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martes, 17 de enero de 2012

Hablando de cine... Sherlock Holmes - Juego de Sombras



He ido al cine.

No, aún no comienza a caerse el mundo a pedazos, por lo que sentaos y que no cunda el pánico. Cuando comiencen a llegar hombrecitos grises yo les aviso.

Supongo que era menester ver esta película, siendo un admirador incondicional de Sherlock Holmes y de Arthur Conan Doyle. Como no vi la primera, creo que mi análisis general estará enfocado sólo en esta película como unidad, no como la secuela de la primera parte.

En general mi valoración es de "aceptable". Es una película que está muy lograda en varios e interesantes aspectos, pero que cuenta con muchos otros que le quitan grandes méritos.

Sin hacer muchos spoilers, la película es básicamente una imaginación de cómo habría sido La aventura del problema final. Para todo buen sherlockiano (hay quienes dicen "holmesiano", y a mí me gusta más, pero sinceramente no me hago una idea de cómo coño pronunciarlo y por eso prefiero la primera), el año mil ochoscientos noventa y uno reviste una gran importancia en la historia del célebre detective inglés (me reservo el dar más detalles). Es en este relato en donde aparece por primera (y última) vez el personaje del profesor James Moriartti, único antagonista intelectual que tuvo Sherlock Holmes en toda su vida.

Siendo sinceros, no creo que Conan Doyle haya puesto demasiado énfasis en la creación de James Moriartti. Hacia el noventa y tres (año en que se publica La aventura del problema final), Conan Doyle estaba harto de escribir sobre Sherlock Holmes, harto de Sherlock Holmes y harto de que todo el mundo conociera más al detective que al creador. Decidió, por lo tanto, ponerle un punto y final a las aventuras del investigador londinense, y lo hizo pensando en un final grandioso, digno del talento y la capacidad que tenía Holmes. Inventó un rival digno de él y una historia de organizaciones criminales como para que la cosa pintara con algo de seriedad. El resto del cuento son paseos por media Europa mientras Sherlock suspira y le dice a Watson cosas como "Mi carrera ha hecho crisis, no me molestaría dedicarme sólo a investigaciones químicas a partir de aquí"...

La película comienza precisamente en este año y trata de hacer un esbozo de esos conflictos que Arthur Conan Doyle sólo mencionó. Un punto muy a favor de los guionistas es la creatividad (le han echado mucha, eso sí que se nota). "Los crímenes de Moriartti" pasan a tener nombre y apellido, son crímenes que se pueden contabilizar y estudiar. Y bien... los escritores le echaron aún más imaginación y trataron de ponerle más conflicto al asunto. En otras palabras, retrasaron como dos años el matrimonio entre Watson y Mari Morstan para que todo esto coincidiera con la eclosión del asunto Moriartti. De acuerdo, una licencia medianamente aceptable y que genera un alegre y divertido contrapunto.

En las historias Holmes es un excéntrico medio lunático y eso es lo que vemos en la película. Un hombre con capacidades intelectuales superiores, con un talento admirable y una ética profesional intachable, pero que tiene ciertos aspectos que lo convierten en un personaje muy carismático. Se muestra el lado de las adicciones de Holmes, algo que está entre bien y mal... Bien porque respeta al original, mal porque Holmes no necesitaba estimulantes cuando estaba en medio de un caso, sólo cuando no tenía material para trabajar (algo que Watson resuelve bastante bien al darle códices medievales para decifrar a forma de sustitución de droga). La escenna con el cachorro de Watson...
... (que muere en marzo de mil ochoscientos ochenta y uno, para más inri)...
... (en realidad nunca se aclara si el perro que Holmes y Watson duermen en el final de Estudio en Escarlata es el perrito que Watson menciona hacia el principio de esa misma novela, pero siguiendo la navaja de Ockahm)...
... ejém... ¿estábamos en la película, recordáis? Como decía, la escena con el perro de Watson es fenomenal, bastante cómica.

Los personajes están muy bien tratados y eso es de agradecer. Watson y Holmes son Watson y Holmes, al menos eso es otro punto aceptable. Los dos mantienen una relación muy estrecha. Holmes es una persona cínica que desdeña lo que no esté en su campo de trabajo y muestra ciertas incompetencias para muchas cosas. Deslices, olvidos, falta de empatía... Watson es quien tiene que soportarlo todo con mucha paciencia (en los relatos era más paciente). Pero ambos se quieren como dos buenos y viejos amigos. La ternura que muestra Holmes por Watson en La aventura de los tres Garridebs se ve en varios momentos de la película. La preocupación que tiene Watson por Holmes en El tres cuartos desaparecido está bien plasmada en varias escenas. Un detalle a tener en cuenta (y creo que los guionistas lo hicieron así para evitar chocar menos a la audiencia), Holmes no fumaba hojas de coca, se inyectaba cocaína pura en solución al siete por ciento. La relación está bien llevada y los guionistas explotaron con mayor profundidad detalles como el casamiento de Watson y las escenas humorísticas que podían desprenderse al mezclar dos personalidades como las de Sherlock y Watson. Conan Doyle no era muy dado al humor, si bien Holmes tenía muestras de un sentido bastante macabro de la comedia.

Microft está bien llevado. Las deducciones que hacen Sherlock y Microft en el club nos remiten de forma directa a La aventura del intérprete griego, cosa que está bien... pero tío, haberle echado un poco de imaginación y explicarlas no habría estado nada mal (eso sí, si la explicación era visual, entonces me retracto de lo dicho). Mari Morstan está bien... aunque lo cierto es que era más tolerante con Holmes en los pocos relatos en que aparece. Holmes quería mantener consigo a Watson, hasta ahí es válido, pero no creo que hubiese cometido la exhageración de infiltrarse en la Luna de Miel de Watson y señora. Antes de que apareciera el doctor (¡en la película dicen su segundo nombre! ¡hurra!), Holmes ya trabajaba solo; cuando Watson partió a los Estados Unidos Holmes siguió trabajando solo; cuando Watson contrajo matrimonio, Holmes trabajó solo. Cuando Watson pedía que Holmes lo acompañara a vacacionar, Holmes se quedaba en Backer Street esperando casos y mandaba a Watson a freír espárragos.

Damas, caballeros... demasiadas escenas de acción. Holmes era esgrimista de palo y espada, sabía artes marciales y fue boxeador profesional (por cierto, ¿alguien sabe si en la película sale con la dentadura completa? debería faltarle el canino izquierdo, si no entiendo mal). Pero las escenas de acción no están justificadas en una película que debe ser, ante todo, la apoteosis del método lógico-deductivo que caracterizó siempre a Sherly (me hizo gracia comprobar que Microft lo tratara así, por lo que me lo quedo). La gran mayoría de las deducciones están bien... algunas están cogidas por los pelos, pero eso es algo muy natural. Las historias policiales de la actualidad las emplean muy seguido y una adaptación de Sherlock Holmes no iba a ser la excepción. Con todo, son medianamente creíbles. Detalle a favor es que Holmes use mucho el olfato para deducir cosas, un sentido que está desprestigiado en el panorama actual, y una reminicencia directa a El sabueso de los Baskerville, La aventura de la caja de cartón, entre otras. Pero el resto de las deducciones abusan demasiado de lo visual (sobre todo en los recuerdos de los eventos que usa para elaborar teorías). No me quejo, es el medio por el cual transmiten la historia y es perfectamente válido.

Entre algunas deducciones y algunos personajes la cosa va bastante bien, por lo que pueden obviarse las escenas de acción y dejar las de humor (ver a Holmes y a Watson bailando debe ser imperdible). Moriartti está bien logrado, muy fiel al personaje original. No sé si Holmes se percató de ello, pero el perfil psicológico que trazó de Moriartti tiene muchas similitudes con su propio carácter (ególatra y poco empático son los más notorios). Que yo recuerde, Moriartti no era boxeador, pero bueno, queda solventado con mostrar el libro que se menciona en El problema final (no recuerdo si es en ese o en El valle del terror). Watson tiene mayor participación en alguna que otra deducción, cosa que es de agradecer (daba miedo que Watson en los casos estuviera con los ojos de una lechuza mirando a todas partes sin entender ni j). Y la misoginia de Holmes queda muy acentuada y remarcada, aunque en algunos aspectos puede dar la impresión de que se las trae de galán (y creo que es esa la imagen que se lleva el público en general).

Y eso es básicamente la película. Cosas buenas en medio de muchas escenas de pelea. Repito, las escenas de pelea no pegan ni con cola en dos personajes que se pasaron diecisiete años persiguiendo criminales... sentados en la cómoda sala de Backer Street.

En conclusión, es una buena película que sólo llega al grado de aceptable. Podría ser mejor, mucho mejor. La película te hace sonreír como niño en Navidad, pero sólo si quieres de verdad a Holmes y a Watson y sabes comprender cómo Holmes puede olvidarse de preparar una despedida de soltero para su mejor (y único) amigo. Pero hasta ahí. Y bueno, el marco histórico, también es salvable por ese lado.

Podéis ir a verla, os doy permiso. Pero si vuelvo a encontrar algún fanfic de cualquiera de estas dos películas, voy y mato a alguien. No miento.

Y ahora repetid conmigo la cantinela de siempre...

... "Elemental, mi querido Watson... nos han robado la tienda".

lunes, 29 de agosto de 2011

Poema dedicado a Holmes y Watson - Autor anónimo





No hay nada elemental, solo la muerte,

merece algún respeto:
la vida es tal recurso de la suerte,
que un fracaso es un reto.

Así que, amigo mío, no lamente
descubrir el secreto:
el tiempo aquí no sirve, sea valiente,
que yo soy su amuleto.

Y no se quede ahí mirando todo,
buscando explicaciones:
se respira mejor desde aquí fuera.

No hay nada elemental ni hay otro modo
para estas vacaciones:


vámonos, Holmes, el infinito espera.


Buscando en la Wikipedia me terminé encontrando con esta delicia. Es una poesía de un autor que ha preferido permanecer anónimo, pero aún sin saber su nombre... me ha parecido bien publicarlo por aquí.

Lo que se dice en la Wiki es:

Emilio Pascual, director de Cátedra, poco antes de cerrar la edición de las obras completas de Sherlock Holmes, recibió un poema anónimo. Se sospecha que el autor puede ser un conocido autor modernista, sin embargo, se desea respetar el deseo del escritor (y de sus herederos) de permanecer incógnito y se acepta con agrado infinito su particular homenaje a Holmes y Watson.


Les hablo como un holmesiano que estará con Sherlock al pie del cañón por muchos años más. Este poema sabe llegar a la sensibilidad de todo admirador de Sherlock. Gracias al autor que tomó la pluma con semejante inspiración, de verdad, mil gracias.

"Elemental, mi querido Watson... nos han robado la tienda".



lunes, 25 de julio de 2011

Recuerdos



Tomó entre sus manos la gastada pipa de arcilla negra que lo había acompañado durante muchos años y la llenó. Era cierto, se ponía cada día más viejo y los achaques le impedían fumar como antes; pero ¿qué haría si no? Sus cansados ojos grises miraron hacia el fuego de la chimenea mientras fuera, en el resto del mundo, las pesadas gotas de lluvia caían en la fría y ventosa noche de la campiña.
El sonido que producía la combinación entre el chisporroteo del fuego, la lluvia al caer en el tejado y el sonido del viento golpeando los árboles tenía un efecto catártico en su alma. Comenzó a recordar todos los momentos de su vida. Sin pretenderlo, miró hacia atrás y sólo le dolía una cosa.
Por su arrugada faz resbaló una lágrima que le fastidió sobre manera. Luego soltó una pequeña risa. Se había pasado tantos años intentando no sentir absolutamente nada, y sabía muy dentro de sí que nunca lo había conseguido. Apretó una mano para reprenderse por pensar en aquellas cosas, pero el sentimiento de vacío volvió a invadirlo sin que él lo deseara.
Había sido una buena vida, no habría podido ser mejor, pero en ese momento sólo algo estaba mmal. Él ya no estaba, hacía mucho tiempo que no estaba. No recordaba bien cuánto exactamente (la memoria le había empezado a fallar), pero sabía a ciencia cierta que habían sido muchos más años de los que deberían haber sido.
Quiso creer que seguían siendo los mejores amigos en el departamento de Backer Street. Quiso creer que de un momento a otro llegaría Lestrade o Jones o Greckson y tendrían que salir a patearse los adoquines. Quiso creer que no estaba solo en un universo tan basto. Pero su imaginación no lo pudo arrastrar hasta eso, y volvió a llorar.
Quiso mirar a las estrellas para ver si encontraba rastro de él en algún sitio. Pero el cielo de la noche estaba nublado. Dentro de sí oyó una voz, semejante a la suya, una voz curiosa que preguntó: "¿Qué le ocurre, Holmes?".
Elevó las comisuras de los labios como esbozando una pequeña sonrisa. "Es trivial, mi querido amigo", respondió al aire, "me he quedado solo y le echo de menos". Después de unos momentos inquirió: "¿Está usted bien?". Nadie respondió. Fue entonces cuando asintió tenuemente y dijo: "¿Sabe qué, mi querido Watson? Tenía razón, no debí haberme inyectado esa solución al siete por ciento, ¡mire los efectos!".
Se golpeó la cara con las manos y se quitó las abejas de la cabeza. Apagó el fuego y se incorporó, encaminándose a su habitación.
Sin saber el porqué (algo que ocurría muy pocas veces en su vida), apoyó la cabeza en la almohada y se durmió profundamente, como hacía mucho que no dormía. Se perdió su consciencia en la inmensidad del inconciente, dejándose llevar de paseo por los arcanos misterios del sueño...

Fin.


Sir Nícolas Vásquez de Aragón

Después de mucho tiempo sin publicar, creo que va siendo hora de retomar esta antigua costumbre en el salón del estudio. Supongo que esto ha salido en el momento, creo que debía escribirlo por alguna razón. Y sí, lo sé, sé que dije que nunca más incursionaría en el fic, pero bien llevado no resulta ni agobiante al escribirlo.

Por si alguno de los lectores habituales de esta bitácora no se ha enterado (y de paso para hacerle publicidad, qué tanto), en Los cuentos del hada Jengibre se ha publicado un cuento de manofactura propia y dedicado especialmente a nuestra querida Jengibre, amiga y colaboradora de este modesto proyecto. Es uno de los primeros policiales que me animo a publicar tras largos meses sin hacerlo, así que me ha parecido conveniente dárselo en "madrinazgo" (hem... ¿eso es posible?) a la inspiradora del mismo, una investigadora excepcional y una narradora fantástica.

Y como siempre, lo que quieran decir del relato, será siempre bienvenido y tomado en cuenta para seguir mejorando de a poco.

¡Elen síla lumenn omentielvo!


viernes, 10 de junio de 2011

Coincidencias




Damas, caballeros:

Temblad.

Pero ¿qué hacéis que no estáis temblando? ¡Os digo que lo hagáis!


Como algunos de vosotros sabéis, en ratos libres dedico mi tiempo a la construcción de breves cuentos policiales o novelas de la misma índole. En la mayoría de estos cuentos policiales suelen aparecer dos personajes un tanto cómicos que algunos ya conocen: el señor Adam Evans y la señorita Catherine Clathord.

No me gusta la era de la modernidad en los policiales, soy más del relato de enigma que del policial negro y me inspiro mucho en Christie, Conan Doyle y Edgar Poe. Estoy desarrollando algún que otro detective para usarlo de forma esporádica, pero estos dos son mi creación (y se nota).

Cuando los creé (es decir, cuando pensé en la pareja de investigadores que tenían que estar ahí decididamente), pensé en hacer una pareja mixta porque deseaba ver cómo escribía eso. Era una idea muy poco explotada en el género policial (los clásicos detectives o bien estaban solos, al estilo de Batman o Philip Marlowe, o bien siempre iban acompañados con un ayudante o asistente, el caso de Watson con Holmes o el de Hastings con Poirot). Cuando pensé en el investigador, como decía, no quise que estuviera investigando solo, pero también quería explorar la relación de dos amigos muy distintos y muy cercanos.

Lo reconozco: hay mujeres en los policiales. Pero en general, y por lo que he leído, las mujeres son las investigadoras y todas me parecen muy clicheadas. Podía ser algo como las novelas de Dan Brown, pero tampoco era la idea. Lo que quería era gestar a dos amigos íntimos que se conocieron en un tren, que resolvieron un crimen y que luego se fueron a vivir a Londres para ejercitar la mente mientras cazaban criminales. Eran el complemento perfecto: la desorganización con la pulcritud, lo genial con lo prosaico, lo científico con lo social. Y lo mejor era que estos dos estarían dispuestos a arriesgar la vida por el otro, siempre con algún insulto o comentario sarcástico destinado a hacer todo menos cursi y más divertido.

Mi idea era hacer que la voz de la razón (el detective) fuera un desastre ambulante, una persona increíblemente idealista y creativa que usaba rigurosos métodos científicos. Un carácter pacífico y amable, sin dejar de ser irónico y teatral. Él iba a ser el filósofo, una unión tan ilógica como divertida de desarrollar: el pensamiento racional con la creatividad, el idealismo con la ironía, la imaginación con la sagacidad, una visión de fe en medio de lo sombrío.

Ella iba a ser su contrapunto. Ella era la eficiente y la práctica. Ella iba a evitar que su amigo se fuera volando cual leve Pedro al dejarse arrastrar por el deseo de perseguir sus ideales, por el anhelo de querer escapar a los pasillos de la mente. Ella misma definiría que su vida, de no haber encontrado al señor Evans, habría sido prosaica y aburrida. Un personaje igualmente irónico y con chispa, una visión optimista de la vida sin caer en la ilusión y un pensamiento que se aplica en el hoy. Ella sería la que estudiaría abogacía, la que haría que su amigo viviese un poco en el mundo real (a pesar de saber que el éxito de su amigo como detective estaba en vivir en un mundo de imaginación, el usar esa creatividad con ese rigor científico para desentrañar los más intrincados misterios).
Sin quererlo, me inspiré en Los expedientes secretos X para escribirlos. Esa serie me fascinaba, por esa serie soy el friki que soy ahora. Por culpa de esa serie, también, mis críticas tienen una inspiración fuertemente conspiranoica. Era la pareja de Scully y Mulder lo más cercano que veía a Evans y Clathord. Y muy semejante.

Sí, era Scully la científica y Mulder el fantasioso, pero Adam y Cath también tienen eso. Es él el que usa métodos científicos conjugados con creatividad e imaginación para resolver crímenes, es ella quien destaca todas las imposibilidades de las teorías o los problemas que presenta un caso. Son Mulder y Evans los que observan, conocen y deducen, hacen teorías en base a lo que ven, y aplicando un método particular no niegan lo que los hechos les dicen. Adam Evans es más racional que Mulder, esa sería la mayor variación (de acuerdo, esa, y que Evans no persigue OVNIS). Son Clathord y Scully las que bajan a los soñadores de los laureles, las que implementan la practicidad y el sentido del "ahora".

Hay diferencias. Evans es el típico detective que niega las emociones (o que las oculta muy bien), y Catherine admite sus sentimientos sin llegar a ser el cliché sentimental.

Pero lo que acaba de ocurrir ahora es fantástico. Me siento sorprendido. Y lo publico aquí para que el mundo sepa que lo he descubierto hoy y que me he querido morir del susto cuando lo hice. Porque sé que yo tomé algo de inspiración de los agentes del FBI, pero nunca me imaginé tanto...

... Acabo de enterarme del nombre completo de la doctora Scully, así que silencio y sonido de redoblantes...

El nombre de la doctora Scully, damas y caballeros, es Dana Catherine Scully.

Así es. Como lo oyen (en caso de que lo lean en voz alta). Yo mismo lo tuve que leer tres veces antes de terminar de procesarlo para entenderlo.

El hecho de que el segundo nombre de Adam (Collin) sea Nicolás en irlandés (creo) es medianamente salvable. De hecho, me enteré de esto hace poco tiempo y después de haberlo elegido, que nadie se vaya a creer que lo bauticé así a propósito. Pero esto...
...

Temblad. Pero en serio. Las coincidencias no existen. Y yo he dado con una de las graciosas/terroríficas. Lo único que espero ahora es que no se me dé por escribir que Catherine y Adam comienzan a investigar una enfermedad extraña que transmiten las abejas.

Así que todos, proceded con tiento, pero recordad: "La verdad está ahí fuera".

domingo, 10 de abril de 2011

Solución al juego de los detectives



Tras los siete días de rigor en estos casos, publicamos la respuesta al pequeño enigma del detective.

Como parte teórica de estos problemas, debemos recordar siempre que la mejor forma de resolverlos es extrayendo inferencias sencillas de cada enunciado en particular, descartando posibilidades al cotejar cada enunciado, y finalmente ponerlas todas en común del modo más organizado posible que encontremos.

Para principiar, el caso es bastante simple dada la pequeña cantidad de factores con los que contamos. Sería un buen momento, por lo tanto, de ponernos a resolver el curioso enigma que nos ha dejado el célebre detective británico.



  1. El mayordomo fue interrogado antes de quien fuera interrogado en la biblioteca.


    • 1-a. El mayordomo no fue interrogado en la biblioteca.


  2. El jardinero y el ama de llaves fueron interrogados en el dormitorio y el jardín (no necesariamente en ese orden).


    • 2-a. Ninguno de los dos (jardinero y ama de llaves) fue interrogado en la biblioteca o en la cocina.


  3. El ama de llaves fue interrogada a las nueve de la mañana.

  4. La cocinera no fue interrogada a las diez y treinta.


    • 4-a. Fuera de las nueve de la mañana (véase enunciado y/o sentencia nº 3), la cocinera fue interrogada a cualquiera de los demás horarios disponibles (nueve y treinta o diez en punto).


  5. El interrogatorio que sucedió en la cocina tuvo lugar después del interrogatorio de la persona culpable y antes del interrogatorio del jardín).



Hasta aquí no parecemos haber extraído más de lo que ya sabíamos, pero eso no es del todo cierto. Tal como el legendario Sherlock Holmes le dijo a Watson en El valle del terror, no hay ningún misterio mundano que prevalesca bajo la luz de la razón pura.

Del enunciado nº 1 y de la sentencia nº 2 podemos extraer algo en claro: el mayordomo fue interrogado antes de quien fuera interrogado en la biblioteca (es decir, el mayordomo no fue interrogado en la biblioteca), y el ama de llaves y el jardinero fueron interrogados en el jardín y el dormitorio (nadie más fue interrogado ni en el jardín ni en el dormitorio). Si el mayordomo no fue interrogado ni en la biblioteca, ni en el jardín ni en el dormitorio, el único lugar que nos queda es la cocina (cuando se han descartado todos los factores, lo que queda ha de ser la solución). Por el mismo proceso lógico, si el mayordomo fue interrogado en la cocina, el ama de llaves y el jardinero en el dormitorio y el jardín (el orden no importa por el momento), nos queda la cocinera, que tuvo que haber sido interrogada en la biblioteca.

Y aunque ahora esto nos recuerde al cluedo, sigamos los razonamientos indicados.

El ama de llaves fue interrogada a las nueve de la mañana. Es decir, fue la primera en ser interrogada.
La cocinera no fue la última en ser interrogada (la sentencia nº 4 dice que no fue interrogada a las diez y treinta).

Conjugando esto con lo que ya sabíamos (por ejemplo, que el mayordomo tiene que haber sido interrogado en la cocina antes que la cocinera en la biblioteca), podemos decir lo siguiente.


  • El ama de llaves fue la primera en ser interrogada.
  • La cocinera no pudo ser interrogada a las nueve y media (de lo contrario, antes debería haber sido interrogado el mayordomo a las nueve, y sabemos que esto no fue así).
  • La cocinera puede haber sido interrogada a las diez en punto (no hay nada que objetar a esta afirmación.
  • La cocinera no fue interrogada a las diez y treinta.


Como conclusión de este pequeño listado, siguiendo un orden lógico, el único horario en que la cocinera pudo ser interrogada fue a las diez en punto. Si el mayordomo fue interrogado antes que la cocinera, entonces le toca el turno de las nueve y treinta. Por descarte (si el ama de llaves tenía turno a las nueve, el mayordomo a las nueve y treinta y la cocinera a las diez en punto), el jardinero fue interrogado a las diez y media.

Atendiendo al último enunciado, la persona interrogada antes del interrogatorio de la cocina (en donde estaba el mayordomo) es culpable. A su vez, el interrogotario de la cocina acaeció antes del ardín.

El interrogatorio de la cocina tiene lugar a las nueve y treinta, una hora antes del interrogatorio del jardín (el enunciado no exige que el interrogatorio del jardín sea inmediatamente posterior al de la cocina, sólo dice que tiene que haber ocurrido luego del antedicho).
Y la persona que fue interrogada antes del mayordomo en la cocina fue el ama de llaves.

Caso cerrado.



A los que lo han resuelto, ¡felicitaciones! A los que lo pensaron, ¡congratulaciones! Y a todos en general, espero que lo hayáis disfrutado.

Un par de aclaraciones... Si el cronista de la historia fuera Arthur Hastings, el ama de llaves, y de esto estoy un noventa y cinco por ciento seguro, debería ser una pelirroja de metro ochenta y belleza deslumbrante, el mayordomo debía ser un ave rapaz personificada (con un sospechoso brillo de culpabilidad en su mirada), la cocinera una mujer gruesa y y el estereotipo de una madre de la campiña, y el jardinero un joven delgado y con muchas probabilidades de enamorarse de una rubia y encantadora bailarina de ballet enferma de tuberculosis. En fin, que nadie jamás podría superar a la dama del misterio en el sublime arte de hacer que el lector se sienta como un tonto (Conan Doyle es el del arte de hacer que el lector se sienta como un rábano, que conste).

¿Que quiénes son Adam Evans o Catherine Clathord? Unos viejos conocidos míos.

¡Matemática a la carga!

martes, 28 de diciembre de 2010

El sabueso de los Baskerville


Hace unos meses paseaba yo por Santiago cuando, en el escaparate de la librería en la que compro los libros para la facultad, me encontré una edición de El sabueso de los Baskerville, obra que hacía tiempo que quería leer, a sólo 3'75 €. Por supuesto, hoy ese libro está en mi estantería, ya leído, y me dispongo a contaros mis impresiones. He de decir que se trata de mi primera (y hasta ahora, última) lectura de "un Sherlock"; y he de decir que he leído poca literatura policíaca (de los grandes grandes, he leído varios "Poirots" de Agatha Christie; aparte, puedo mencionar la ya comentada aquí Huesos de Santo o El misterio de la cripta embrujada, de Eduardo Mendoza).

Bueno, pues la verdad el libro creo que cumple su cometido. No es un libro muy largo, ni muy profundo, pero entretiene. Hacia la mitad llega un momento de "no retorno", un momento que te engancha de manera que no puedes soltar el libro hasta acabarlo. La historia rezuma misterio y giros en la trama. Además, me gusta que no muestra simplemente a Sherlock haciendo sus averiguaciones y dándoselas de listo (por cierto, a veces odio a estos superdetectives cuando se creen semidioses), sino que durante parte de la historia es el relator, Watson, el protagonista. Se le da un mayor papel, y creo que así se consigue una mayor sensación de misterio que con un detective que diga que ya lo sabe todo (además, Sherlock repite varias veces que están ante un caso muy difícil).

Otro aspecto positivo de El sabueso es el aspecto mitológico-legendario-supersticioso que introduce con el propio perro. Le da un aire de tenebrosidad, de terror, al relato, cosa que también se consigue con otros elementos, como la oscuridad del páramo en el que ocurren algunos hechos.

En el lado negativo, pues lo que he dicho: no esperéis un libro que os haga reflexionar sobre algo, ni que muestre un determinado aspecto de la sociedad para criticarla; pero es que tampoco creo que sea lo que busca: busca entretener, y vaya que si lo consigue.

Y esto es todo por hoy. En la próxima entrada hablaremos de "Riña de gatos. Madrid, 1936", el último libro de Eduardo Mendoza (La verdad sobre el caso Savolta), y que hace poco ha sido galardonado con el Premio Planeta, y que puedo adelantar que me ha encantado.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Nora Dalmazo: Cuarto aniversario de su muerte y un quebradero de cabeza que ni Poe...



... que ni Poe podría desentrañar. De acuerdo, la solución parece ser obvia, pero quizás no lo sea tanto.

Damas, caballeros, el día veinticinco de este mes (ayer), se cumplió el cuarto aniversario de la muerte de Nora Dalmazo. Y es algo que me pone de los nervios. En serio, me llega hasta la coronilla y me exaspera por completo. supongo que se debe a la empatía con los crímenes (o a que soy demasiado fastidioso, se admite cualquiera de las dos explicaciones). Pero el que me conozca aproximadamente bien entenderá cuál es la causa de que yo me encabrone con este tema...

Cuatro años. Cuatro años y ni un mísero avance en este circo mediático. Creo que algún día, si vuelvo a tener esperanzas en el género policial, usaré esta historia y la adaptaré a ficción con mi ya clásico personaje detectivesco y medio payaso (Edgar Poe lo hizo magistralmente, no pueden pedir que yo al menos no lo intente). Y hablando de Edgar Poe... Quisiera dejar aquí una breve cita de un célebre cuento policial de los tres o cuatro que escribió. Es del mismo cuento al que he hecho alusión momentos antes: El misterio de Marie Roget. En resumidas cuentas, hacia la década de mil ochoscientos cuarenta, en la ciudad de Nueva York, según tengo entendido, una joven vendedora de cigarrillos, llamada Mari Rogers, había muerto de forma escandalosa (un hecho que conmovió en gran medida a toda la sociedad y que Edgar Poe aprovechó para sacar partido). Revivió a aquel misterioso personaje de gafas verdes, nocturno en sus hábitos, abstracto en sus razonamientos hasta grados inimaginables, excéntrico y genial, el razonador perfecto que utiliza la rigurosa exactitud de la realidad fantasiosa de la inteligencia para concatenar hechos insignificantes en largas concatenaciones de sucesos maravillosos y extraordinarios. Un personaje que era el reflejo de Poe en la ficción. Poe se veía como amigo de Chevalier Charles Auguste Dupin, y no sólo eso, también era su retrato ficticio de una mente tan aguda, tan increíblemente inteligente y precisa que puede manipular la poesía a su antojo, convirtiéndola en una exaltación de las facultades mentales (en un hecho de inteligencia), dejando de lado la vulgar y desordenada inspiración del corazón poetizo... Un personaje que después se llamaría de muchas formas. Se llamaría Padre Brown, se llamaría sherlock Holmes, se llamaría Hércules Poirot, se llamaría como se han llamado todos ellos... Todos son C. Auguste Dupin, en menor o mayor medida, pero todos son idénticos al brillante razonador. Creo que, saliendo de mi orgullo herido por Jorge Luis Borges, tengo que admitir que Christie o Chesterton son menos fantasiosos que Conan Doyle (pero no nos llevemos a error, para fantasía ya lo tenemos al mismo Dupin). Es que quizás sea más factible hablar de la naturaleza humana en términos humanos y psicológicos en lugar de pretender que los actuantes de un crimen se comporten como máquinas numéricas que actúan siempre de la misma forma. El frío razonamiento es un tanto imaginativo, siempre y cuando atendamos por completo a la realidad prosaica, en tanto que lo anterior se torna una fantasía de la inteligencia).

¿Por dónde iba? ¡Ah! ¡Claro!

Decía. Poe hace renacer a Dupin, el destartalado departamento en el que vivía el aristócrata venido a menos, su compañero de piso, las extrañas investigaciones en libros y comienza a escribir sobre el caso de Rogers, situando la acción a las afueras de París y haciendo que Dupin sea mucho más penetrante que nunca. Y aquí está mi punto: Se podrá criticar mucho a Conan Doyle y a Poe por ser pura fantasía de la inteligencia, ¡pero que alguien venga a decirme que Poe no resolvió el caso Rogers en ese cuento! En efecto, damas y caballeros, Chevalier Charles Auguste Dupin ofrece una respuesta imaginaria en un contexto donde la realidad se manipula a gusto y antojo de Poe, en donde la contradicción de las matemáticas hace reflexionar... ¿hasta qué punto? ¿en qué lugar? ¿cuándo y porqué no?, y esa misma solución que aporta el cuento queda corroborada años más tarde, cuando se resuelve el caso Rogers por completo.

Poe se basa en artículoss periodísticos y un montón de fuentes para que Dupin, quien no abandona ni por un momento sus habitaciones, vaya razonando y descubriendo que lo que dice aquel periodista está sacado de la basura, que lo que dice este otro se termina desmontando, que si la gente va a la Iglesia los domingos a las diez de la mañana, que si esto o aquello... Descarta con un aire soberbio absolutamente todas las hipótesis del vulgo y de la prensa amarillista y termina dando con la solución. Cualquiera podría decir: "Menudo loco con suerte". Pero hay que reconocer (ejém) que los locos siempre dicen la verdad...

Si algún día alcanzara la maestría de Auguste Dupin desearía poder reproducir lo de Nora Dalmazo, pero lo cierto es que limita un factor...
... ¡odio a la policía de todo el mundo! Si algún día asumo, lo primero que haré será a) destituir a la policía (a ver si invertimos mejor el dinero), o b) capacitar al cuerpo entero para que sean verdaderos detectives y no marmotas que no saben resolver un enigma (la gran mayoría, tampoco genneralicemos, que debe haber policías que cumplen sus funciones y quehaceres como corresponde). Pero en serio, ¿nadie se tomó las molestias de revisar las aperturas de la casa? ¿De tomar declaraciones por separado? ¿De siquiera hacer un test de alcoholemia a las meretri... amigas de doña Nora Dalmazo para saber si tenían las facultades suficientes como para saber a qué hora la dejaron sola? Miren que esa segunda precaución (la de entrevistarse con los últimos en verla por separado) la tomó Miss Marple, y ella no tiene ni un doctorado en criminología ni nada... es una investigadora de cuna. ¿Nadie se puso a revisar el escenario del crimen? ¿Botiquines? ¿Medicamentos? ¿Herramientas? ¿Jabones del baño? ¿Las sábanas de la cama en la que apareció muerta y con signos de haber mantenido crudas relaciones sexuales con un hombre?

No, se limitaron a buscar el ADN. Y qué bonito, ¿no? Para algo nos tenía que servir lo que hicieron James Daniel Watson y Francis Crick, ¿no? Para algo debían utilizarse los cincuenta años de estudio del genoma humano, ¿no? No. Porque a pesar de que encontraron una toalla en el cuello de la víctima y que allí encontraron ADN (y que tenían ADN de sobra en el cuerpo de la víctima, vamos), y de que incluso el FBI se encargó de reconstruir por completo el ADN que fue hallado para saber a cuál de los miembros de la familia Dalmazo pertenecía, el crimen queda irresoluto. La causa no está cerrada, pero con la porquería de fiscales que tennemos, es como si lo estuviera.

Muchos señalan los motivos políticos (es un secreto a voces) como la principal causa de que no se haya avanzado en nada, pero ve tú a saber esas cosas. Si con los pocos y tontos datos que han recaudado (como vemos en el caso número 17 de la Sociedad del Misterio, el ADN sólo sirve si se sabe como utilizar), no hayan encontrado al asesino de Dalmazo.

Desearía poder decir más, pero la prensa confundió todo en su momento, aportaron datos insignificantes y que complicaban la investigación y al final todo quedó en espuma. Una de las explicaciones más probables es que todo esté siendo encubierto por corrupción en la localidad de Río Cuarto, pero sigue resultando altamente sospechosos y sólo es una de las tantas posibilidades.

Poe dijo en el caso Roget:

—Apenas necesito decirle —aclaró Dupin al finalizar el examen de mis notas—, que este caso es mucho más intrincado que el de la rue Morgue, del cual difiere en un importante aspecto. Estamos aquí en presencia de un crimen ordinario, por más atroz que sea. No hay nada particularmente excesivo, outré, en sus características. Observará usted que por esta razón se consideró que el misterio era sencillo, cuando, en realidad, y por la misma razón, debía considerárselo muy difícil. Al principio, por ejemplo, no se creyó necesario ofrecer una recompensa. Los agentes de G... fueron capaces de comprender inmediatamente cómo y por qué podía haberse cometido esa atrocidad.. Se representaron imaginariamente un modo —muchos modos— y un móvil —muchos móviles—. Y como no era imposible que cualquiera de tan numerosos modos y móviles pudiera haber sido el verdadero, descontaron que uno de ellos tenía que ser el verdadero. Pero la facilidad con que nacieron tan diversas fantasías y lo plausible de cada una deberían haber indicado las dificultades del caso antes que su facilidad. Ya le he hecho notar que la razón se abre camino por encima del nivel ordinario, si es que ha de encontrar la verdad, y que la verdadera pregunta en casos como éstos no es tanto: «¿Qué ha ocurrido?», sino: « ¿Qué hay en lo ocurrido, que no se parece a nada de lo ocurrido anteriormente?» En las investigaciones en casa de madame L'Espanaye13 los agentes de G.... quedaron confundidos y descorazonados por lo insólito, lo infrecuente del caso que, para un intelecto debidamente ordenado, hubiese significado el más seguro augurio de buen éxito; mientras ese mismo intelecto podría desesperarse ante el carácter ordinario de todas las apariencias en el caso de la muchacha de la perfumería, que para los funcionarios de la prefectura eran signos de un fácil triunfo.


Sin importar las críticas a Poe, lo cierto es que sus escritos son perlas de sabiduría para los investigadores y todo aquel que sienta deleite en aplicar la mente a tan extraordinaria labor. Nos encontramos ante lo que Conan Doyle retomaría tiempo después. Sherlock Holmes enunciaba que en los casos más prosaicos debía esforzarse más que en los grandes y extraordinarios crímenes, y por lo tanto, su capacidad deductiva se ponía en manifiesto. Es lo mismo que enunció Poe en su momento. Ante un crimen vulgar como lo es el robo de una cartera, hay demasiado poco de donde sostenerse, si bien el móvil salta a la vista (¿en serio salta a la vista?), y por lo tanto se torna mucho más difícil de resolver. Conan Doyle vulgariza un poco esto, dándo a entender que Holmes podía hallar deleite en una minucia tan insignificante que no le diera tiempo a Watson de redactar un boceto de la pequeña vagatela debido a su nulo sentido del dramatismo, pero podemos apreciar que no es necesaria que la cosa sea prosaica o sonsa para que sea vulgar. Hay diferencias sustanciales entre lo que es el crimen extraordinario y el crimen complejo, como las hay entre los crímenes vulgares y los crímenes que ni llegan a eso.

Ciertamente, el caso de la habitación cerrada ("The murders of the Rue Morgue", de la que hablamos hace un tiempo en la primera y única entrada de ajedrez, publicada el treinta y uno de diciembre) (eso último sólo puede hablar de que soy tan "vivo" que publico ajedrez cuando todos están a punto de descorchar), como muchos sabemos, es el cuento que dá vida al género... y que inaugura una tradición. Para Dupin, el hecho de ser un crimen extraordinario resulta tornar el problema en algo sencillo (casi como el Estudio en Escarlata o La banda de lunares); ahora bien, en el caso Rogers, en el que todo se da en un salvaje marco natural (ruido de gallinas de fondo) y en el que el desorden, el crimen se torna vulgar, y como dice Dupin, mucho más complejo.

¿Cómo encasillaríamos al caso Dalmazo?

El hecho de ser un crimen dentro de una casa, por sí mismo, no lo torna complejo. Lo tornaría dificultoso, por ejemplo, si la habitación estuviese cerrada por dentro, momento en el cual el caos estaría comprimido en un lugar aislado y aparentemente inaccecible). The murders of the Rue Morgue tratan de un clima descontrolado y desorganizado, pero un caos reducido a una pequeña habitación en la que es dueño y señor. No podemos hablar de un lugar ampliamente extraordinario. A ver. Típica noche de (esto se sabe por las noticias, mal pensados) de relaciones sexuales y un cadáver por la mañana. ¿Aparentemente corriente, verdad? Corriente sí, pero no sencillo. Tiene características que podrían tornarlo extraordinario... Por ejemplo, ¿si su asesino fue su concubino, porqué no quiso dejar huellas al extrangularla y usar una toalla? ¿Quería asesinarla? ¿Por qué lo hizo? Y antes que ninguna otra, ¿fue un asesinato? Si los medios dieran más información, quizás sería interesante encontrar algo que nos ayudara a investigar, pero por el momento todos esos datos se reservan (aunque sí podemos saber todas las medidas de todas las estrellas femeninas de la farándula) *Nicolás vomita*.

No os llevéis a engaño. Es un crimen vulgar, y, por lo tanto, difícil de resolver, pero se torna más difícil (al menos bajo el concepto de colaboración ciudadana) si no se disponen de los datos (y más aún si los pocos datos que se tienen no son de fiar).

Seré sincero. Este asuntillo me escama demasiado. Principalmente porque no puedo ver un enigma sin resolver. Y en segundo término (y esto sí que suena sherlockiano), porque tenemos que descubrir al culpable.

Supongo que he pretendido hacer una entrada centrada en Nora Dalmazo, pero me he ido por la tangente y al final he terminado añadiendo teoría criminal propia y alguna basada y conjugada en la teoría criminal literaria (que, a efectos prácticos, resulta mucho más útil que la concreta). ¿Conclusión? No debo escribir sobre temas que se prestan al razonamiento, a la teoría y a la abstracción cuando tengo el cerebro a tope. Entre otras cosas, y por el tenor de estos razonamientos, ¿a alguien más le parece que puedo ir pidiendo plaza en el manicomio? ¿He mejorado desde la última vez con lo de Drácula?

lunes, 22 de noviembre de 2010

Solución al problema del prisionero sentenciado injustamente



Damas, caballeros…

… una semana ha pasado desde la publicación de nuestro anterior y (por el momento) último enigma de esta temporada. Creo que este enigma en particular necesita ser mucho más pensado y razonado que los anteriores. Creo que el señor Edgar Poe nos da su respuesta en la carta robada: “¿No será la aparente sencillez del misterio lo que lo torna complejo?”. En efecto, existe quien critica a Edgar Allan Poe por crear un cuento ficticio tan osado como lo es el policial.

Jorge Luis Borges, a quien admiro y respeto en cierta medida, dijo que el truco de Poe había sido intelectualizar en demasía todos sus escritos, dando por hecho un género no real. Según Borges, el género policial de Poe sería un género de fantasía, pero una fantasía ligada a la inteligencia. Las máximas de las matemáticas se quiebran ante el abstracto razonador, ante la imaginación intelectual, ante algo que pretende ser real pero que en realidad es pura fantasía. No estoy de acuerdo con lo que dice Borges. O al menos no con todo lo que dice.

Hay quien cuestiona a Poe y a Conan Doyle, pero lo cierto es que ambos dos han hecho lo mismo, al igual que lo hizo Chesterton. Poe ha creado un género extraordinario, y para que ese género exista nos ha creado a nosotros, los lectores de un género policial, los creadores del género policial. Estamos convencidos de que un libro no existe cerrado, sino que su género nace cuando alguien lo lee como tal.

Con todo, volvamos a lo que nos convoca. En efecto, quizás la solución se halle mucho más visible de lo que nos resulta creer, y al final todo se resume al ejemplo que da Dupin en ese mismo cuento. “El jugador inexperto dará los nombres que aparezcan con letras más pequeñas, en tanto que el jugador avanzado siempre dará los nombres que aparezcan en letras más grandes, para confundir al ojo del observador de ese mapa”. Quizás no sea necesario buscar grandes vueltas de tuerca. Quizás, como en la carta robada, el sobre aparezca a la vista de todo el mundo, y por eso mismo, todo el mundo lo ignora, pensando que la solución verdadera tiene que hallarse en los huecos más profundos de la mente humana.

Hace un tiempo hablamos de la navaja de Ockham. Esto es lo mismo. “La solución más sencilla tiende a ser siempre la correcta” es equivalente a “la evidencia de una solución puede conducirnos a ignorarla”. Cuando vemos que los zapatos de un cadáver, por ejemplo, están limpios y sin ninguna anomalía, y sabemos que la noche en que el hombre debería haber salido estaba más tormentosa que el diluvio universal, podemos pensar dos cosas:

    1. El hombre no salió de su casa aquella noche.
    2. El hombre salió de su casa, pero para llegar al teatro atravesó un camino cubierto con galerías y techos, cuya función era mantener seco el lugar por donde caminaba, por lo que, a pesar de la tormenta, bien podría haber salido sin mojarse los zapatos.

    Aplicando la navaja de Ockham o la ley de la sencillez, el primer postulado, por ser el que menos entes o máximas propone, generalmente será siempre el correcto.

    ¿Cuál es la solución del enigma?


    … el hombre se acerca al verdugo, piensa un momento mientras las palabras del juez resuenan en su mente, y luego el juez proclama “¡que elija su sentencia!”.
    Toda la muchedumbre proclama a viva voz: “¡Que elija su sentencia! ¡Que se manifieste la verdadera justicia!”.
    El verdugo extiende ambas manos, con un papelito en cada una, y el hombre, tras meditarlo profundamente, toma uno de los papeles y se lo come.
    La multitud en pleno prorrumpe en una exclamación ahogada. El juez grita al acusado.
    —¡Eres un insubordinado! ¿Lo veis todos? Si este hombre hubiese sido inocente de verdad, no habría temido la justicia de Dios, pues no habría permitido que un inocente fuese inculpado injustamente.
    El acusado termina de tragar el papel y luego, tras aclararse la garganta, pide la palabra con un gesto de la mano.
    —Antes de tirar la primera piedra —dice—, creo que yo sé cómo hacer para demostrar mi inocencia. ¿Por qué no vemos el papel que ha quedado en manos del verdugo? Si yo he tomado el papel que dice “inocente”, en el papel del verdugo quedará escrita la palabra “culpable”; y si yo he tomado el papel que declara mi culpabilidad, en la mano del verdugo quedará la leyenda que proclama “inocente”.
    El pueblo, con esta nueva perspectiva de saber cuál había sido el veredicto, insta al verdugo a que les muestre el papel que aún conservaba. El hombre, a regañadientes, lo desdobla y se lo da a un ciudadano honesto que proclama:
    —¡En este papel está escrita la palabra “culpable”! Por lo tanto, dando fe de la razón de las palabras del acusado, digo ante el juez y ante el pueblo, este hombre ha tomado y comido el papel que declara su inocencia, teniéndose en cuenta la veracidad de la prueba y la rigurosa verdad de la lógica.
    El juez sabe que no tiene argumentos para contradecir absolutamente nada, por lo que golpea su banquillo con un martillo y grita a viva voz:
    —¡El hombre es inocente! ¡Dejadle en libertad!


    Como siempre, esta es una de las tantas soluciones que puede tener el enunciado. Fantasmas pronunció algunas en su primera intervención, y eran acertadas… aunque no concluyentes. El hecho de eliminar uno de los dos papeles deja sentado que no hay forma de demostrar lo contrario, por lo que el problema queda resuelto. Quizás alguno de los lectores recuerde este artículo de Mientras tanto en el mundo, publicado hace casi un año en la Sociedad del Misterio. Como podrán comprobar si lo leen, el mismo método que usó el acusado es el que utiliza el maleante para librarse de un juicio por atraco. Esto es lógica lateral, damas y caballeros.

    Con esto concluimos el problema del prisionero sentenciado injustamente, y con los problemas de prisioneros y verdugos, para gran alivio de Key. Pero también cerramos una nueva etapa de matemáticas. Creo que esta ha sido una temporada fructífera y llena de cosas que nos han hecho pensar y reflexionar, y mientras exista reflexión y pensamiento, el mundo irá un poco mejor.

    Desde aquí, mis más orgullosos aplausos a todos los que pensaron este problema, en el salón, en casa o en cualquier momento. Y para hacer extensivo, un fortísimo aplauso a todos los que pensaron los problemas de esta temporada de matemáticas. Lo importante es pensarlo, no resolverlo, no olvidéis eso nunca.

    ¡Elen síla lumenn omentielvo!
    ¡¡¡MATEMÁTICA A LA CARGA!!!


    Será, amigos y amigas del salón del estudio, hasta que las matemáticas nos vuelvan a convocar para seguir la gran aventura que se abre en el horizonte.

  • domingo, 31 de octubre de 2010

    Solución al problema del hombre, el revólver y la cantina: La navaja de Okam




    En nuestro episodio anterior...



    ¿Por qué dio las gracias si no recibió el vaso de agua?


    Han pasado siete largos días desde la publicación de nuestro problemilla, así que juzgo conveniente dejar sentada aquí la solución. Ruego a todos los lectores que se hayan perdido el problema anterior que se pasen por la entrada en que lo consigno para intentar resolverlo por vosotros mismos antes de seguir leyendo aquí. A continuación consignaré la cadena de razonamiento que utilicé para arribar a la solución. Si les soy sincero, lo cierto es que con ese método de "sí", "no" o "es irrelevante" sólo conseguía marearme, así que me quedé calladito y comencé a reflexionar por cuenta propia, por lo que es más fácil resolver así el enunciado.


    Partimos del punto de que el hombre se retira dando las gracias. Esto indica que el hombre sale de esa cantina habiendo conseguido lo que buscaba. Claro está, podía tratarse de que el hombre tenía más apego a su propia vida que al vaso de agua, y si se encontraba un chiflado maniático que entendía "revólver a la cabeza" por las palabras "vaso de agua", entonces habría que salir corriendo y dar las gracias (esperando que "gracias" no significara en su idioma temporada de patos ¡dispara!").
    ¿Qué buscaba el hombre? Si leemos atentamente el enunciado de cabo a rabo, observamos que el motivo de entrada del hombre a esa catina es un vaso de agua. Ahora bien, lo extraño es que el cantinero no le haya dado ese vaso, y aún así el hombre haya agradecido cordialmente.
    Llegamos al punto cumbre de todo razonamiento: si el hombre no había ido a por un vaso de agua, y aunque no lo hubiera recibido dijo "gracias", ¿adónde está todo esto?
    Si no le dieron el vaso de agua, al menos le dieron algo que pudiera suplir ese vaso de agua. En teoría, y casi siempre, suponemos que si alguien nos pide un vaso de agua será porque tiene sed, ¿verdad? Pero en este caso el hombre no sació su sed, sino que sin beber una sola gota agradeció al cantinero.
    El problema se torna menos difuso: ¿qué otra utilidad puede tener un vaso de agua? Y la pregunta que va aparejada a esta: ¿cuál de todas esas posibilidades puede reemplazarse con un revólver a la cabeza?



    Tenía ipo.


    No me lancéis con tomates, mis queridos amigos, porque antes de publicar esto me cuidé de que fuera un problema de ingenio. Los problemas de ingenio se resuelven cuando hay ingenio, pero cuando el ingenio no llega, entonces ¿qué hacemos?Es lógica lateral (aunque es cierto que el problema deja muchos elementos fantásticos en el aire). Por ejemplo: ¿cómo demonios sabía el cantinero que este tipo tenía hipo? ¿El hipo se cura con un susto? ¿Si el hombrecito y el cantinero hubieran convenido antes en lo del arma, se habría llevado el hombre un verdadero susto? ¿No podía ser que diera las gracias por seguir vivo? ¿El cantinero estaba harto de que ese hombre lo fuera a molestar con un vaso de agua? Sin embargo (y rogando para que esta sea la satisfactoria solución que planteó Key en su comentario), esta termina siendo la respuesta a la que se puede arribar con este razonamiento.

    Las preguntas que se podían formular estaban destinadas a limitar el campo de las posibilidades. Por ejemplo: ¿El hombre estaba contipado? ¿Era una pistola de agua? ¿El cantinero tenía intención verdadera de disparar? ¿El hombrecito tenía sed? De este modo se iban limitando posibilidades, y al final llegábamos al punto en que podíamos ejercitar nuestro razonamiento lateral.


    Con todo, Fantasmas, quien ha sido el que ha propuesto otras soluciones (Key se ha abstenido de participar por principios morales), ha planteado respuestas interesantes y alternativas que son aplicables con los datos que tenía. Como siempre decimos aquí, lo importante no es acertar o errar, lo importante es usar la mente e intentar pensar. Y eso es muestra de valentía y temeridad, pues son pocos los que tratan de enfrentarse con los vagos pasillos de la mente humana.

    Aquí expongo el porqué dije que lo de las preguntas me había llegado a confundir: porque después de preguntar cosas escenciales, terminé preguntando cosas como "¿el hombrecito era un espía?", "¿el cantinero había pactado hacer una cámara oculta?", "¿el lugar a donde entró el hombrecito, era de verdad una taberna?". Y he aquí uno de los más grandes errores de aquellos que se aventuran a conjeturar en casos policiales: irse por la tangente o comerse la banquina. Teniendo datos suficientes como para elaborar alguna teoría, lo que pretendemos es implicar variables desconocidas y que, si bien están sujetas a probabilidad, no están contempladas en la primera revisada de un problema o misterio.

    Y aquí llegamos. El postulado de la navaja de Ockham refiere: "De dos teorías que tengan la misma consecuencia, hay una mayor probabilidad de que la más simple (para el señor de Ockham la simplicidad podía medirse de acuerdo a la menor cantidad de entes añadidos a una teoría o la menor cantidad de axiomas en la misma) sea la correcta". Sé que el postulado ha sido cuestionado grandemente a lo largo de la historia, pero quiero que recordemos que el mismo Ockham no propuso esto como una máxima que debiera considerarse siempre, y sólo podía emplearse en casos puntuales y empíricamente demostrables. Sherlock Holmes lo dice de la siguiente manera: "La solución más simple es casi siempre la correcta". Como he dicho, "casi" es una palabra muy poderosa. Tenienda las evidencias que respalden dos teorías distintas, e incluso habiendo demostrado que ambas son igualmente válidas, casi siempre la más sencilla (semánticamente puede ser la más compleja, lo importante es que la idea general que postule sea simple y llana) tiene mayor probabilidad (no toda la probabilidad) de ser la correcta. Tenemos casos que verdaderamente demuestran que la navaja de Ockham es perfectamente falible: toda la teoría de la física cuántica, de la relatividad, la teoría M... son demostraciones de que no siempre es una máxima aplicable, de que puede no estar sujeta a la verdad.

    En el campo de lo penal, casi siempre es preferible contar con la mayor cantidad de evidencias para resolver misterios; pero evidencias no son entes postulados porque sí. Sabemos que siempre necesitaremos la mayor cantidad de evidencias posibles para desarrollar teorías que embonen con los hechos y pruebas que tenemos a disposición. Aún así, no siempre es recomendable sobrecargarse con evidencias, pues puede que la aglomeración nos impida disfrutar más de las pistas claves de un misterio. La música clásica y romántica, en contraposición a la barroca, genera aglomeración de sonidos; en cambio, Bach hace un alarde de simplicidad a la hora de escribir música, ya que cada voz puede distinguirse y apreciarse por sí sola (en la música del romanticismo sólo apreciamos un conjunto de notas musicales aglomeradas en acordes). Sin embargo, esa determinada cantidad de evidencias tiene que llevarnos a la creación de varias teorías que puedan embonar perfectamente en todas (saldríamos ya de la idea de pruebas ambiguas, ya que para la confección de dichas teorías se han usado el conjunto por entero de todas las pruebas a disposición). En este punto entraría la idea de lo "global", muy distinto a lo "aglomerado".

    Una vez desarrolladas esas teorías, podemos tratar de encontrar la más sencillas (que postule menor cantidad de variables en tanto deducciones o razonamientos que se salgan del campo primo del primer análisis). Supongamos lo siguiente:

    Pruebas y hechos (que son observados):

    1. La carpeta de clase de mi hijo está incompleta.
    2. Y en su cuaderno de comunicados hay una nota en la que su maestra advierte que el niño no ha estado asistiendo a clases con regularidad.


    Conocimientos:

    1. Yo sé que en los días que en la carpeta no se escribió nada mi hijo salió de casa.


    Deducción:

    1. Mi hijo no ha ido a clases.


    Así de sencillo deberíamos poder referirlo cuando encontramos al fin la incoherencia que andábamos buscando. En este caso la incoherencia sería la siguiente: el niño ha dicho que él va al colegio (por lo menos no ha dicho lo contrario), cosa que se contradice con los hechos y pruebas que estoy observando ahora mismo. Aplicando la máxima de que las personas mienten y las pruebas no, mi hijo ha estado mintiendo, y he ahí la incoherencia. Ahora bien, podemos encontrar varias explicaciones al fenómeno.

    Explicaciones o teorías:

    1. Mi hijo no ha ido a clases.
    2. Mi hijo no ha ido a clases porque se está drogando.
    3. Mi hijo no ha ido a clases porque está frecuentando lugares de perdición.
    4. Mi hijo no ha ido a clases porque se aburre debido a que tiene un alto coheficiente intelectual y se ha ido a la biblioteca pública en donde consulta cómics en conjunto con libros de astrofísica avanzada.


    aplicando a este caso en concreto la navaja de Ockham —con la que sólo comulgo en ciertas cosas, ya que descree y afeita muchos escritos de Platón— la primera proposición, por ser la que menos conjeturas o subhipótesis (incluso podríamos hablar de riesgos corridos), resulta ser la más correcta (no descartando las otras posibilidades, sin embargo). Las otras posibilidades siguen siendo eso, aunque con un muy bajo nivel... ya que no tenemos ninguna otra prueba o evidencia que las respalde. Si las indagaciones sobre el caso nos dan más evidencias, terminaremos, al fin, pudiendo elaborar una teoría mucho más compleja, sin despegarnos de la primera y fundamental, que luego nos darán pie a una última conclusión. Por ejemplo, suponer que entre las pertenencias de mi hijo se encuentra un vale de descuento en una sala de videojuegos los días martes y jueves. Podríamos cotejar esa fecha con los días que no se consignan en su carpeta escolar, y podríamos decir que, entre las muchas posibilidades que tiene mi hijo de hacerse la chupina, la que ha elegido ha sido jugar en una sala de videojuegos.

    El mismo postulado podemos utilizar en esta ocasión para nuestro razonamiento sobre el hipo. Havbiendo descartado otras evidencias o pruebas (eliminado variables) tenemos un determinado conjunto de hechos que nos deben servir para elaborar una deducción y una hipótesis de trabajo. Y, de nuevo con la proposición de la navaja, decimos que el "tenía hipo" resulta ser una respuesta tan buena como "estaban rodando una escena de una película de bajo presupuesto". Llegado el caso, podríamos preguntar si había alguna cámara tomando la escena, y al ser la respuesta no, no tendríamos mucho sustento para la segunda hipótesis (salvo que quisiéramos pensar que estaban ensayando, pero esto sí sería añadir conjeturas arriesgadas). La primera, por ser la más sencilla, y por no hallar respaldo en las evidencias la segunda, termina siendo, hasta que se demuestre lo contrario, la solución más correcta.

    Con todo, como siempre decimos, lo importante aquí es pensar (el blog va de eso). Lo demás es algo secundario. Me han gustado las repuestas que este problema ha traído, y creo que eso debe ser rescatado. Damos por concluido, pues, el problema del hombrecillo, el revólver y la cantina (creo que ya he variado mucho el título, ¿no?). Será hasta que las matemáticas vuelvan a convocarnos.

    ¡Matemática a la carga!


    Y a todos, mi más sincera enhorabuena.


    sábado, 9 de octubre de 2010

    El secreto de la creatividad está en dormir bien y abrir la mente a las posibilidades infinitas



    Los que frecuentan habitualmente este salón saben que esa frase es de Albert Einstein, físico alemán nacionalizado estadounidense, y que siempre me gusta repetirla (siendo justos, no hay forma de que vosotros sepáis que yo me la digo casi todo el tiempo). El señor Einstein lo supo y lo compartió con toda la humanidad en su momento, pero creo que se inspiró en otro reconocido científico, aunque mucho más anterior a él y de otra área.

    Estoy estudiando Bío-tecnología para diciembre, y es una materia en donde predomina casi por completo la química orgánica. El libro del que me estoy guiando, además, contiene muchas cosas sobre la historia de la química del carbono.

    El viernes, mientras estudiaba el venceno y los hidrocarburos aromáticos, me encontré con las teorías de Friedrich August Kekulé von Stradonitz. Me parecieron increíbles sus aportaciones a la química orgánica, las valencias de los átomos de carbono, el modo en que se encadenan los hidrocarburos, cómo se alternan los enlaces simples y dobles en los átomos de carbono del benceno (y por consiguiente de todos los hidrocarburos aromáticos), y, por sobre todas las cosas, el cómo todas estas teorías pudieron ser teóricamente demostrables a través del modelo atómico cuántico actual (que fue desarrollado casi setenta años después (con eso de las hibridaciones de orbitales, la formación de enlaces sigma y uniones moleculares pi). Pero (y aunque podría tocar estos temas, a riesgo de hacer la entrada más pesada de lo que pretendía) no voy a hablar de temas tan edificantes e interesantes. Antes bien quisiera centrarme en un discurso que Kekulé dio en mil ochoscientos noventa en el que habló mucho sobre su descubrimiento de la teoría de la estructura y el trabajo que hizo sobre el benceno y los hidrocarburos aromáticos.

    En dicha conferencia, Kekulé hace referencia a los métodos por los cuales obtuvo la inspiración necesaria para desarrollar sus teorías. Con respecto a esto he alcanzado a desarrollar dos escuelas de pensamiento. La primera enuncia que fue Kekulé uno de los que abrieron sus mentes a las posibilidades infinitas y durmieron demasiado bien. La segunda escuela afirma que al final Terri Prachett va a tener razón en su teoría de las partículas de la inspiración. Según Terri, el universo está surcado de formas muy variadas por partículas de inspiración, que de vez en cuando chocan contra la mente de alguien a quien se le ocurre una idea brillante. Generalmente hay mucho trabajo por detrás, pero el disparador suele ser tan simple como una manzana cayendo, una pava llena de agua hirviendo o el desborde de una bañera. Podríamos pensar, siguiendo esta línea de razonamiento, que Watson y Crique, los descubridores de la forma de la molécula del ADN, fueron invadidos por una ráfaga de partículas en el momento en que subían una escalera de caracol, y fue entonces cuando terminaron de encajar todas las piezas del rompecabezas. Si hubieran tomado el ascensor, quizás la ciencia genética hubiera tomado otros rumbos muy variados, ¿no? Por supuesto, existe una tercera teoría, cuyo enunciado indica que Kekulé pudo haberse sometido a soluciones de cocaína al siete por ciento, como cierto detective que anda por allí dando vueltas y al que siempre me gusta nombrar.

    Sea cual fuese la explicación, lo cierto es que Kekulé lo dijo en esa conferencia. ¿Y qué dijo en esa conferencia?...


    ... «En ella, Kekulé habló sobre la creación de su teoría. Dijo que había descubierto la forma del anillo de benceno después de tener una ensoñación sobre una serpiente que se mordía la cola (esto es un símbolo habitual en muchas culturas ancestrales, conocido como Ouroboros). Esta visión -comentó- le vino después de años de estudio sobre la naturaleza de los enlaces carbono - carbono. Es curioso que una descripción similar del benceno apareció en 1886 en el "Berichte der Durstigen Chemischen Gesellschaft" (Revista de la Sedienta Sociedad Química), una parodia de la "Berichte der Deutschen Chemischen Gesellschaft" (Revista de la Sociedad Química Alemana). La descripción aquí aparecida consistía en seis monos agarrados unos a otros formando una circunferencia, a modo de la serpiente de la anécdota de Kekulé.[2] Algunos historiadores sugieren que esa parodia era una sátira de la anécdota de la serpiente, posiblemente ya muy conocida por transmisión oral a pesar de no haber aparecido aún en papel impreso.[3] Otros han especulado sobre si la historia de Kekulé de 1890 fue una re - parodia sobre la de los monos, y no era más que una mera invención, más que una referencia real a un evento de su vida.

    El discurso de Kekulé de 1890[4] en el cual aparecían esas anécdotas, fue traducido al inglés[5] Si uno toma la anécdota como el recuerdo de un evento real, las circunstancias mencionadas en la historia sugieren que debió ocurrir a principios de 1862.[6] La otra anécdota que contó en 1890, sobre una visión de atómos y moléculas danzarinas que le condujo a su Teoría de la Estructura, ocurrió (dijo él) mientras estaba montado en la parte superior de un carro de tracción animal en Londres. Si esto es cierto, debió ocurrir en 1855».



    De acuerdo, mi libro recoge que Kekulé sólo mencionó a los monos en los árboles, nunca habló de la serpiente enroscada mordiéndose la cola, y le atribuye ambas ensoñaciones (la de los monos y la de los átomos de carbono danzarines) al científico alemán.

    ¿Adónde quiero llegar con esto?

    Es obvio que de aquí no obtendremos perlas de sabiduría magistral ni grandes conocimientos sobre química aplicada, claro está. Pero creo que me ha resultado curioso y quise ponerlo aquí para llegar con una de mis reflexiones. Sean ciertas las versiones de Kekulé sobre cómo descubrió la teoría de la estructura o sobre cómo dió con la clave del benceno, hayan sido verdaderas ensoñaciones, hayan sido una o dos las serpientes que se mordían, lo cierto es que Kekulé, ahí como lo ven, puede alzarse con el título de padre de la química orgánica moderna. Puede que Kekulé haya imaginado eso, puede que lo haya imaginado mientras echaba una cabeceadita (incluso una siestecita después de haber consumido alguna sustancia extraña), o puede ser que esas ensoñaciones hayan sido espontáneas y verdaderas ensoñaciones. Si es cierta la primera de estas teorías, podemos saber que Kekulé tenía una gran imaginación, y que si fue una forma de entenderlo mejor o de hacernos entender mejor lo que él ya entendía, era un gran pedagogo, la verdad. Sobre la segunda teoría... de acuerdo, si le di en su momento una licencia a Holmes, que encima es un personaje ficticio, ¿por qué no se la daría a Kekulé? Y si la tercera es cierta, podemos concluir en que estaba algo tocado.

    Pero hay un punto en que las tres teorías se tocan. Si tenía ensoñaciones con átomos, entonces podíamos aseverar que era un genio (como dijo Oscar Wilde, es posible que los genios estén locos, pero la cordura es un bajo precio para evitar caer en no ser genial). Si Kekulé lo imaginó por voluntad propia para intentar entender mejor, también era un genio, porque encontrar esos ejemplos aplicados a algo que de por sí es muy abstracto. Con todo, sabemos que a él le gustaba pensar, reflexionaba incluso en el viaje en carruaje, hizo su trabajo carne al punto de que podía ver átomos y moléculas de carbono danzando en frente de sus ojos.

    Es el signo sensible de que el secreto de la creatividad está en dormir bien y abrir la mente a las posibilidades infinitas. Es el signo sensible de que la imaginación suele ser mejor recurso que los conocimientos en los momentos más críticos. Y es el signo sensible de que pensar es el ejercicio más saludable que se pueda hacer. Gracias a estas tres cosas, su imaginación, su pensamiento y el abrir su mente a todas las posibilidades, Kekulé terminó resolviendo un misterio que nadie más era capaz de resolver y que, aún en nuestros días, sigue teniendo vigencia (aunque con algunas modificaciones).

    Si piden mi opinión personal, lo cierto es que creo que fue una verdadera ensoñación, y creo que esto no le quita ni le da más mérito, sólo le añade un toque verdaderamente fantástico a esta historia, sigue dejando a Kekulé como un genio y sigue demostrando que es necesario abrir la mente a las posibilidades infinitas.

    Los conocimientos teóricos de Kekulé eran más bien escasos para la época (no recuerdo si ya se había efectuado el concepto de núcleo atómico rodeado por nube de electrones o si seguía el modelo del pastel de pasas de J. J. Thompson) y fue su imaginación la que le dió la respuesta. Y su conocimiento, si bien empírico y poco aceptado en el principio, terminó convirtiéndose en el más aceptable hasta la fecha. No limitó sus capacidades, sino que demostró que podía abrir la mente y dedicarse a encontrar nuevos rincones en donde aparecían átomos y moléculas danzarinas.

    Este científico es la prueba fehaciente de que en ocasiones es necesario usar la imaginación y la mente para resolver un misterio como el del benceno. Es muy sencillo: "El secreto está en dormir bien y abrir la mente a las posibilidades infinitas".

    miércoles, 14 de abril de 2010

    Anécdota (ni yo recordaba que tenía esto)




    Anécdota

    Un homenaje al sutil humor británico y a Sir Arthur Conan Doyle. Porque siempre me pareció que Watson no gozaba de mucho humor y que Holmes, si bien era frío para muchas cosas, gozaba de un humor… bastante peculiar.

    He mencionado en alguna parte de estos anales que en dos ocasiones —en “El hidalgo de Reigate” y en “La aventura del pie del diablo”—el señor Holmes, quien me honró durante muchos años con su amistad, había sufrido por exceso de trabajo un antecedente de colapso nervioso. Su organismo estaba enteramente destruido. Esto se debió más a su obstinación y ferviente empeño en no tener una vida regular y tranquila, más que por cualquier otra causa. En síntesis, diré sencillamente que como única solución de estos pequeños problemas físicos de mi amigo, que tenían como consecuencia una posible pérdida de sus facultades, tuvimos que abandonar nuestras habitaciones en el viejo departamento de Baker Street, e ir a pasar un tiempo reponedor a la campiña inglesa. Como esas aventuras ya se han contado en los relatos que ya he mencionado, no los recordaré; aunque hubo, sino me falla la memoria, otra ocasión en la que nos vimos obligados, por una y otra causa, a abandonar no sólo Londres, sino también la misma Inglaterra.
    Nuestras andanzas de solteros nos llevaron en esta ocasión al país argentino, lugar en el cual he podido observar muchos comportamientos peculiares que discrepan un tanto con la refinada conducta inglesa. No obstante, nunca en mi estadía allí dejé de notar una cosa, como suele denominarse allí a lo que es impreciso, que me hizo pensar y sentir que esa tierra era en algunos aspectos especial y distinta a la tierra que se pisa del otro lado del charco. Pero son meros detalles carentes de importancia a lo que voy a narrar ahora.
    Habíamos ido sin ninguna referencia exacta y como tenía experiencia, fruto de la campaña en Afganistán, fui prevenido contra posibles desavenencias que podían darse por el hecho de que estábamos a punto de entrar en una tierra enteramente desconocida para mi amigo y para mí.
    De esta manera empaqué con migo las pertenencias necesarias para acampar de una manera cómoda y práctica, y así fue como llegamos a un bonito campo abierto; si no me vuelve a fallar la memoria, recuerdo que se trataba de la Villa de Carlos Paz, en la provincia de Córdoba de la Nueva Andalucía. El lugar en sí mismo no importa mucho, pero este acontecimiento servirá perfectamente para detallar las dotes deductivas de mi amigo, y mi propia estupidez.
    Nos hallábamos pasando la noche bajo las estrellas, en un bello prado cercano al río, cuando después de la cena y de una buena botella de vino nos propusimos dormir. Entramos dentro de la carpa y nos recostamos cada uno en nuestros respectivos sacos de dormir. No tardé en conciliar el sueño, aunque no tengo idea de cuanto habrá tardado mi amigo en cerrar los ojos. Tengo la certeza, no obstante, de que por lo menos durmió un par de horas aquella noche. Esto lo sé porque cerca de las tres de la mañana, el señor Sherlock Holmes me codeó y urgió para que me despertara. Medio apabullado por la modorra me di vuelta en mi precario lecho y ví aquellos ojos grises y penetrantes, mirándome fijamente, aunque también noté muy en el fondo de aquellos mismos ojos escrutadores un dejo de sueño y fatiga.
    —Watson —me dijo—, ¿está usted dispuesto a mirar arriba y decirme lo que ve?
    Ante esta inquisición me ví más apabullado que antes; y, como conocía de sobra el accionar de mi amigo, que consistía en hacer cosas que para mí o para cualquier otra persona no tenían ningún significado, pero que para él siempre tenían un porqué, no dudé un solo instante en responder a su pedido.
    —Claro es que no tengo ningún problema en mirar hacia arriba —contesté.
    —Entonces —prosiguió—, ¿por qué no lo hace de inmediato?
    Entonces me senté en mi bolsa de dormir y levanté la vista hacia el cielo nocturno. Estaba plagado de estrellas.
    —¿Qué ve? —preguntó.
    —Veo las estrellas —contesté, un tanto asombrado de lo trivial del asunto.
    —Y entonces… ¿qué deduce usted de ello, mi querido Watson? —Volvió a inquirir.
    Con un asombro mayor, no dudé en responder, pero a la vez pasó por mi cabeza la idea de tratar de impresionar a mi amigo con mis propias cualidades, como lo hice al analizar cierto bastón de cierto doctor que cierta vez fue a buscar el consejo de mi amigo, en cierto episodio que ha quedado registrado con el nombre de “El sabueso de los Basquerville”.
    —Bueno —comencé—, deduzco, analizando el hecho desde un punto de vista astronómico, que hay infinidades de galaxias y millares de estrellas, y, a su vez, que hay billones de planetas de distinta composición y en los cuales pueden desarrollarse infinidad de acontecimientos extraños y que escapan a nuestra razón. Desde un punto de vista teológico, deduzco que la fuerza y el poder de Dios son tan enormes que es capaz de crear esto y de darnos la posibilidad de que dos criaturas, fruto también de su creación, puedan contemplarla y a su vez sentirse pequeños y minúsculos ante su bondad y extremo amor. Desde un punto de vista meteorológico, deduzco que mañana tendremos un clima perfecto, un día despejado y límpido. Desde un punto de vista cronológico, deduzco que deben de ser aproximadamente las tres y quince de la madrugada. Y desde un punto de vista astrológico, deduzco que, por la incandescencia de Júpiter y de Marte, hay una conjunción con sagitario y Escorpio —concluí, sintiendo muy dentro de mí un profundo sentimiento de autosatisfacción y suficiencia. Creyendo que había impactado a mi amigo, pregunté—: ¿Y usted, querido Holmes, qué deduce?
    A esta pregunta siguió un largo silencio, que fue interrumpido por la respuesta de mi compañero.
    —Deduzco, mi querido Watson, que se le ha borrado de la cabeza un antiguo y lejano axioma, el que decía que las circunstancias más extraordinarias son las que más comúnmente tienen la explicación más sencilla, como en el caso de “El hombre del labio retorcido”.
    —¿Y por qué deduce usted eso? —pregunté, asombrado de ese comentario tan ofensivo.
    —Deduzco eso —respondió— porque veo, Watson, que se ha esforzado por sobre manera de deducir grandes cosas, y se ha olvidado de deducir la más sencilla y esencial; la cual, por cierto, yo sí logré deducir.
    Y un poco contrariado y acalorado, le pregunté:
    —¿Y cuál es esa deducción tan sencilla y brillante que ha logrado conseguir y que a mí se me pasó por alto?
    —La más sencilla, mi querido doctor —repuso al tiempo que soltaba una estridente carcajada—. Nos han… HM… ¿cuál es la expresión que usan los nativos de esta tierra? Ah, sí: nos han “afanado” (1) la carpa.



    Fin.




    Sir Nícolas Vásquez de Aragón.


    (1): Expresión lunfarda que expresa la acción de robar o hurtar. Usada generalmente en Argentina. Ejemplo: “Nos han robado la carpa”. “Nos han afanado la carpa".


    Esto es, si las definiciones no me engañan, una especie de cuento (aunque también entraría en la no-categoría de Fanfiction). Por el momento yo me contento con decirle "mi cuento en el que aparecen Watson y Holmes haciendo una especie de comedia".
    Como dice el título, hace un montón de tiempo que lo tenía guardado, y llegué a olvidarme de qué trataba. Por la forma de redacción y la nula puntuación con la que lo encontré, me arriesgaría a decir que se alza con el título de una de mis primeras obritas. Cuando lo leía, lo recordé absolutamente todo. Creo que lo debí hacer en febrero del dosmil nueve, tras haber leído un chiste brevísimo en mi libro de Lengua de tercero. En él sólo salía la parte graciosa, y me dije "aumentaría la gracia del asunto, si el lector se enfrentara a la perspectiva de una aventura convencional de Sherlock Holmes". Así fue como nació la idea y luego lo puse en papel.
    La parte de humor, como algunos ya podrán apreciar, por tanto, no es mérito mío, con lo que debo hacer esa aclaración para evitar ser demandado. Como siempre que trabajo con Sherlock, también he de deciro que hace más de cincuenta años de la muerte de Doyle, y que, por tanto, puedo usar estos personajes sin ningún beneficio más que la satisfacción de escribir y de divertirme un rato.

    Pero en serio, no sabéis la cantidad de horrores que tenía. He tratado de respetar la idea original, pero he tenido que suprimir ciertas expresiones mal construidas, arreglar muchas oraciones y modificar muchas otras cosas. Con la práctica se aprende, ¿no?

    Como siempre, se esperan sugerencias y queda abierto el espacio para cualquiera de vuestras opiniones. Y sí, lo sé, es un cuento más raro que el otro (sobre todo tomando en cuenta el anterior cuento que publiqué por aquí), pero bueno... a veces es bueno ponerle algo de humor a la vida.

    ¡Elen síla lumenn omentielmpo!

    domingo, 21 de febrero de 2010

    Todo estaba bien...



    Hay momentos de la vida en que nos sentimos inundados de una paz sobrecogedora y extraña, como una sensación de tremendo alivio después de muchos nervios o de muchas expectativas. Es en esos momentos cuando sientes que el equilibrio se ha conseguido, cuando estás notando que hay un principio que hace que todo esté en perfecta armonía y estabilidad cósmica, por decirlo de alguna forma. Mil brazos de fuego se apagan y sólo hay una brisa reconfortante y fresca que alivia el impetuoso espíritu. Caes en un manto profundo, en un colchón de inmensa paz que es infinito e insondable. No sabes ni describir qué es lo que ocurre, pero, a pesar de ello, te encanta sentirlo y deleitarte con el profundo sentimiento de paz que invade.
    No es una entrada meditada ni convencional, me he puesto a escribir lo que me está saliendo de una mezcla de un enorme alivio y de la canción que antes he puesto. Obviamente, no voy a convertir este modo de escritura en la nueva forma de hacer entradas, pero me pareció correcto cambiar, al menos por esta vez, el estilo que hemos llevado hasta el momento en el salón del estudio.
    El sentimiento de alivio se ha producido por terminar los exámenes, por haber pasado al quinto año de la secundaria, por estar aquí, ahora.
    Hace muy pocos días he cerrado un ciclo en mi vida, y ahora tomo conciencia de que el tiempo pasa demasiado rápidamente y de que el ciclo sin fin continúa sin ningún descanso. Hace pocos días me he percatado de que, si ahora he cerrado un ciclo, estoy a muy poco tiempo de cerrar otro mucho más importante. No había caído en la cuenta de que he recorrido el camino de un modo tan rápido hasta este momento. Sí, he disfrutado y he pasado grandes momentos a través de este camino, pero también sé que he tenido que sortear muchas dificultades, hacerme un huequito para poder pasar, esquivar muchos obstáculos y jamás dejar de andar el inmenso y basto camino. Comparando hechos que han marcado muy profundamente mi vida, he tomado conciencia de que ya mucho he andado desde esos entonces. En esos tiempos, jamás me hubiera imaginado estar aquí, tal y como estoy ahora. Parecía todo tan lejano y distinto, todo tan difícil e imposible, que ahora me sorprendo a mí mismo en estas circunstancias. De aquí obtengo muchas cosas para hablar y para decir. Ciertamente, en un post de este blog no lograría plasmar todo lo que he hecho y logrado durante este camino, ni todo lo que he aprendido y ganado. Sí puedo decir algunas cuantas cosas.
    Al transitar y recorrer un camino que no ha sido del todo grato, como todos los caminos, he aprendido mucho sobre la vida y sobre mí mismo. He aprendido que soy capaz de lograr más cosas de las que he imaginado conseguir en algún momento de mi vida. He aprendido que lo que cuenta es mirar con los ojos del corazón y del alma, que son los que tienen la verdadera razón. He aprendido que el mayor de los tesoros está siempre en el corazón. He aprendido a escuchar y a aprender de otras experiencias, de otras personas y de otras vidas. He aprendido a reírme de mí mismo y de las cosas que me ocurren, cosa que antes era incapaz de hacer. He aprendido y madurado mucho en todo este tiempo, y la verdad es que me sorprende creerlo.
    He encontrado a gente que vale la pena, a amigos que están allí siempre que los he necesitado. A personas que no me han abandonado nunca, aún en los peores momentos que pasé; a gente a la que le importo y con la que he aprendido mucho. Personas que me han dejado un poquito de su corazón y a las que he entregado también un pedacito del mío. He visto cómo otras personas no me abandonaban nunca y siempre estuvieron allí, siempre para darme ánimos en los peores momentos. He visto cómo otras personas me han escuchado y sabido comprender, evitando que me cayera.
    He comenzado a comprender que el tiempo sigue corriendo aunque un reloj o un calendario no lo marquen, he comenzado a entender que el camino es infinito y que a la vuelta de la esquina hay una nueva aventura, he comenzado a ver que nunca se sabe de lo que uno es capaz. Tal como Sam le dice a Frodo cuando están en la casa de Elrond: “En esta casa hay muchas vueltas y recovecos. Uno puede perderse por aquí, si usted me entiende. Y a la vuelta de cada corredor hay una nueva sorpresa”. He comprendido que Bilbo tenía razón, y que el camino lleva a muchas partes y a muchos lugares en esta vida, y que si no estoy atento puedo llegar a parar al bosque negro. He aprendido, tal como dice Bilbo, que detrás de la esquina del camino hay una nueva aventura por delante.
    He comprendido que los sueños, cuando de verdad se quieren con mucha intensidad, se pueden alcanzar y lograr. He comprendido que, no importa las piedras y los palos en el camino, ni los semáforos o los peajes, lo que importa es estar dispuesto a sortear todo eso para llegar al lugar al que tenemos que llegar.
    He comprendido que en este mundo hay lugar aún para los cuentos de Hadas, para los Dragones, para los castillos encantados, los Elfos del bosque, los Duendes y Enanos, para las antiguas fórmulas mágicas que incluyen patas de araña. He aprendido que hay lugar para los sueños, y he buscado un refugio en el mundo fantástico para cuando necesito salir de la realidad y recordar todo esto. He descubierto que en la ficción (cualquier clase de ficción) se esconden más secretos de lo que parece a primera vista, y que siempre es un buen lugar para meterse y pensar sin ser interrumpido. Es como mi pequeña Sala del fuego particular.
    Me he visto envuelto en circunstancias que jamás habría creído posibles (luchar contra una Ogresa de Musicografía Braille y tratar de hacerle frente a una tremenda Vampireza de Ecología) y me ha gustado estar inmerso aquí.
    He aprendido y ganado muchos de mis propios errores, porque he tratado de rebuscar algo útil en todos ellos. He aprendido a ser un gran revolucionario de mayo y a no callarme ante las injusticias (y así mismo he aprendido cómo lograr desquiciar a medio colegio primario).
    Veo mi vida pasada y la presente bajo una luz distinta desde hace ya algunos años, y trato de encontrarle un sentido más allá de las cosas que puedan aparecer a primera vista.
    En suma, y para ir redondeando el post que, nuevamente, se ha alargado más de lo que yo esperaba, creo que he aprendido, logrado, ganado, reído, disfrutado, vivido y hecho muchas más cosas de las que me creía capaz en un principio.
    Y he cerrado un ciclo. Y estoy en un periodo de transición muy importante (sí, como los anfibios). Y estoy en ese estadio de paz y libertad que ayuda a reponer energías y tomar fuerzas para un nuevo periodo. Y sí, pienso descansar todo lo que pueda antes de volver a comenzar. Y sí, he de comenzar otra vez a andar el camino. El ciclo, aunque yo lo sienta así, aún no termina del todo, es sólo un intervalo. Y pienso continuar el camino siempre con la frente arriba, con la mirada puesta en el futuro, con personas que me darán su apoyo y a las cuales trataré de apoyar, con mucha esperanza por delante. Y es que, como nos dice Bilbo, el camino sigue y sigue, no tiene un límite claro ni definido. El camino no es finito. Siempre seguimos hacia delante, y nunca hay que rendirse. Y el camino continúa, damas y caballeros. Sigue adelante y no se detiene.
    El tiempo sigue corriendo, aunque no haya reloj ni calendario.
    Y como el tiempo sigue corriendo, hay que seguir aprovechándolo al máximo.
    Y el tiempo sigue corriendo, continuando el infinito minutero que no se ve ni se oye. Sólo se siente: sólo se siente en lo más profundo de la vida, en cada latido del corazón, en el pasar de una planta.
    Pero antes de seguir el camino, antes de proseguir hacia delante, acompañado de buenos amigos y con un verdadero deseo de no parar, antes de que el tiempo siga corriendo, quiero descansar y disfrutar de este estado de paz que invade cada rincón de la habitación en donde estoy. Quiero disfrutar de unas breves vacaciones para reponer fuerzas (se podría decir que recién ahora comienza mi año nuevo XD) y luego volver a andar. Quiero disfrutar de tres palabras: “Todo estaba bien”. “Todo está bien”. Encierran un profundo significado, aunque no lo aparente a primera vista. Están llenas de una gran profundidad en lo más hondo de su significado. Como dice mi querido Conan Doyle: “He aprendido, a lo largo de mi carrera, que en las cosas más triviales y sencillas se esconden las grandes respuestas”.

    ¡Elen sila lumenn omentielmpo!


    [Nota: Sí, el post me ha quedado bastante extraño. Luego una entrada un poco más convencional en donde ponga algunas anotaciones de interés para el salón en general. Desde ya les adelanto que el salón se vestirá de fiesta muy pronto, a causa de un acontecimiento extraordinario. Más noticias en el post informativo.]