viernes, 12 de noviembre de 2010

¿Era necesario?



Lo sé, con ese título se podría hablar de muchas cosas. Y tomando en cuenta que el salón siempre se ha caracterizado por hacer críticas extensas y bastantes serias sobre cuestiones agudas, quizás a muchos les haya dado la impresión de que tomo la pluma para atacar algún acontecimiento patético e hilarante de mi vida (o tal vez una crítica social en contra de alguna injusticia particular).

No. Hoy vengo a quejarme de algo mucho más absurdo de lo que me he quejado nunca en la historia de este blog y de mi vida.

Por aquí existen ciertas golosinas que no sé si existirán en algún otro lugar del mundo (a los amigos del salón, que van siendo más intercontinentales que compatriotas, es su deber notificar de este particular). En concreto, hay una golosina que se define como:

Dícese de un cilindro o tubito de plástico muy delgado y alargado que contiene en su interior un polvo dulce de diversos colores (azúcar coloreada, vamos). El consumidor debe abrir el precario envase por uno de los extremos del tubito, ponerlo en posición vertical y abrir la boca mientras cae el dulce néctar...

... mi pregunta. ¿Era necesario?

¿Era necesario crear una golosina tan rematadamente incómoda y tan dolorosamente insípida? Porque si abres el tuito de poliuretano con los dientes, generalmente termina acumulándose cierta humedad, y luego esa humedad impide que el polvo salga por la abertura... el polvo se humedece y se compacta (como la pólvora), y al final tienes que abrir el lado opuesto. Por lo tanto, necesitas disponer de una tijera, un cortaplumas o algo cortante que no deje ninguna humedad en la abertura del cilindro. Y por sobre todas las cosas, después de abrirlo y al consumirlo, debes tener cuidado de que esa punta abierta no roce ni un milímetro tu lengua, porque entonces se humedece y volvemos al caso de la pólvora.

Por eso pregunto: "¿Era verdaderamente necesario crear esto?".

Entrada corta. Síntoma de que de verdad esta situación me hace reír y me ssorprende a partes iguales.

P.S. Quisiera saber a quién se le ocurrió la "fantástica" idea. Le enviaría flores.

P.P.S. No, en serio, no es sarcasmo. Miren que me dio tema para una entrada.

3 comentarios:

Key dijo...

Ufff cómo los odiaba. Ya no los compro, pero hace tiempo me trincaba uno de esos de vez en cuando; y es que el pica-pica es lo que tiene: en dosis ridículamente pequeñas está bueno, pero en cuanto te pasas un poco se crea una pasta repugnante que no hay quien se trague. Y sí, los tubitos siempre se taponan, no hay manera de evitarlo.

Nicolás dijo...

Me siento completamente acompañado en mi peregrinación. Sé que no estoy solo. Muchas gracias. De verdad, muchas gracias. Continúen sin mí, yo ya he peleado lo que me tocaba pelear.

Es cierto, parece un caramello a medio desarmar, muy terroso y que te lastima la lengua.

Reitero, ¿alguien sabe qquién los inventó? Es para mandarle flores :D

Los Fantasmas del Paraíso dijo...

A mí el pica pica me encantaba! Eso sí, en otro recipiente, porque es cierto que en los palitos esos era horrible, porque se taponaban muchísimo.