especialista, pero estamos dispuestos a estudiar. Y en cuanto a tu asesoramiento y tutoría, hacé de cuenta que somos tres alumnos franceses, que llegamos a tu oficina en la Universidad de París y te ofrecemos que seas nuestro director de tesis. ¿Qué nos vas a contestar? ¿Váyanse
de París?”.
Herrera era el profesor titular de Análisis Complejo. Al poco tiempo, Antín, en su afán de convertirse en crítico de cine y árbitro de fútbol (entre otras cosas), decidió bajarse del proyecto, pero Néstor Búcari (a partir de aquí “Quiquín”, su sobrenombre) y yo fuimos nombrados asistentes de Herrera y jefes de trabajos prácticos en la materia que dictaba. Si uno quiere aprender algo, tiene que comprometerse a enseñarlo… Ése fue nuestro primer contacto con nuestro director de tesis. Empezamos por el principio. La mejor manera de recordar lo que habíamos hecho cuando tuvimos que cursar Análisis Complejo (y aprobarla, claro) era tener que enseñarla. Y así lo hicimos.
Pero Quiquín y yo queríamos saber cuál sería el trabajo de la tesis, el problema que deberíamos resolver, Herrera, paciente, nos decía que no estábamos aún en condiciones de entender el enunciado, y ni hablar de tratar de resolverlo. Pero nosotros, que veníamos de la experiencia con Pucho, y nunca lográbamos que nos diera el problema, queríamos saber.
Un día, mientras tomábamos un café, Herrera abrió un libro escrito por él, nos mostró una fórmula y nos dijo: “Éste es el primer problema para resolver. Hay que generalizar esta fórmula.
Ése es el primer trabajo de tesis para alguno de ustedes dos”.
Eso sirvió para callarnos por un buen tiempo. En realidad, nos tuvo callados por mucho tiempo. Es que salimos de la oficina donde habíamos compartido el café y nos miramos con Quiquín, porque no entendíamos nada. Después de haber esperado tanto, de haber cambiado de director, de cambiar de tema, de especialidad, de todo, teníamos el problema, sí… pero no entendíamos ni siquiera el enunciado. No sabíamos ni entendíamos lo que teníamos que hacer.
Ésa fue una lección. El objetivo entonces fue hacer lo posible, estudiar todo lo posible para entender el problema. Claro, Herrera no nos dejaría solos. No sólo éramos sus asistentes en la materia para la licenciatura que dictaba sino que, además, nos proveía de material constantemente. Nos traía papeles escritos por él o por otros especialistas en el tema, y trataba de que empezáramos a acostumbrarnos a la terminología, al lenguaje, al tipo de soluciones que ya había para otros problemas similares.
En definitiva, empezamos a meternos en el submundo del Análisis Complejo. Por un lado, dábamos clases y aprendíamos casi a la par de los alumnos. Resolvíamos las prácticas y leíamos tanto como podíamos sobre el tema. Además avanzábamos por otro lado, e íbamos acumulando información al paso que él nos indicaba.
Quiquín fue un compañero fabuloso. Dotado de un talento natural, veía todo mucho antes que yo, y fue una guía imposible de reemplazar. Yo, menos preparado, con menos facilidad, necesitaba de la constancia y la regularidad. Y ése era y fue mi
aporte a nuestro trabajo en conjunto: él ponía el talento y la creatividad; yo, la constancia y la disciplina. Todos los días, nos encontrábamos a las ocho de la mañana. No había días de frío,
ni de lluvia, ni de calor, ni de resaca de la noche anterior: ¡teníamos
que estar a las ocho de la mañana sentados en nuestra oficina,
listos para trabajar! Para mí, que tenía auto, era mucho más
fácil. Quiquín venía de más lejos y tomaba uno y, a veces, dos
colectivos.
Lo que siempre nos motivaba y nos impulsaba era que a las
ocho, cuando recién nos habíamos acomodado, alguien golpeaba
sistemáticamente a la puerta. Miguel venía todos los días a
la facultad a ver qué habíamos hecho el día anterior: qué dificultades
habíamos encontrado, qué necesitábamos. Así construimos
una relación cotidiana que nos sirvió para enfrentar
muchas situaciones complicadas y momentos de dificultad en los
que no entendíamos, no nos salía nada y no podíamos avanzar.
Encontrarnos todos los días, siempre, sin excepciones, nos permitió
construir una red entre los tres que nos sirvió de apoyo
en todos esos momentos de frustración y fastidio.
El problema estaba ahí. Ya no había que preguntarle más
nada a Herrera. Era nuestra responsabilidad estudiar, leer, investigar,
preocuparnos para tratar de entender. Con Quiquín siempre
confiamos en Miguel, y él se ganó nuestro reconocimiento no
por la prepotencia de su prestigio, sino por la prepotencia de su
trabajo y su constancia. Miguel estuvo ahí todos los días.
Una mañana, de las centenares que pasamos juntos, mientras
tomábamos un café, nos miramos con Quiquín y recuerdo que
nos quedamos callados por un instante. Uno de los dos dijo algo
que nos hizo pensar en lo mismo: ¡acabábamos de entender el
enunciado! Por primera vez, y a más de un año de habérselo
escuchado a Miguel, comprendíamos lo que teníamos que hacer.
De ahí en adelante, algo cambió en nuestras vidas: ¡habíamos
entendido! Lo destaco especialmente porque fue un día muy feliz
para los dos.
Un par de meses más tarde, un día cualquiera, súbitamente
creímos haber encontrado la solución a un problema que los
matemáticos no podían resolver hacía ya siglos. ¡No era posible!
Teníamos que estar haciendo algo mal, porque era muy poco
probable que hubiéramos resuelto una situación que los expertos
de todo el mundo investigaban desde tanto tiempo atrás. Era
más fácil creer (y lo bien que hicimos) que estábamos haciendo
algo mal o entendíamos algo en forma equivocada, antes que
pensar que pasaríamos a la inmortalidad en el mundo de la
matemática. ¡Pero no podíamos darnos cuenta del error!
Nos despedimos esa noche, casi sin poder aguantar hasta el
día siguiente, cuando llegara Miguel. Lo necesitábamos para
que nos explicara dónde estaba nuestro error. Por la mañana,
Miguel golpeó a la puerta como siempre, y nos atropellamos
para abrirle. Le explicamos lo que pasaba y le pedimos que nos
dijera dónde nos estábamos equivocando. Entrecerró los ojos y
sonriente dijo: “Muchachos, seguro que está mal”. No fue una
novedad; nosotros sabíamos que tenía que estar mal. Y comenzó
a explicarnos, pero nosotros le refutábamos todo lo que
decía. Escribía en el pizarrón con las tizas amarillas con las que
siempre nos ensuciábamos las manos, pero no había forma.
Peor aún: Miguel empezó a quedarse callado, a pensar. Y se
sentó en el sofá de una plaza que había en la oficina. Tomó su
libro, el libro que él había escrito, leyó una y otra vez lo que
él había inventado y nos dijo, lo que para mí sería una de las
frases más iluminadoras de mi vida: “No entiendo”. Y se hizo
un silencio muy particular.
¿Cómo? ¿Miguel no entendía? ¡Pero si lo había escrito él!
¿Cómo era posible que no fuera capaz de entender lo que él
mismo había pensado?
Esa fue una lección que no olvidé nunca. Miguel hizo gala de
una seguridad muy particular y muy profunda: podía dudar, aun
de sí mismo. Ninguno de nosotros iba a dudar de su capacidad.
Ninguno iba a pensar que otro había escrito lo que estaba en su
libro. No. Miguel se mostraba como cualquiera de nosotros…
falible. Y ésa fue la lección. ¿Qué problema hay en no entender?
¿Se había transformado acaso en una peor persona o en
un burro porque no entendía? No, y eso que se daba el lujo de
decir frente a sus dos alumnos y doctorandos que no entendía
lo que él mismo había escrito.
Por supuesto, no hace falta decir que después de llevárselo
a su oficina, y de dedicarle un par de días, Miguel encontró el
error. Ni Quiquín ni yo pasamos a la fama, y él nos explicó en
dónde estábamos equivocados.
Con el tiempo nos doctoramos, pero eso, en este caso, es lo
que menos importa.
Miguel nos había dado una lección de vida, y ni siquiera lo
supo ni se lo propuso. Así son los grandes.


Creo que todos saben bien qué significa esto. Las matemáticas han vuelto al blog (Jengibre se agarra la cabeza con ambas manos y grita "noooooooooooooo"). El señor Paenza ha sido el que abre esta nueva temporada de Matemática a la carga.

Estad atentos. Pronto puede llegar un nuevo problema en el que la lógica lateral y el pensamiento analítico sea indispensable. Lo dicho, ¡estad atentos!

(cómo me gusta decir eso)

¡Matemática a la carga!

domingo, 22 de agosto de 2010

Aún no he muerto



Y aunque muchos ya habían comenzado a descorchar el champagne (lo admito, no tengo ningún enemigo potencial homicida... a excepción del gremio de carteros, el gremio de camioneros, los dentistas, los guías del zoológico... mejor paro aquí), continúo vivito y coleando. La razón por la que no estoy publicando nada es...
... hem... como aprendí en Historia, las razones de un hecho histórico en particular son muchas y muy variadas, y hay que lograr entenderlas en un contexto social y económico determinado para conseguir comprender en cabalidad el hecho en cuestión. El hecho en este caso es la falta de publicación. Las razones son algunas cuantas:


  • Tras varios meses sin poder hacerlo a causa de tener que encontrar eso que en el mundo literario se denomina "voz propia", estoy volviendo a escribir y quiero retornar al género policial con un cuento clásico como los que a mí me gustan. Como dijo Julio Cortázar en una ocasión: "Al intentar buscar la forma más original para contar un cuento he llegado a hacer de la escritura un pasatiempo desagradable". Esto tiene que aplicarse en otro sentido a mi caso. Como hacer cuentos policiales incluye tener que revisar todas las pruebas y evidencias para que todo salga como debe salir (que no se presenten errores, incoherencias, medias verdades, cabos sueltos y demás), tengo que estudiar meticulosamente las pruebas y hacer un orden cronológico inverso. Además de esta parte técnica del relato (que podría resumirse en pensar dos historias e invertir una para comenzar por el final, llegar al nudo y terminar en el principio), debo pensar en los detalles más intrincados de la literatura. Esto, a pesar de que se pueda tomar como un pasatiempo científico, no deja de ser literatura, y la literatura, damas y caballeros, tiene que ser bella. Y la belleza en los cuentos policiales se consigue difícilmente, porque se tiene que crear un secreto para ocultar... pero este secreto tiene que ser digno de ser ocultado. Los personajes, el culpable, el misterio, el juego perfecto de equilibrio entre la luz de la razón y las tinieblas del misterio... todo eso entra en juego, y como se debe trabajar con conceptos opuestos y conjugarlos en una unidad literaria con sentido autónomo, lo cierto es que en ocasiones resulta desgastante escribir estos cuentos y, en cierto sentido, son un desafío, tanto para mi parte analítica y racional (para la parte del científico), como para la parte más poética y literaria (para la parte del escritor a modo de prueba). Es algo que me ayuda a crecer de una forma literaria y también científica, pero sigue resultando en un desgaste mental y en un duro trabajar que no experimento con otros cuentos fuera del género policial y que, por consiguiente, me proponen un reto y nuevas experiencias. En suma, termino algo cansado después de escribir y editar... ¿Entendéis ahora porqué no he publicado en estos últimos tiempos?
  • Estoy enfermo. Pero estoy enfermo lo que se dice maltrecho. A ver. He tenido fiebre, catarro, mucosa nasal, flemas, tos de perro y tos de perro fumador, vómito y, para peores de males, desde ayer tengo el oído tapado. Esto último resulta ser lo más curioso, ¿no os parece? Porque ¿por qué motivo tengo el oído tapado? Esta mañana he probado con cucuruchos ardiendo para ver si es aire y, efectivamente, ha salido una considerable cantidad de aire de allí dentro (y quizás el catarro también sea causante de todo esto). Resta esperar que todo esto se pase lo más pronto posible, porque es un verdadero engorro estar en cama.
  • Modificaciones en el blog. Si los bibliotecarios del salón son, como creo firmemente, personas observadoras y atentas a su alrededor, notarán que el salón está sufriendo, no de forma brusca, pero sí progresivamente, algunos cambios para mejorar su funcionamiento y su diseño. En principio se han agregado los botones para enviar las entradas por Facebook, Twiter y demás redes sociales. Tenemos también el marco de reacciones a modo de prueba, con lo que, si veo que no tiene mucha utilidad o no es muy reconocido, terminaré quitándolo para no ocupar espacio de forma innecesaria en un blog en el que, de por sí, las entradas ya tienen una longitud bastante amplia. Tenemos la eliminación de tres gadgets de la barra lateral, con lo que el blog está respirando de un modo mucho más suelto, y el contenido de esos gadgets (frases y reflexiones sobre diversos temas) se puede encontrar en la página de este salón titulada Reflexiones y sabidurí. Se ha añadido un nuevo gadget en la barra lateral. Como sabéis, el salón cuenta con un marcador que indica la cantidad de coordinadores que organizan charlas, crean entradas y proponen temas; con un gadget en específico para señalar cuántos bibliotecarios se pasan por aquí de vez en cuando para ver las novedades; con otro gadget para contabilizar el número de visitas que ha tenido este blog desde agosto del año pasado, y, más recientemente, una nueva incorporación... el gadget que presenta la cantidad de personas que hay deambulando en el salón al mismo tiempo. No tiene mucha utilidad, pero resulta práctico para saber cuánta gente hay por aquí mientras estoy caminando por el blog y haciendo nuevas entradas.
  • Las modificaciones continúan, damas y caballeros, pero la actividad no se va a detener tan fácilmente en este salón. Si bien las modificaciones llevan su tiempo, se van haciendo de a poco y no influyen en la publicación del blog (es decir, si hasta ahora la publicación del blog era escasa, seguirá siendo escasa). No obstante, las vacaciones tocan a su fin, y es menester ponerse a la tarea de crear nuevos enigmas y seguir adelante en el camino del conocimiento y del saber.
  • En otras noticias, y quizás esto pueda aletargar la publicación, este mismo lunes se abrirá en La Sociedad del Misterio un nuevo caso después de algunos meses de inactividad. Como la Sociedad es un blog abierto a todo el público, yo, al menos, no he visto ningún lugar en donde diga lo contrario, todos los lectores de este blog que se sientan interesados quedan invitados libremente a participar de la investigación del nuevo caso (aún no hay datos, pero sí sé que será el caso nº 00025).


Después de estas explicaciones, con vuestro permiso, a seguir escribiendo y reparando. Y a hacer reposo, por supuesto.

¡Elen síla lumenn omentielmpo!


jueves, 22 de julio de 2010

El día en que se publicaron tres entradas en el salón del estudio: Reflexines sobre los exámenes




  1. El estudio pormenorizado de la Historia revela una sola cosa: El ser humano es una de las criaturas más tontas que han pisado la faz de la tierra.
  2. Rindiendo Música te das cuenta de que los profesores no tienen en claro el concepto de "incertidumbre".
  3. En la Música no hay ninguna certeza; nadie puede saber de dónde exactamente viene el término "barroco", porque tiene distintos orígenes. Que nadie venga a decirme que ha descubierto cuál es el verdadero y no traiga ninguna prueba de ello que sea más consistente que "es la que más me gusta a mí".
  4. Hombre, le he enseñado a esta amiga voluntaria que me graba los apuntes a leer una partitura, le he explicado todos los signos musicales y ahora es capaz de leerme hasta las armaduras de clave (que no salían en la carpeta de esta alumna). ¿Por qué diantres tengo que rendir esto si ya me lo sé?
  5. En Química. "A ver... ¿Por qué creés vos que machacamos tanto con reactivo limitante y en exceso y el rendimiento teórico y rendimiento real?". "Hombre, ¿qué pregunta es esta? ¡Esto no estaba en el manual!". "Porque si trabajo en un laboratorio necesito tener en cuenta el costo económico de los reactivos para limitarme a usar lo necesario y no desperdiciar cosas muy difíciles de obtener?".
  6. Con relación a lo anterior: He descubierto que el dinero no sólo mueve la Historia, sino que también mueve la Química.


Ahora una serie de diálogos con respecto a la preparación de los exámenes...

Mi profesor de Química y yo en revisión de tabla periódica...

... —¿recordás cómo se denominan los lantánidos y actínidos en la tabla periódica?
—Sí, tierras ráridas.


En Lengua y Literatura...

—... entonces tenemos dos tipos de construcciones: las endocéntricas y las exocéntricas. Las exorreicas...
—... ¿profesora, en qué momento pasamos a Geografía física?


En Matemáticas...

—... ahora bien, suponiendo que he logrado sacar de dónde viene el 1/4 agregada a la función polinómica para obtener la canónica, y si tenés fé en lo que yo te diga...
—... profesora —repongo en un tono de voz cansado que en la grabación suena muy bien—, yo tengo fé en usted, como Palito Ortega, yo creo en el amor...


En Historia...

—Cielos, ¡tengo que estudiar diez casetes de Historia! A ver, qué hay por aquí... Hum... ya empezamos mal, mi querida S... Mirá que no grabarme el programa al principio. Bueno, me lo grabó al final. —Escucho los diez casetes de Historia—. Ala turca, que este año se viene duro el repasadón final... A ver qué dice el programa.

Conclusión: S... me grabó todo el libro, y lo que pedía el programa eran menos de noventa páginas de un libro que tenía trescientas sesenta. Conclusión nº 2: He ampliado mi conocimiento y ya sé para otra vuelta.

En Química, mientras estudiamos molaridad y unidades de concentración químicas...

—... decimos que la molaridad es la relación entre un mol de un compuesto sobre mil mililitros de solución. La molalidad, a diferencia de todas las demás relaciones físicas y químicas, se caracteriza por relacionar cantidad de soluto con cantidad de solvente... Entonces siempre vamos a escribir 0,5M, que se dice "molar", que no viene de muela. Moralidad...
—... y ética es lo que les falta a los políticos...


Entre S... y yo tratando de enseñarle a S... lo suficiente como para que me leyera las partituras que había en la carpeta prestada...

—No puede ser —digo rendido.
—¿Qué pasa, Nico?
—Que por lo que vos me estás diciendo, es imposible que esta chica le haya errado en todas las equivalencias con las figuras rítmicas.
—¿Por qué?
—Porque es lo mismo que decir que esta chica se convirtió en Escolta Nacional de la Bandera sin saber sumar.
Nos sumimos en un profundo silencio para pensar claramente todo. Se me ocurre una idea brillante y miro (por favor, hay que entender ese "miro" en sentido figurado, pero en sí, dirijo mi rostro hacia donde sé que se encuentra la voluntaria), y pregunto.
—Por casualidad... ¿no hay un puntito a la derecha de las figuras rítmicas que me estás leyendo?
—Sí, pero no te lo decía porque creía que era un punto y ya.


A esto siguieron unos cinco minutos de risa histérica por parte de ambos. Luego S... añadió.

—Pará, hay algo que no entiendo: ¿Si vos me estás enseñando a mí esto, por qué tenés que rendir Música?
—¡Hey!... Es cierto. Si yo te enseño esto, por qué tengo que rendir Música?


En Matemática, racionalizando...
—... resolviendo la diferencia de cuadrados nos quedaría 42 - Raís de dos a la dos. ¿Cuánto dá cuatro al cuadrado?
—Ocho...
—Bien, el índice y el exponente de la raíz se suprimen y queda un dos solito... Ocho menos dos es igual a seis, que queda como denomina... ¿Cuatro elevado al cuadrado es ocho?
—Error de cálculo.


En Química...

—¿Qué tal el fin de semana, Nicolás?
—Como el Óxido fosfórico al que se le han añadido tres moléculas de agua. ¿Y el suyo, profesora?
—Igual, pero como nombrar a una cadena saturada de hidrocarbonos acíclicos.


Eso es demostración de ser sutiles a la hora de decir malas palabras para referirse a los fin de semana de perro.

En Química, estudiando reactivo limitante y en exceso...

—Para lograr entender con un ejemplo más cotidiana (y más acorde a esta hora de la mañana) los reactivos limitantes y en exceso, supongamos que tenemos seis fetas de jamón y diez revanadas de pan para hacer sandwiches. Para cada sandwich necesitamos una feta de jamón y dos revanadas de pan. ¿Cuál es el reactivo en exceso?
—La feta de jamón que me como yo cuando nadie me mira, obvviamente.

Esa misma noche, en mi casa, a las tres de la madrugada, me despierto con un hambre atroz y recuerdo el jamón...

—¿Mamá, tenemos jamón?


Estas son las reflexiones, diálogos y conclusiones de este periodo educativo de mi vida que va desde marzo hasta esta mañana, así que si hay alguna laguna... bueno, si hay alguna laguna conformaros con lo que tenéis, que hay material de sobra para reírse aquí un buen rato. ¡Qué hacéis que no os estáis riendo a carcajadas! Voy a tener que contratar a ciertos matones de cierta escritora de este blog para que comience a presionar para que se rían de mis chistes y situaciones cómicas. ¡Quiero escuchar mil carcajadas!

Vamos, la mía es una forma muy particular de estudiar, y me quieren hacer cambiar tanta diversión alegría y risas por ir a una clase fría, con una docente malhumorada y un grado más dispuesto a la joda insana que al aprendizaje formal y didáctico. Vale, como que lo del Ácido ortofosfórico no es demasiado formal, pero sí es sutil.

Como cierto apéndice, añado que este vídeo, este y este me ayudaron a estudiar Lengua (los dos primeros) e Historia (el último).
Es que es increíble, es verdaderamente increíble lo que se puede tomar para reír y lo pedagógico que a veces puede llegar a resultar.

Así, damas y caballeros, damos por cerrado por completo el ciclo de seis primeras materias de quinto año. Soy Sir Nícolas Vásquez de Aragón, desde ARgentina para El salón del Estudio. Muchas gracias.

P.S. Hombre, el último párrafo es una verdadera ida de olla.

lunes, 21 de junio de 2010

Ipocrecía política III: Manuel, morí un día más tarde para que nos quede bien el fin de semana largo

(lo han hecho, se han choreado la h y encima le han dicho al pobre Belgrano que muera un día más tarde)




Hubo una razón particular para que yo no quisiera hablar de política en este blog; la susodicha razón se resume en que, una vez iniciado en el noble arte de la crítica política, no iba a poder dejar de escribir sobre esto. En sí, resulta de utilidad en ciertas ocasiones. Vamos a lo que nos compete, porque tengo deberes pendientes y un pilón de apuntes por estudiar.

Ayer fue veinte de junio. Ayer fue el día del padre por estos lares. Ayer también fue el aniversario de Los cuentos del hada Jengibre. Pero ayer, como día especial para el país donde "había" minas de plata, fue el día de la Bandera, homenaje al fallecimiento de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús. ¿Por qué escribí el nombre completo? En principio, porque me gusta el nombre; en segundo lugar, porque es uno de los próceres más grandes, renombrados y extraordinarios de toda la historia argentina.

Manuel Belgrano nació el tres de junio de 1770 en la provincia de Buenos Aires, en el Virreinato del Río de la Plata. Hijo de una santiagueña y de un italiano. Estudió en Francia Derecho e intervino firmemente en la lucha por la independencia de el país argentino. Escribió muchos puntos que servirían como base a la declaración de independencia del Paraguay, y otros puntos que Juan Bautista Alberti usaría para la redacción de la Constitución Nacional Argentina en el 1853. Bocal de la Primera Junta, instituida tras el derrocamiento del Virrey Cisneros. Militar, a pesar de no tener ningún conocimiento sobre el ejército; comandó el Ejército del Norte, intervino en el Éxodo de Jujuy, lideró las Batallas de Tucumán y Salta, comandó las Campañas al Alto Perú, y entregó el Ejército del Norte en manos de José de San Martín. Hoy en los colegios se lo recuerda sólo como el creador de la Bandera Nacional, cuando en realidad fue uno de los que entregó su vida, su tiempo y su fuerza en la lucha para la independencia del pueblo. Sus estudios estuvieron marcados, en Europa, por la tendencia liberal e iluminista que se vivía en Francia hacia el 1789. Fervoroso creyente de la Iglesia Católica, obteniendo un permiso especial del Sumo Pontífice para poder acceder a textos prohibidos por la Santa Cede. Durante toda su vida, hasta el momento de su muerte, sostuvo en alto una bandera de libertad y justicia, de paz y de amor, de orden y de honor, de fe y esperanzan en Dios.

Murió solo, abandonado a las garras de la hidroprecía. En la extrema pobreza, en la absoluta soledad, en el olvido y en un profundo clima de agitación pollítica, a los cincuenta años, en la ciudad de Buenos Aires, moría Manuel Belgrano el veinte de junio de 1820. Cuando murió él, y esto lo agrega un servidor, murió en el país naciente una de las mentes más lúcidas y claras de la revolución de mayo, de la independencia argentina. Cuando murió, sólo un periódico se hizo eco de tan trágica muerte. Al morir, pobre como moría, pagó con su reloj de oro al médico que estuvo a su lado hasta la muerte. Cuando el médico negó recibir la paga, Belgrano tomó su mano con las pocas fuerzas de la que era capaz y le puso el reloj en ella. Ese reloj fue robado por alguien que no tenía nada mejor que hacer hace tres años. Hoy nadie recuerda ya el robo. Hoy nadie ya recuerda a Belgrano como un hombre de carne y hueso, sólo como un retrato en los libros de Historia. Porque Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús fue un hombre de carne y hueso que tuvo que hacer frente a la corrupción, a la hipocrecía, a la opresión y a un país que pugnaba por ser libre. Morenista hasta la muerte, apoyó incondicionalmente, junto con su primo, Juan José Castelli, a Mariano Moreno, y los tres fueron puntos referenciales para la independencia del país. Los tres murieron. Solos, abandonados, olvidados. Dos de ellos silenciados. Silenciados por una maldita sombra del ser humano, una maldita sombra que cubre los corazones de aquellos que querían evitar la libertad del pueblo. Aquellos que, por dinero, ambición, poder o avaricia, entregaron sus corazones a la pérfida tarea de extinguir las luces que iluminaban el camino hacia la libertad.

Fueron héroes, damas y caballeros, pero no lo fueron por haber estado en batallas, sino por hacer de sus vidas una eterna lucha entre la libertad y la esclavitud, entre lo correcto y lo corrupto, entre lo honesto y lo turbio. Fueron héroes no por haber luchado con armas y fuciles, sino por haber arriesgado sus vidas —y haber perdido sus vidas— por no quedarse callados ante las injusticias y gritar "¡queremos libertad!". Ellos son los verdaderos argentinos que dieron ejemplo con su vida. Ellos tuvieron el coraje para plantarse y gritar ante la injusticia, aún sabiendo que sus vidas peligraban grandemente. Belgrano fue un héroe. No sabía agarrar una escopeta y tenía el conocimiento militar de lo que yo conozco de fútbol, pero él era, es y será siempre un argentino como la gente. Él, ellos, son los verdaderos héroes, lo hacedores de la patria, los luchadores por un sueño que no se ha hecho realidad. Ellos son el ejemplo de el "no". "no" a la injusticia. "No" al soborno. "No" a la ganancia fácil. "No" a la corrupción. "No" a las manipulaciones oscuras. Ellos son el ejemplo del "sí". "Sí" a lo claro y transparente. "Sí" al respeto y al orden. "Sí" a la solidaridad y a la prudencia. "Sí" al bienestar social y a la ayuda mutua. "Sí" a una sociedad libre de toda cadena o atadura. Ellos, no Cristina Kichner, no Menem, no de la Rúa, no Duahlde, no Videla, no Isabel de Perón, no otros son los verdaderos argentinos.

Centrémosnos.

Ciento noventa años después de la muerte de uno de los pocos argentinos de la historia, ciento noventa años después de la muerte de una luz en el camino de la independencia, de una persona sublime y que debe ser recordada, un hombre de verdad argentino, viene una ramera de poca monta con el título de presidente de la nación (lo siento, pero no me veo en facultades de ponerlo con mayúscula). Esta ramera de poca monta se pone a pensar en el año del bicentenario: "A ver... el veinte de junio me cae domingo... se me corta el chorro para generar turismo... plata... ¡¡¡plata.... plata.... plata!!!... no... no... ¡perder plata es un pecado! ... ... ¡plata... no toquen mi plata... la plata del pueblo... de "mi" Estado... de "mi" pueblo... """MI""" plaaaataaaa! No, lo cambiemos al lunes veintiuno, así todos contentos y hay fin de semana largo... turismo... plata... ropa... cirujías estéticas... zapatos.... Pará. ¿Qué vas a hacer si te preguntan porqué lo hacés así? Simple, mando una excusa del estilo: 'En los días de la patria es mejor que los trabajadores argentinos, que luchan todo el año por una patria mejor, descansen en sus casas'. ¡Soy una genio!".

He ahí el razonamiento de nuestra querida Cristina Kichner. Sí, la insulto, pero lo cierto es que no puedo tenerle ningún respeto a una persona así. Sí puedo sentir lástima por una persona con un corazón tan muerto, pero no me voy a amilanar porque ella tenga un título y yo sólo sea un joven. La presidente, amigos del salón (por cierto, ya estoy pensando en hacer un salón literario al estilo de Generación del 37 para hacer rebeliones a través de cuentos y esas cosas), está intentando encubrir un motivo meramente económico usando como pantalla el descanso y el bienestar.


  1. Manuel Belgrano murió el veinte de junio. No me jodan. Si el veinte de junio murió Belgrano, hay que recordarlo el veinte de junio. Si el veinte de junio cae domingo... Bueno, no sé si hay que mover el descanso. El domingo, por sí mismo, es un día para descansar.
  2. Se establece por constitución que los feriados no son móviles. Veinticinco de mayo, veinte de junio y diecisiete de agosto, al menos, no deben moverse de lugar. Claro, la presidente siempre puede decretar que el veinticuatro de mayo sea feriado, total... decreto va... decreto viene...
  3. Es una actitud chiquilina intentar sostener esta farza pretendiendo el descanso de los trabajadores. Los trabajadores de la Municipalidad de Córdoba, de Salta, de Buenos Aires y de todas las provincias en general (la Municipalidad es como le decimos aquí al Ayuntamiento) se pasan media mañana tomando café, mate, pan criollo y sopa en sobrecitos. Por el mediodía tienen el almuerzo. A la tarde trabajan dos horas y a otra cosa mariposa. Sí, porque los trabajadores hacen taaaanto trabajo.
  4. El círculo cierra cuando sabemos que Kichner tiene un hotel de súper-mega-dúper-ultra-pluscuan-lujoso en el sur que le da dividendos millonarios al año. Cristina, dejá de joder y abrí el juego, porque en serio, queda muy mal que la careta se te desmonte de ese modo.


Y así estamos. Manuel Belgrano dió absolutamente todo por la libertad, y en su lecho de muerte, sumido en la extrema pobreza, no tuvo reparo en darle un reloj de oro, su única y última poseción, a su médico. El reloj fue robado hace tres años. Cristina Kichner no entiende la noción de pobreza total. Cristina Kichner no tiene autoridad para hablar de los pobres y de su defensa si se cambia de zapatos cada seis minutos y cada vez que va a la Casa de Tucumán hace poner una alfombra de pétalos importados de nosédónde. Belgrano murió por sus ideales y entregó su vida por la libertad de su pueblo; esta mujer es capaz de tomarse el primer vuelo a cualquier parte del mundo (del universo también entra) si el país comienza a desmoronarse. De hecho, esta mujer sólo moriría por defender un zapato.

Belgrano murió un veinte de junio y dejó todos sus asuntos limpios —he aquí el testamento de Belgrano para que vean a qué me refiero— y esta mujer no sabe lo que es la transparencia de una transacción porque el poder la ha enceguecido, como a todo el mundo.

Belgrano murió un veinte de junio y fue el creador de la Bandera Argentina. Belgrano murió ayer, hace ciento noventa años, no hoy. Pero ayer Cristina Kichner viajó al pasado y le dijo: "Morí un día más tarde, por conveniencia, ¿vbiste?".

Es una falta de respeto, señoras y señores. Una falta a la memoria de un hombre (y qué hombre) y de su muerte (y qué muerte).

Descanse en paz, señor, o intente hacerlo, porque su sueño no ha muerto, porque "podrán matar al hombre, pero los ideales no morirán".

Y aquí debería poner un vídeo, pero todas las voces que cantan la Aurora me suenan falsas, sin emoción verdadera, sin fervor ni respeto. Así que pongo la letra, que sí expresa el honor a la Bandera y a su creador.


Alta se eleva
un águila guerrera.
Audaz se eleva
en vuelo triunfal.

Azul un ala,
del color del cielo;
azul un ala,
del color del mar.

Así en la alta aurora iradeal,
punta de flecha, el áureo rostro imita.
Y forma estela, al purpurado cuello.
El ala es paño, el águila es bandera.

Es la Bandera, de la patria mía;
del sol nacida, que me ha dado Dios.
Es la Bandera, de la patria mía;
del sol nacida, que me ha dado Dios.
Es la Bandera, de la patria mía;
del Sol nacida, que me ha dado Dios.



martes, 25 de mayo de 2010

200 años de un sueño que no se ha hecho realidad





No soy tonto (al menos eso quiero creer). Quizás las personas que me conozcan bien creerán que soy menos patriota que un estadounidense quemando una figurita de acción del Capitán América. En cierto sentido, podríamos decir que soy demasiado patriota, ap esar de que no halle inspiración alguna en mi tierra para escribir cuentos y poemas. Amo esta tierra, amo el sueño de ser plata reluciente.
Tenía pensado inaugurar una sección histórica seria con punto de partida en este veinticinco de mayo, fecha tan representativa, aún si tenemos en cuenta que estamos celebrando el bicentenario de una nación muy joven. Yo hoy no grito "¡viva la patria!". Yo hoy grito "¡que muera esta patria y que viva la verdadera patria!". Me explicaré mejor.
Pienso que esta patria, esta nación Argentina, la que vivimos hoy en este país, no es la nación que deiéramos celebrar, no tenemos que estar contentos con lo que hoy somos. ¿Saben qué somos? En el mundo somos considerados el país menos fiable de toda América. Los estadounidenses comparan nuestros sistemas económicos con el de Bolivia y Paraguay, y nos consideran maleantes de poca monta. LesLuthiers ya lo dijo bien claro: "El tango es la carta de presentación de todo argentino. Cuando suena un tango en el extranjero, inmediatamente se levanta un murmullo que dice 'cuidadooo, argentinooos a la vistaaa'". ¿Creen que podemos estar orgullosos de ser esto? ¡No! ¿Creen que podemos estar orgullosos de cargar con una reputación que nos está bien merecida? Porque no seré tan imbécil como para negarlo, porque el pueblo argentino está constituido por verdaderos y grandes rateros; no hablo de quienes ejercen la soberanía por elección popular, sino del pueblo argentino en general. Cuando un argentino paga con un billete falso sin saberlo, y quien le recibe el billete le dice "no, esto es falso", el argentino se lo guarda en el bolsillo para usarlo con el primer desprevenido en lugar de romperlo en pedazos, o llevarlo a un banco o llevarlo a la policía para que nadie más pueda usarlo (aunque, tomando en cuenta la descripción del pueblo argentino, la policía haría exactamente lo mismo). Lo mismo pasa a la inversa. Si el tendero, o el taxista o quien quiera que tome el billete falso se percata de que es falso tiempo después, en lugar de romperlo o hacer algo para que se detenga esto, lo guarda para usarlo con el primer desprevenido que se le cruce. ¿Podemos estar orgullosos de ser una nación así? Un argentino es capaz de desvalijar la habitación de un hotel y meter todo lo que quepa en una maleta de viaje. He visto gente que roba las copas y los tenedores de los restorantes. ¿Díganme, es bueno celebrar doscientos años de una nación así? Es que no se limita a cierto sector de la clase social, sino que es algo cultural, viseral; como el asado, como el locro o como el tango, como el folklore, vivimos en la cultura del robo, de la corrupción, del engaño y de la impuntualidad. Preferimos el desorden a la paz, el uso de la agresividad física en lugar del diálogo, la indirecta cruel y estúpida a la cosa clara. Nuestra presidente, el mejor ejemplo de argentina, pone por encima de las necesidades de su pueblo —lo siento, pero es que sería muy hipócrita de mi parte escribir "el pueblo"— los intereses personales y las actitudes de los otros gobernadores. No sé ustedes, pero a mí me parece una actitud digna de un chiquillo de jardín el no enviar a Córdoba el dinero presupuestado para el pago de salarios sólo porque el Gobernador tuvo la deferencia y la honestidad de gritar "¡no, yo no estoy de acuerdo en esto contigo!". He visto gente muy madura y capaz que sale a defender a Cristina Kichner en blogs, foros de opinión y todos los medios de internet, poniendo excusas, citando fuentes, tratando de echar más leña al fuego y aceptando la conducta infantil de esta mujer.
¿Podemos estar orgullosos de vivir en una nación que asesinó a Mariano Moreno? Moreno fue uno de los principales miembros de la Primera Junta (el organismo instituido luego de la caída de Cisneros como Virey del Vireinato del Río de la Plata) y tenía ideas muy buenas, adquiridas en Francia durante la época de la revolución. Su idea era que Argentina fuera un país completamente libre, independiente. ¿Saben cómo murió¿ Cornelio Savedra, un corderito lindo y tierno como el algodón (por favor, tono sarcástico para esto último), lo mandó a envenenar en alta-mar. ¿Saben en dónde fue enterrado? Su cuerpo fue arrojado a las aguas del Atlántico y envuelto con una bandera inglesa de la fragata en la que venía a bordo. ¿Creen que es una nación digna de palmear la que asesinó a Juan José Castelli, morenista y primo hermano de Manuel Belgrano? ¿Creen que es una nación digna de aplauso la que es regida por una presidenta que habla de Belgrano y se pasa la bandera por donde el diablo perdió el poncho? ¿Creen que es una nación digna la que dejó morir en la soledad y en la pobreza al padre lde la bandera, a quien entregó su vida a la lucha por la independencia, a quien fue obligado a un campo de batalla, a quien escribió los fundamentos con que Juan Bautista Alberdi redactaría la Constitución nacional en el mil ochoscientos cincuenta y tres? ¿Creen que es digna de aplaudir una patria que vio morir al libertador de América exiliado en Francia y casi ciego?
La noche de los lápices, la dictadura del setenta, la oligarquía de los ochenta, el fraude electoral, los dos gobiernos de ese estanciero de pacotilla que era Rosas, los malditos intentos de Alvear para volver a hacernos colonia de Inglaterra (por cierto, ¿adivinen quién tiene un monumento de oro puro y de dos metros en la avenida más costosa de Buenas Aires y de Argentina?), y más recientemente, las acciones de Carlos Menem que nos llevaron a la crisis económica más grande que hallamos padecido nunca. ¿Creen que es una nación digna de aplausos?
La cultura está mal. El ser argentinos y el llevar el instinto natural de joderle la vida a las demás personas para el beneficio propio está mal. Os lo digo en serio, no es una broma. No digo que no haya gente de bien o que tenga moral y ética, pero digo que sí estamos dejando de lado que la cultura argentina, véase por donde se vea, y aún siendo muy poética y me gustan las florcitas azules, está mal. Una cultura en donde se privilegia un partido de fútbol y se deja de lado el conocimiento, o la ética, o la moral o la rectitud, está mal. Una cultura en donde no se valore lo escencial, en donde todo es efímero y carente de valor, en donde la sinceridad es un bien que hay que buscar como si fuera agua en un desierto o una aguja en un pajal, está mal.
Una nación que desprestigia a grandes hombres como Mariano Moreno y aparece en los libros como un sucio alcohólico adicto que intentaba desequilibrar el hermoso sistema (sin exagerar digo esto) que quería obtener Cornelio Savedra (más interesado en asegurarse una posición social aventajada de no progresar "la independencia").
Hay medias tintas, como Sarmiento o Rivadavia. Sarmiento fue un déspota que construyó una oligarquía durante el mil ochoscientos ochenta y exterminó a todos los aborígenes mapuches de la Pataghonia con el único fin de quedarse con más tierras para los bonaerenses. Sin embargo, también fue quien instituyó la obligatoriedad escolar, luchó contra la ignorancia y fue creador de una gran frase en francés dirigida a los más incultos y salvajes de la sociedad: "Podrá morir el hombre, pero los ideales no morirán". Es uno de los personajes más interesantes de la historia argentina por tener varios lados. Fue un asesino, pero eso no quitó que fuera un intelectual que luchó contra el régimen rosista. Si bien su concepto de la pedagogía se resumía en la célebre frase "la letra, con sangre, entra", tiene aspectos interesantes. Rivadavia, si bien es demostración de querer quedarse con mucho dinero, luchó diplomáticamente codo a codo con Manuel Belgrano y tuvo algunos puntos muy buenos. Trató de reproducir fielmente una Francia en miniatura en Buenos Aires, y fue el impulsor de la biblioteca, el museo y el que introdujo algo de cultura a este país (Bernardino Rivadavia fue anterior a Faustino Sarmiento, por si el dato sirve de algo). Admito que a estos últimos los tengo que reconocer a regañadientes, pues si bien son demostración de que la cultura argentina no es lo que debería ser, han luchado por un poco de cultura y pensamiento y bueno, como persona fascinada por la ciencia del conocimiento, debo admitir que soy suceptible a ponerles un buen tono de gris.
San Martín, el padre de la patria, libertador de América, soñó para su nación un pueblo justo, honesto y leal, desinteresado y abierto, sin medias verdades y con un profundo respeto por la vida y por la libertad. La ayuda mutua, el bien común, los actos de valor y de nobleza. Soñó con algo grandioso y reluciente, con una patria libre. No libre de los realistas (bueno, no sólo libre de los realistas españoles), sino libre de todas las ataduras que esclavizan al ser humano y lo retienen viviendo en una vida miserable. Esto ocurre en todo el mundo, no lo negaré, pero añade algo de peso a la cultura argentina que la hace impropia de ser aplaudida. En las últimas décadas hemos comenzado a valorar más la estética, la frivolidad y la superficialidad. Hemos puesto la ilusión de felicidad en lo más efímero del hombre, su propio cuerpo. Moda, belleza estándar, atractivo y búsqueda de sobresalir son los factores que imperan hoy en la sociedad. Competencia, rigor por estar dentro del estátus requerido. Insatisfacción, descontento y un frenesí consumista que crece sin parar. Sumemos estos factores a lo que ya hemos descripto de esta sociedad y preguntémonos si es una nación que merezca ser aplaudida.
Hemos desviado el camino más de los necesario. Hemos perdido el norte. No hay valor, no hay ética, ni juicio, ni honestidad, ni libertad, ni felicidad por ser libres de todo lo que hace daño al hombre. Sólo buscamos poder y dinero y placer, y si hay que joderle la vida a alguien en esa búsqueda, pues no hay escrúpulos. Adelante. Sigamos destruyendo un sueño y sigamos empapándonos de una cultura que nos está sumiendo más en el pozo.
En economía estamos al nivel de países que pisan el subdesarrollo. En cultura y educación hemos tenido fugas de cerebros que nos han dado un golpe durísimo. ¿Creen que los intelectuales pudieron quedarse aquí durante la dictadura del sesenta y del setenta? ¿Creen que quedó algún científico extraordinario después de lo del dos mil uno? ¿Creen que grandes maestros de Filosofía se han quedado aquí para morirse de hambre? En escala de principios y valores... no tengo una cifra exacta, pero estamos muy abajo. ¿Estamos haciendo el sueño de San Martín realidad? ¿Vivimo una existencia libre, libre de opresores, libre del dinero, libre de deseos, libre de todo lo que nos hace tan infelices? ¿Estamos en una sociedad en donde hay colaboración, respeto por todos, ayuda a los que menos pueden, predilección por los humildes y sencillos, atención preferencial a las personas de tercera generación (el nombre lo dice todo), en una nación donde predomine sólo la buena voluntad de ayudar y hacer el bien sin que entren intereses personales?
¿Qué pensaría San Martín, o Simón Bolívar, o Mariano Moreno, o Juan José Castelli, o Manuel Belgrano si vieran la nación? ¿Verían sus sueños hechos realidad?

Damas, caballeros...
... en este día, cada vez que levantemos nuestras copas y comamos una porción de locro en honor a la patria que hoy somos, estamos despreciando los sueños de quienes dieron sus vidas por la independencia. Ellos no se quedaron callados, y como a los poderosos no les convenía que el pueblo supiera lo que era la libertad, los hicieron callar de muchas formas distintas. Ellos entregaron su vida, entre batallas, peleas diplomáticas y una constante actividad para lograr la liberación total, para lograr que hoy fuésemos libres. ¿Somos libres? ¿Hacemos honor y respetamos ese sacrificio? Yo no veo que seamos libres... todo lo contrario.

Hoy, sin llamar la atención, miles de personas luchan por una mejor patria, por ese sueño que tuvieron grandes personas. Esas personas son la verdadera patria, porque están haciendo realidad los sueños de verdadera libertad. La persona que ayuda a su vecino sin querer nada a cambio, la persona que ayuda a los niños que tienen problemas enn el colegio sin pedir nada, las personas que tratan de sembrar la semilla de la verdad en medio de un matorral de mentiras. Los que luchan por una verdadera nación, libre y sin sometimiento de ninguna índole. Los que proclaman en silencio un discurso de cómo aprender a pensar en la libertad y a trabajar por ella. Los que no sucumben a la tentación de la riqueza o el poder y trabajjan incansablemente por conseguir un lugar mejor para los demás. Los que viven humilde y sencillamente, ayudando y dando ejemplo, ejemplo de honestidad y de ética. Ellos son los verdaderos homenajeados en esta fiesta. Porque son los únicos que luchan porque el sueño de una patria verdadera se haga realidad, por lograr hacer la diferencia, el cambio de una nación llena de intrigas y mentiras, corrupción y falsedad. Hay Esperanza. HAY ESPERANZA. Señores, tengo la última esperanza de que hay esperanza.

No celebremos por la patria que somos hoy, sino por la patria que queremos llegar a ser. No comamos pensando en nuestros logros, porque hemos hecho poco y nada y no estamos en condiciones de decir que somos una gran nación. No nos llenemos la barriga con empanadas y vino para celebrar algo que no ha llegado aún. Trabajemos, luchemos por hacer bien las cosas. Ya han pasado doscientos años en los que hemos alterado el rumbo. Queda esperanza, quiero creer en la esperanza.

Yo hoy me pongo en pie al oír el Himno, respeto mi Bandera, uso mi Escarapela y tengo bien claro el seguir luchando desde mi modesta posición por un mundo nuevo. Por eso yo hoy grito:
"¡Qué viva la patria que hoy somos!
¡Que viva en el tacho de la basura!
"¡Que viva la patria que soñaron grandes hombres!
"¡Que viva eternamente en nuestros corazones!
"¡Que viva la patria que estamos tratando de construir!
¡Viva!
"¡Que viva la patria que pensaron y por la cual murieron!
¡Que viva y que la consigamos!".

Podría añadir: "¡Que Cristina Kichner se caiga desde una montaña!"; pero arruino todo el aire poético que luché por conseguir hacia el final.

Señores, que viva la patria que imaginaron, la patria por la cual murieron, la patria que jamás pudieron ver, la patria que jamás los vió morir.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Ajedrez


La canción que cantaban las sirenas, o el nombre
que adoptó Aquiles cuando se escondió entre las mujeres,
son cuestiones enigmáticas, pero que no se hallan
más allá de toda conjetura.
Sir Thomas Browne

Las características de la inteligencia que suelen calificarse de analíticas son en sí mismas poco susceptibles de análisis. Sólo las apreciamos a través
de sus resultados. Entre otras cosas sabemos que, para aquel que las posee en alto grado, son fuente del más vivo goce. Así como el hombre robusto se complace
en su destreza física y se deleita con aquellos ejercicios que reclaman la acción de sus músculos, así el analista halla su placer en esa actividad del
espíritu consistente en desenredar. Goza incluso con las ocupaciones más triviales, siempre que pongan en juego su talento. Le encantan los enigmas, los
acertijos, los jeroglíficos, y al solucionarlos muestra un grado de perspicacia que, para la mente ordinaria, parece sobrenatural. Sus resultados, frutos
del método en su forma más esencial y profunda, tienen todo el aire de una intuición. La facultad de resolución se ve posiblemente muy vigorizada por el
estudio de las matemáticas, y en especial por su rama más alta, que, injustamente y tan sólo a causa de sus operaciones retrógradas, se denomina análisis,
como si se tratara del análisis
par excellence. Calcular, sin embargo, no es en sí mismo analizar. Un jugador de ajedrez, por ejemplo, efectúa lo primero sin esforzarse en lo segundo.
De ahí se sigue que el ajedrez, por lo que concierne a sus efectos sobre la naturaleza de la inteligencia, es apreciado erróneamente. No he de escribir
aquí un tratado, sino que me limito a prologar un relato un tanto singular, con algunas observaciones pasajeras; aprovecharé por eso la oportunidad para
afirmar que el máximo grado de la reflexión se ve puesto a prueba por el modesto juego de damas en forma más intensa y beneficiosa que por toda la estudiada
frivolidad del ajedrez. En este último, donde las piezas tienen movimientos diferentes y singulares, con varios y variables valores, lo que sólo resulta
complejo es equivocadamente confundido (error nada insólito) con lo profundo. Aquí se trata, sobre todo, de la atención. Si ésta cede un solo instante,
se comete un descuido que da por resultado una pérdida o la derrota. Como los movimientos posibles no sólo son múltiples sino intrincados, las posibilidades
de descuido se multiplican y, en nueve casos de cada diez, triunfa el jugador concentrado y no el más penetrante. En las damas, por el contrario, donde
hay un solo movimiento y las variaciones son mínimas, las probabilidades de inadvertencia disminuyen, lo cual deja un tanto de lado a la atención, y las
ventajas obtenidas por cada uno de los adversarios provienen de una perspicacia superior.

Para hablar menos abstractamente, supongamos una partida de damas en la que las piezas se reducen a cuatro y donde, como es natural, no cabe esperar el
menor descuido. Obvio resulta que (si los jugadores tienen fuerza pareja) sólo puede decidir la victoria algún movimiento sutil, resultado de un penetrante
esfuerzo intelectual. Desprovisto de los recursos ordinarios, el analista penetra en el espíritu de su oponente, se identifica con él y con frecuencia
alcanza a ver de una sola ojeada el único método (a veces absurdamente sencillo) por el cual puede provocar un error o precipitar a un falso cálculo.

Hace mucho que se ha reparado en el whist por su influencia sobre lo que da en llamarse la facultad del cálculo, y hombres del más excelso intelecto se
han complacido en él de manera indescriptible, dejando de lado, por frívolo, al ajedrez. Sin duda alguna, nada existe en ese orden que ponga de tal modo
a prueba la facultad analítica. El mejor ajedrecista de la cristiandad no puede ser otra cosa que el mejor ajedrecista, pero la eficiencia en el whist

implica la capacidad para triunfar en todas aquellas empresas más importantes donde la mente se enfrenta con la mente. Cuando digo eficiencia, aludo a esa
perfección en el juego que incluye la aprehensión de todas las posibilidades mediante las cuales se puede obtener legítima ventaja. Estas últimas no sólo
son múltiples sino multiformes, y con frecuencia yacen en capas tan profundas del pensar que el entendimiento ordinario es incapaz de alcanzarlas. Observar
con atención equivale a recordar con claridad; en ese sentido, el ajedrecista concentrado jugará bien al whist, en tanto que las reglas de Hoyle (basadas
en el mero mecanismo del juego) son comprensibles de manera general y satisfactoria. Por tanto, el hecho de tener una memoria retentiva y guiarse por «el
libro» son las condiciones que por regla general se consideran como la suma del buen jugar. Pero la habilidad del analista se manifiesta en cuestiones
que exceden los límites de las meras reglas. Silencioso, procede a acumular cantidad de observaciones y deducciones. Quizá sus compañeros hacen lo mismo,
y la mayor o menor proporción de informaciones así obtenidas no reside tanto en la validez de la deducción como en la calidad de la observación. Lo necesario
consiste en saber qué se debe observar. Nuestro jugador no se encierra en sí mismo; ni tampoco, dado que su objetivo es el juego, rechaza deducciones procedentes
de elementos externos a éste. Examina el semblante de su compañero, comparándolo cuidadosamente con el de cada uno de sus oponentes. Considera el modo
con que cada uno ordena las cartas en su mano; a menudo cuenta las cartas ganadoras y las adicionales por la manera con que sus tenedores las contemplan.
Advierte cada variación de fisonomía a medida que avanza el juego, reuniendo un capital de ideas nacidas de las diferencias de expresión correspondientes
a la seguridad, la sorpresa, el triunfo o la contrariedad. Por la manera de levantar una baza juzga si la persona que la recoge será capaz de repetirla
en el mismo palo. Reconoce la jugada fingida por la manera con que se arrojan las cartas sobre el tapete. Una palabra casual o descuidada, la caída o vuelta
accidental de una carta, con la consiguiente ansiedad o negligencia en el acto de ocultarla, la cuenta de las bazas, con el orden de su disposición, el
embarazo, la vacilación, el apuro o el temor... todo ello proporciona a su percepción, aparentemente intuitiva, indicaciones sobre la realidad del juego.
Jugadas dos o tres manos, conoce perfectamente las cartas de cada uno, y desde ese momento utiliza las propias con tanta precisión como si los otros jugadores
hubieran dado vuelta a las suyas.

El poder analítico no debe confundirse con el mero ingenio, ya que si el analista es por necesidad ingenioso, con frecuencia el hombre ingenioso se muestra
notablemente incapaz de analizar. La facultad constructiva o combinatoria por la cual se manifiesta habitualmente el ingenio, y a la que los frenólogos
(erróneamente, a mi juicio) han asignado un órgano aparte, considerándola una facultad primordial, ha sido observada con tanta frecuencia en personas cuyo
intelecto lindaba con la idiotez, que ha provocado las observaciones de los estudiosos del carácter. Entre el ingenio y la aptitud analítica existe una
diferencia mucho mayor que entre la fantasía y la imaginación, pero de naturaleza estrictamente análoga. En efecto, cabe observar que los ingeniosos poseen
siempre mucha fantasía mientras que el hombre verdaderamente
imaginativo es siempre un analista.

El relato siguiente representará para el lector algo así como un comentario de las afirmaciones que anteceden.


Prólogo de “Los crímenes de la Calle morgue”, Edgar Allan Poe, Estados Unidos, abril de 1841, Graham’s Magazine.
Título original: “The Murders in the Rue Morgue”.
Fragmento extraído de http://ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/poe/crimenes.htm
Traducción de Julio Cortázar.
Aquí el enlace a Wikisource (aunque sigo sin fiarme de los de Wikipedia)

— Así comienza Poe su extraordinario relato que, en años posteriores, desencadenaría un nuevo género en la literatura: el policial de enigma. Pero hoy no venimos a hablar de literatura, no; hoy venimos a hablar de otra cosa.
— Poe describe el juego de ajedrez en su prólogo, o muestra su percepción del mismo. En su momento, estas primeras páginas —del primer cuento policial en la historia de la literatura— dieron mucha tela para cortar en los círculos sociales. Según él, el ajedrez no requiere perspicacia ni análisis, sino, más bien, cálculo y concentración. Él enuncia que el mejor ajedrecista (o el que gana) es sólo aquel capaz de mantener la mente centrada en algo, mientras que el mejor damista es aquel que tiene mayor facultad analítica. ¿Es esto cierto? Bueno, sí y no.
— Es muy cierto que en el Juego de Damas rige e impera la perspicacia, el análisis y gana quien posee estas características. También es cierto que en el ajedrez (por experiencia personal) el que está concentrado será el ganador, ya que el más leve o mínimo desliz en la concentración puede representar uno de los más grandes fallos. Ahora bien, pero en el juego de Ajedrez no sólo cuenta la concentración, sino, también, la estrategia y la táctica. Si bien lo aparenta, el señor Poe no desdeña el ajedrez, sino que lo considera inútil a efectos prácticos como la observación y deducción que caracterizaría al Chevalier Dupin. Es decir, lo pone de esa forma para hacer una explicación del método analítico, y muchas veces es importante hacer una descripción con un elemento contrastivo. Pero, y a pesar de que Poe no lo admita, el Chevalier Dupin tiene que usar su concentración para resolver el enigmático caso de la Carta Robada. Porque por más que el tipo fuera un genio del análisis, si no estaba concentrado y si tenía la mente volando por cualquier parte, no iba a descubrir nunca el dichoso lugar de la carta. Holmes, si no se concentrara para estudiar un mapa, jamás lograría saberse al dedillo las características de un paraje que no ha visitado nunca. Si bien el principal método que usan ambos se basa en la observación, análisis, y deducción aplicando máximas y axiomas, y un añadido de imaginación a sus pensamientos, si no usaran la concentración podrían estar años para resolver un caso. Es así que, a mi modesto parecer, el ajedrez y las Damas ofrecen un amplio abanico de posibilidades. Complementados, ambos juegos, ofrecen tanto análisis como perspicacia, táctica como estrategia, concentración como imaginación. Todas esas características, por separado, no servirían de mucho; pero si las juntamos, dan lugar a dos grandes detectives como Chevalier Auguste Dupin y el Caballero de Honor Sherlock Holmes.

¿Qué es el Ajedrez? ¿Cómo nació? ¿Cómo se juega?
El Ajedrez es un juego de mesa que representa una pequeña guerra en miniatura. Es un juego de táctica y estrategia. Se juega entre dos jugadores. Cada uno tiene dieciséis piezas al comienzo de la partida; es decir, en total, son treinta y dos piezas. Las piezas se distinguen por el color de las mismas. Se dice que cada jugador tiene dieciséis piezas: uno de esos jugadores tendrá dieciséis piezas de color oscuro (llamadas “negras”), y el otro jugador tendrá piezas de color claro (llamadas “blancas”). Cada partida de Ajedrez inicia con el movimiento del jugador que tenga en su posesión las piezas blancas. Cada pieza tiene un movimiento y forma que la caracteriza. Las piezas del Ajedrez son:

  1. Rey (negro y blanco).

  2. Dama o Reina (negra y blanca).

  3. Alfiles (son cuatro: dos negros y dos blancos).

  4. Caballos (también cuatro, dos negros y dos blancos).

  5. Torres (total en el tablero de cuatro Torres: dos negras y dos blancas).

  6. Peones (dieciséis peones: ocho negros y ocho blancos).


Los jugadores moverán una pieza por turno (salvo en algunas excepciones como el enroque) y tratarán de cumplir el máximo objetivo: dar jaque mate. El Jaque Mate consta de la “aniquilación” del Rey.
Más adelante haremos una descripción del tablero, los principales movimientos, y demás.

Historia del Ajedrez



El ancestro más reconocido del Ajedrez es el Chaturanga, jugado principalmente en la India. El juego representaba una batalla en miniatura, y se cree que se usaba para planear las tácticas de combate con ejércitos enemigos. Del Chaturanga deriva el Shatranj, jugado principalmente en Persia. Así, muchos derivados del Chaturanga y del Shatranj, conservan algunas características en común tales como la Alferza (predecesora de la Dama o Reina), el Elefante (que da su nombre al Alfil moderno), la Torre ( Carro de guerra), y el Rey (que definía, al igual que en la actualidad, el final de una partida).
Los responsables de traer el Ajedrez a la cultura occidental fueron los árabes, por medio de las invasiones musulmanas del siglo VIII. Cuando conquistaron Persia, tomaron mucho de su cultura y se apropiaron de sus conocimientos, entre ellos, el Ajedrez. Luego sería trasladado a Europa (principalmente a España) y allí sería renovado, retocado, y se transformaría en el ajedrez actual.
Entre los siglos XV y XVI (es decir, la época del Renacimiento), se sentarían las bases y normativas fundamentales para dar pie al Ajedrez moderno. Se establecieron los nombres de las piezas, y algunas de las reglas que aún hoy perduran. Los peones tuvieron la posibilidad de mover dos casilleros en el primer movimiento, se determinó que la Reina podría moverse en todas las filas, columnas y diagonales (estableciéndose así, definitivamente, como la pieza más poderosa y valiosa del juego), y se instituyó que el Alfil movería en diagonales, prohibiendo que se salteara.
Muchos tratados y manuscritos comenzaron a circular por Europa, promoviendo nuevas concepciones del juego, historias alternativas, explicaciones, teorías y demás. el país en el que más influyó el Ajedrez fue en Italia. Fue aquí en donde se comenzó a perfilar un nuevo concepto: el tiempo. Según teóricos del Ajedrez, el tiempo era un factor que influenciaba mucho en la partida. De acuerdo con sus teorías (que han perdurado hasta nuestros días), cada movimiento tiene que estar destinado a conseguir su objetivo en la menor cantidad de jugadas posibles. Es decir, no se debe derrochar los turnos haciendo movimientos inútiles, ya que se considera que el rival tiene dos turnos consecutivos.
Otras teorías comenzaron a analizar el arte de hacer perder tiempo. Es decir, de que uno de los jugadores —ya en la primer jugada— moviera de tal manera que, de una forma sutilmente maquiavélica, induciera a su oponente a tener que derrochar tiempo en jugadas innecesarias. Así, estos teóricos sugieren que el sacrificio de dos Peones y un Caballo no es mucho, si el resultado es crear una gran desventaja en el adversario.
El Ajedrez ha seguido evolucionando desde aquellas “remotas” (¿suena extraño decir “remotas” cuando en realidad no ha pasado mucho tiempo, no?) épocas, hasta transformarse en el Ajedrez actual. Hoy en día, existen federaciones internacionales de Ajedrez, reglamentos instituidos, revistas especializadas, academias prestigiosas, olimpiadas del más alto calibre.
¿Quién lo diría? Lo que comenzó como una forma de planear estrategias para derrotar un ejército, ha terminado en un excepcional deporte mental.



— El tablero de Ajedrez es un cuadrado, subdividido en sesenta y cuatro cuadrados de colores claros (blancos) y oscuros (negros). Los cuadrados se encuentran alternados según el color; es decir, negro, blanco, negro, blanco, negro, blanco… y así sucesivamente. Cada jugador se sitúa en frente del tablero de Ajedrez, de tal forma que, siempre, a la derecha de cada jugador haya un cuadrado blanco.
— Los elementos de un tablero son:
—

    —
  • fila: es cada una de las ocho líneas de ocho casillas que se forman alineando estas últimas horizontalmente con respecto a los jugadores. Se nombran con números del 1 al 8.

  • —
  • Columna: Cada una de las ocho líneas de ocho casillas que se forman alineando estas últimas de forma vertical con respecto a los jugadores. Se nombran con las letras minúsculas de la ‘a’ a la ‘h’.

  • Diagonal: Cada una de las veintiséis líneas constituidas por los casilleros alineados en forma diagonal. Las dos diagonales mayores tiene ocho casillas.

  • —
  • Centro: El centro está constituido por los cuatro casilleros centrales. A veces, se suele incluir a los doce que rodean estos cuatro.

  • —
  • Esquinas: Cada una de las cuatro casillas ubicadas en las esquinas del tablero.

  • —
  • Bordes: Las dos columnas y filas situadas en los lados del tablero (en donde se marcan con las letras y números correspondientes).

  • —


Las piezas…
Al comenzar la partida, cada uno de los jugadores tiene dieciséis piezas. Un Rey, una Reina o Dama, dos Alfiles, dos Caballos, dos Torres y ocho peones.
Para diferenciar las piezas de uno y de otro, se suelen emplear dos colores distintos, el blanco y el negro. O en su defecto, un color oscuro y otro claro.

Tiempos de partidas y relojes



[Nota: En el Ajedrez profesional también existe un elemento denominado “Reloj de Ajedrez”, pero entre aficionados no es usado a menudo. No lo consigno aquí, ya que se puede jugar perfectamente sin él. Para el que esté interesado puede visitar este enlace].

De lo anterior se desprende la existencia de distintas clases de juego, tomando en cuenta la duración de cada partida. El control de tiempo se realiza, principalmente, para evitar que los jugadores reflexionen mucho tiempo acerca de sus jugadas, como era habitual hasta finales del siglo XIX. Como se ha mencionado arriba, en partidas amistosas no es usual el uso de relojes de Ajedrez, es más común que ambos jugadores convenien los tiempos aproximados para cada jugada. Pero en competiciones y torneos formales, sí existen convenios formales y rigurosos que han de acatarse. Del uso de tiempo para cada partida surge la siguiente clasificación:
• Partida relámpago: Aquella en la que el jugador dispone de un máximo de quince minutos para toda la partida.
• Partida Rápida: Aquella en la que el tiempo para cada jugador ronda de quince a sesenta minutos.
• Partida normal (ritmo clásico): Son aquellas partidas en las que el jugador dispone de un tiempo normal (sesenta minutos o más) de reflexión para todo el partido. Es la más empleada a niveles magistrales.

Etapas del partido



Existen tres momentos o etapas en la partida de Ajedrez:

  1. Apertura: Es el momento en que los jugadores comienzan a mover las primeras piezas, a organizar su estrategia y táctica, y a planear los siguientes movimientos.

  2. Tiempo medio: Ambos bandos tienen muchas piezas, y estas entran en una “batalla encarnizada”

  3. Final: Quedan pocas piezas y peones, el partido llega a su fin. Aquí se decidirá el campeón de la partida, y el Rey victorioso se alzará con el poder del nuevo Reino conquistado.



Movimientos fundamentales de las piezas



Los movimientos de las piezas son variados y diversos, por consiguiente, creo demasiado complejo abarcar mucho ese tema. Pero se ofrecerá una breve descripción de los mismos:
Rey: Tiene un Valor Relativo que ronda en un intermedio entre el Alfil y el Caballo. Puede mover en toda columna, fila y diagonal, de a una casilla por vez. Esto se excepciona en el enroque.
Reina: Tiene una amplia gama de movimientos. Tiene un Valor Relativo muy elevado, compartido con la torre. Su equivalencia es de nueve peones. Puede moverse en toda fila, columna o diagonal cuantas casillas quiera en una sola jugada.
Alfil: Tiene un Valor Relativo de tres Peones. Puede moverse en toda diagonal, cuantas casillas quiera por jugada. Sin embargo, se ve limitada fuertemente, dado que el alfil que haya comenzado en una casilla blanca, sólo podrá moverse en las diagonales blancas; así mismo, el Alfil que comenzara en una casilla negra, sólo podrá moverse en las diagonales negras.
Caballo: Tiene un movimiento reducido y limitado. Se mueve formando una ele con su movimiento, y sólo puede mover tres casillas en una jugada.
Torre: Tiene un Valor Relativo de cinco peones, es decir, un Valor Relativo alto. Puede moverse en toda fila o columna cuantas casillas quiera en un único movimiento.
Peones: Mueve siempre hacia delante, siempre hacia delante. En el primer movimiento puede moverse dos casilleros, pero en los restantes debe moverse de a uno. Captura piezas enemigas en diagonal. Cuando llega a la última línea de combate, puede ser sustituido por una pieza antes eliminada del juego.

[Nota 2: Les comentaré algunas cosas… En principio esta iba a ser una única entrada, con el objetivo de hablar sólo de Ajedrez. Pero he encontrado tanto material en mi búsqueda (y revisando unos apuntes que tenía guardados por allí) que creo que una entrada no bastaría sólo para todo esto. Así que he decidido abrir una sección, que constará de esta entrada, una segunda hablando sobre Estrategia y Táctica, y una última que abordará las curiosidades del Ajedrez. Tomen esta entrada como una carta presentación, en la que se ha dado a conocer lo más significativo del juego, algo así como un panorama general. Así que ¡nos vemos el próximo miércoles! En esta misma hora, por este mismo canal].

¡Elen sila lumenn omentielmpo!














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lunes, 12 de octubre de 2009

Día para reflexionar...






Buenas tardes, aventureros del saber. Hoy quería traer algo especial para el salón, debido a que estamos conmemorando una fecha muy especial para América, y también para los países de habla hispana. Me refiero, al doce de octubre.
Aquí en América el doce de octubre es conmemorado por ser el día en que Rodrigo Triana (marinero de la flota conducida por Cristóbal Colón), avistó las tierras que fueron consideradas, en su momento, la China, y que luego, gracias a Américo Vespucio y sus exploraciones, serían denominadas “América”.
Hacia finales del siglo XII, y con la creciente expansión de un mercado externo después del debilitamiento del feudalismo a causa de las Cruzadas por recuperar Tierra Santa; los turcos o moros que habían conquistado Europa en el siglo VIII habíanse establecido en la península itálica, más concretamente, en el imperio romano de oriente.
Cuando el feudalismo cayó, se comenzó a pensar en un mercado abierto que produciría la mejora social y nuevas categorías sociales (tales como la burguesía). A causa de esto se buscó exportar productos de tierras lejanas, en donde eran abundantes y baratos, para venderlos en tierras donde fueran escasos y a muy altos precios. Estos productos eran: sedas, especias, dátiles, pistachos, otros frutos orientales, cristalería, entre otros.
Los occidentales, en busca de estos productos en el oriente, usaban el imperio romano de oriente para poder llegar hasta el oriente y conseguir los productos antes mencionados. Sin embargo, con la caída del imperio romano de oriente, a causa de las invasiones turcas, se comenzaron a cobrar impuestos por el puente de paso hacia tierras orientales.
Esto significaba una gran pérdida para los mercaderes y comerciantes, ya que gastaban mucho más en impuestos y, por consiguiente, sus ganancias se vieron reducidas considerablemente.
Así pues, surgió la necesidad de encontrar una nueva ruta de navegación para llegar a tierras orientales sin tener que pagar impuestos. Hacia finales del siglo XV, y gracias a la ayuda de nuevos inventos como la brújula, la carta marítima y el astrolabio, y gracias a la ayuda que aportaron los estudios anteriores de Eratóstenes Cristóbal Colón tomó la firme determinación de una cosa que hasta ese entonces había sido evidente. La tierra era una esfera y no un cuadrado.
Aquí todos dijeron: «¡¡¡Ooooh!!!». Pero nadie recordó al pobre Eratóstenes (véase La criba de Eratóstenes), quien mucho tiempo antes había llegado a la misma conclusión debido a sus cálculos matemáticos. Así pues, Colón sostenía que si la tierra era de forme esférica, yendo por un lado opuesto al acostumbrado se llegaría, en un momento u otro, al punto de partida. Así pues, existía la posibilidad de que si navegaba por una ruta marítima opuesta a la tomada anteriormente para llegar a oriente, más pronto o más tarde llegaría a tierras orientales.
Así, con la ayuda de los reyes católicos (Fernando Aragón e Isabel Castilla), de sus aportes y contribuciones (tres grandes carabelas y los reos de media prisión), Cristóbal Colón se embarcó en la búsqueda de una nueva ruta de navegación para evitar pagarles impuestos a los turcos.
Así, después de dos meses navegando en condiciones insalubres y de muchas defunciones de los marineros, Rodrigo de Triana terminó gritando: «¡Tierra a la vista!». Y eso fue lo que los llenó de esperanza, continuaron su camino y llegaron, por fin, a una nueva tierra nunca antes vista, China… Hem… perdón, América.
Aquí comenzó la colonización del nuevo mundo, un nuevo continente lleno de cosas nunca antes vistas. Aquí comenzó una nueva historia que desencadenaría guerras, angustias y dramas; pero también sería y aún hoy es, fuente de muchas alegrías y motivos para tener más esperanzas.
A pesar de todos los problemas y complicaciones que se puedan llegar a tener, hoy celebramos el día en que comenzó todo. Hoy es un día muy especial para todo el mundo, pues Europa y todas las demás naciones del planeta encontraron una tierra nunca antes vista, (por ellos), y eso es motivo de una gran alegría.
Si bien la situación económica, política, social, educacional, etc., no es la que podríamos desear, tenemos mucho más para alegrarnos y seguir luchando, todos juntos, por un mundo mejor y más solidario.
Una vez alguien me dijo:

“El problema de esta galaxia es que nadie se preocupa por nadie”.

Y tiene mucha razón. Pero mientras haya gente que quiera seguir adelante, que quiera que este mundo sea un lugar mejor, que quiera de verdad a sus semejantes, no hay que rendirnos y seguir luchando.
Hoy conmemoramos el día en que, gracias a un vigía, la tripulación de La Niña, La pinta y La Santa María, tuvo fe y siguió su camino a pesar de todo.
En España, además, se celebra la fiesta del Pilar y el día de la hispanidad.
Así que hoy es un día de reflexión, jolgorio, alegría y fiestas. Pues son fechas que han determinado mucho la historia del hombre…

¡¡¡FELIZ DÍA DE LA RAZA A TODOS LOS AMERICANOS!!!
¡¡¡FELIZ DÍA DE LA HISPANIDAD Y GRATA FIESTA DEL PILAR!!!

[Nota: Dejé el vídeo del himno de la alegría por dos motivos. El primero es que es mi canción preferida, jamás me cansaré de ella; el segundo es que su mensaje es el que quiero destacar, sólo si unimos nuestros esfuerzos y nuestros ideales podremos alcanzar un mundo mejor en el que seamos reconocidos, todos, como hermanos y podamos vivir en paz].
[Nota 2: Si alguien quiere agregar algo más a esta entrada (información más complementaria, alguna corrección de fechas, datos curiosos, etc.), que me lo haga saber en los comentarios. Así podremos modificar un poco la entrada con los cambios que tengan a bien hacerme. Es hora de que el salón sea algo más activo y menos cerrado, y de que los lectores puedan aportar sus propias experiencias de alguna forma para dejarnos más enriquecimientos y puntos de vista].
Nota 3: El segundo vídeo es de José Luis Perales. A mi mamá le encanta este cantautor, y cuando escuché la canción me pareció bastante apropiada para este día. ¡Espero que la disfrutéis!].

Hasta que el universo nos vuelva a llamar, hasta que la curiosidad nos mueva explorar...

[Edición: Este vídeo fue sugerido en los comentarios por Jengibre, es muy bueno y me gusta mucho. ¡Que lo disfrutéis!].